Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие документальные фильмы » El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia
El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia

Электронная книга - «El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia». Краткое содержание книги:

Durante más de cuarenta años, Richard Kuklinski, «el Hombre de Hielo», vivió una doble vida que superó con creces lo que se puede ver en Los Soprano. Aunque se había convertido en uno de los asesinos profesionales más temibles de la historia de los Estados Unidos, no dejaba de invitar a sus vecinos a alegres barbacoas en un barrio residencial de Nueva Jersey. Richard Kuklinski participó, bajo las órdenes de Sammy Gravano, «el Toro», en la ejecución de Paul Castellano en el restaurante Sparks. John Gotti lo contrató para que matara a un vecino suyo que había atropellado a su hijo accidentalmente. También desempeñó un papel activo en la muerte de Jimmy Hoffa. Kuklinski cobraba un suplemento cuando le encargaban que hiciera sufrir a sus víctimas. Realizaba este sádico trabajo con dedicación y con fría eficiencia, sin dejar descontentos a sus clientes jamás. Según sus propios cálculos, mató a más de doscientas personas, y se enorgullecía de su astucia y de la variedad y contundencia de las técnicas que empleaba. Además, Kuklinski viajó para matar por los Estados Unidos y en otras partes del mundo, como Europa y América del Sur. Mientras tanto, se casó y tuvo tres hijos, a los que envió a una escuela católica. Su hija padecía una enfermedad por la que tenía que estar ingresada con frecuencia en hospitales infantiles, donde el padre se ganó una buena reputación por su dedicación como padre y por el cariño y las atenciones que prestaba a los demás niños… Su familia no sospechó nada jamás. Desde prisión, Kuklinski accedió conceder una serie de entrevistas.
1 ... 76 77 78 79 80 81 82 83 84 ... 132
Перейти на страницу:

Después de pasar varios días en casa de Al, cenando todas las noches en los mejores restaurantes, en los que Richard dejaba los billetes de cien dólares como si fueran servilletas de papel usadas, la familia fue a Disney World, y los chicos lo pasaron en grande. Allí era más bien como un niño grande. Era como si estuviera recuperando la infancia que no había tenido. Se montaba en todas las atracciones, con una sonrisa más grande que las de los propios niños. La familia pasó seis días en Disney World, y se volvieron después a Nueva Jersey, alojándose en hoteles por el camino. Fueron unas buenas vacaciones. Richard no había tenido ni un solo ataque de mal humor. Todos lo habían pasado de maravilla. Pero, a pesar de todo, daba gusto estar otra vez en casa. Hogar, dulce hogar.

El día siguiente era domingo y la familia fue a la iglesia. Barbara lo exigía. Richard ejercía de sacristán en la iglesia, ayudando a hacer la colecta. No creía en absoluto en la Iglesia católica ni en sus enseñanzas. Si iba y hacía de sacristán era para dar gusto a Barbara. Según explicó hace poco: La Iglesia estaba llena de mierda. Un puñado de hijos de perra mentirosos, avariciosos, hipócritas. Yo me encontraba a sacerdotes que conocía en los espectáculos eróticos de la Quinta Avenida, en las tiendas donde vendía yo la pornografía.

Cuando el verano iba tocando a su fin y se acercaba el otoño, Richard empezó a frecuentar más a Robert Pronge. Le fascinaban aquellos métodos únicos que había inventado, desarrollado y perfeccionado Pronge para matar personas. Pero cuanto más conocía Richard a Pronge, más creía que era un cabrón retorcido, como dice él. Algo debía de tener para que él mismo lo llamara así.

Pronge tenía que hacer un trabajo en Queens. Utilizó su furgoneta de helados de Mister Softee para observar la casa de la víctima. Richard, interesado, fue con él a ver aquello. Pronge se detuvo delante mismo de la casa de la víctima, e incluso llegó a vender helados a sus hijos. Aquella misma noche, Pronge (todavía acompañado de Richard) volvió a la casa de la víctima, abrió su coche con una llave maestra que tenía y puso una granada de fragmentación bajo el asiento del conductor.

A la mañana siguiente, desde el coche de Pronge esta vez, Pronge y Richard vieron que la víctima subía a su coche y se ponía en camino. Lo siguieron. Pronge llevaba en la mano el mando a distancia. Tuvo muchas oportunidades adecuadas para activarlo, pero esperaba. Estaba claro que disfrutaba jugando con la vida de la víctima, cosa que inquietaba a Richard. Parecía que le gustaba demasiado controlar cuándo y cómo moría el hombre. Richard le repetía que lo hiciera de una vez; él ño pretendía más que ver cómo funcionaba la granada y acabar con aquel asunto; pero Pronge seguía alargándolo, como si aquello fuera un buen acto sexual que debía durar lo más posible. Richard empezó a dudar de la cordura de Pronge.

Por fin, después de seguir a la víctima de un lado a otro durante dos horas, Pronge activó la granada de mano, y vaya si funcionó. No solo malo a la víctima, sino que le voló la mitad inferior del cuerpo. Richard se quedó impresionado. Compró a Pronge cuatro granadas con mando a distancia.

La Policía no tenía la menor idea de quién había puesto la bomba a aquel hombre ni por qué. Naturalmente, Pronge no tenía ninguna relación con la víctima.

Richard, a su vez, invitó a Pronge a que lo acompañara a hacer un trabajo. Juntos secuestraron a la víctima en un aparcamiento utilizando el rifle de dardos tranquilizantes de Richard. En aquella ocasión se había encargado que la víctima sufriera, que fuera torturada, y Richard se llevó al hombre a las cuevas del condado de Bucks, y Pronge vio cómo preparaba Richard a la víctima para las ratas, cómo montaba la cámara, las luces, el sensor de movimiento.

A Pronge aquello le parecía estupendo, la idea más genial desde la invención de la rueda.

– ¡Excelente, joder! -exclamaba.

Cuando Pronge y Richard regresaron al día siguiente, Pronge puso unos ojos como platos, y no dejaba de alabar la «idea genial» de Richard, como la llamaba éclass="underline" las ratas se habían comido vivo al hombre, y Richard lo había grabado en cinta. Pronge vio la cinta con admiración, sin dejar de felicitar a Richard por su gran idea.

En otro encargo de Pronge, la víctima no salía nunca de su apartamento. Pronge preguntó a Richard qué haría él en su lugar. Richard le sugirió que llamara a la puerta del hombre y le pegara un tiro con una 357 cuando lo viera acercarse por la mirilla. Pronge lo probó, y funcionó como un reloj.

Era una de las pocas veces en la vida de Richard que este tenía un amigo, aparte de Phil Solimene, un amigo con quien tenía muchas cosas en común. Pero esto no había de durar.

Chris, la hija de Richard, tenía problemas. Después de ver los arrebatos de mal genio de su padre y sus episodios de violencia repentina contra Barbara y contra las cosas de la casa, Chris había perdido una parte de su individualidad, de su identidad; y para recuperarla, para volver a sentirse íntegra, para sentirse persona entera que tiene su propia vida en sus manos, dejaba que los chicos se aprovecharan de ella. Según dice ella, la verdad es que ella se servía de ellos. Había llegado a pensar que si hacía lo que quería de esa manera, de manera amorosa, estaba reafirmando su individualidad, estaba tomando las riendas de su vida, controlando su destino. Se hizo muy popular en el instituto, la eligieron chica más popular de la clase dos años seguidos, y todo porque tenía relaciones con casi todos los chicos del instituto, según explicó ella hace poco, divertida por aquellos recuerdos, que ahora le hacen reír.

Es interesante observar que la que daba más impresión de hacer cosas así era Merrick, y no Chris. Merrick se ponía ropa estrambótica. Merrick tenía amigos que no gustaban a su madre ni a su padre. Merrick tenía un carácter muy entregado, era muy partidaria de la paz y del amor. Pero Merrick era mojigata en lo que respectaba al sexo. Ni siquiera dejaba que los chicos la tocaran. Para Chris, aquello se había convertido en un juego peligroso que jugaba consigo misma. Consentía que los chicos vinieran a casa e «hicieran cosas» con ella en su dormitorio de la planta baja, ¡mientras Richard estaba en la casa!

Si Richard se hubiera enterado de lo que hacía Chris, se habría vuelto completamente loco. Era muy conservador para las cosas del sexo, y eso a pesar de que ya lo consideraban el rey del porno en Nueva York, y si hubiera sabido que su hija estaba teniendo relaciones allí mismo, en la casa, habría estallado.

Chris no disfrutaba con ninguno de aquellos amoríos. Si hacía aquellas cosas eras solo por desquitarse de su padre de la única manera que sabía ella: con su cuerpo. Con el paso del tiempo, cuando Chris empezó a salir con chicos que tenían coche, llegó a tener relaciones en coches y en furgonetas aparcadas delante mismo de la casa.

Naturalmente, Richard no se daba cuenta de lo que pasaba, porque no habría sospechado ni en un millón de años que su hija Chris, tan buenecita, estaba cometiendo aquel flagrante delito junto a la casa, o incluso dentro de ella. Paradójicamente, Richard pensaba que Merrick quizá estuviera haciendo tonterías y llegó a seguirla, acudía a las fiestas y a los bailes adonde iba ella.

Según contó recientemente Merrick: Mi padre aparecía de repente. Yo estaba en una fiesta, ¿sabe?, y me lo encontraba allí de pronto, mirándome. Se escondía detrás de los árboles y de los arbustos para vigilarme. Yo solo lo veía cuando él se dejaba ver. Tenía una… una capacidad sorprendente para camuflarse, para que no lo vieran si él no quería. Era como un fantasma. Yo no hacía nunca nada que no debiera, porque no sabía nunca dónde estaba mi padre.

1 ... 76 77 78 79 80 81 82 83 84 ... 132
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)