Marte verde [Green Mars - es]
- Автор: Робинсон Ким Стэнли
- Серия: Marte (es) #2
- Год: 1998
- Язык: испанский
- Год: Minotauro
- ISBN: 84-450-7225-0
- Переводчик: Ana Quijada
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «Marte verde [Green Mars - es]». Краткое содержание книги:
Tengo la impresión que Kim Stanley Robinson fue uno de los primeros colonos en Marte, y que ha regresado para contarnos la historia en esta brillante nueva novela.
—No creo que estén tan bien organizados —opinó Art.
—Cállese —le dijo Maya.
—Bien, de acuerdo, pero miren, ahora que saben de ustedes ya no tendrán que ocultarse tanto, ¿no es cierto?
—De vuelta al trabajo —murmuró Coyote.
Todo ese día avanzaron juntos hacia el sur, ya que el polvo levantado por la tormenta katabática bastaba para ocultarlos de las cámaras satélite. La tensión era alta: Maya seguía dominada por la furia y era imposible hablar con ella. Michel la manejaba como si fuera una bomba que en cualquier momento podía explotar, tratando continuamente de que se concentrase en las cuestiones prácticas y olvidase esa terrible noche. Pero con Sax tendido en un sofá en la sala de estar, inconsciente y con todos aquellos hematomas que le daban aspecto de mapache, no sería fácil olvidar. Nirgal pasó horas sentado junto a Sax, con una mano apoyada en las costillas o la frente del hombre. Aparte de eso, no podía hacer nada. Aun sin los ojos amoratados no se habría parecido al Sax Russell que Nirgal había conocido de niño. Ver las señales evidentes del abuso físico le provocaba un sobresalto visceral, era la prueba de que tenían enemigos mortales en el mundo. Nirgal había meditado mucho en ese tema en los últimos años, y el aspecto de Sax le desagradaba y deprimía: no era sólo el hecho de que tuviesen enemigos, sino que hubiese personas capaces de hacer cosas como aquélla, que las habían hecho a lo largo de toda la historia, tal como se narraba en lo que hasta ahora le habían parecido cuentos increíbles. Eran reales después de todo. Y Sax era uno más entre los millones de víctimas.
La cabeza de Sax se bamboleaba.
—Voy a ponerle una inyección de pandorfo —dijo Michel—. A él y luego a mí.
—Le pasa algo en los pulmones —dijo Nirgal.
—¿Tú crees? —Michel aplicó la oreja contra el pecho de Sax, escuchó un rato, siseó—. Están llenos de líquido, tienes razón.
—¿Qué le estaban haciendo? —le preguntó Nirgal a Spencer.
—Hablaban con él después de dormirlo. Verás, han localizado varios centros de la memoria en el hipocampo, y con drogas y estimulación con ultrasonidos cada minuto, y resonancias magnéticas aceleradas para controlar lo que hacen… Bien, la gente sencillamente contesta cualquier pregunta que le hagan, a menudo con gran lujo de detalles. Le estaban haciendo eso a Sax cuando se levantó el viento y se quedaron sin electricidad. El generador de emergencia saltó de inmediato, pero… — Señaló con un ademán a Sax.— Fue entonces, o cuando lo desconectamos del aparato…
Por eso Maya había matado a Phyllis. El fin de un colaboracionista. Asesinato entre los Primeros Cien.
Bueno, se dijo Kasei en el otro coche, no sería la primera vez. Había quienes pensaban que Maya había preparado el asesinato de John Boone, y según había oído Nirgal otros sospechaban que la desaparición cíe Frank Chalmers también había sido obra suya. La Viuda Negra la llamaban. Nirgal había rechazado esas historias como rumores maliciosos propagados por gente que obviamente odiaba a Maya, como Jackie. Pero en verdad, en ese momento Maya parecía venenosamente peligrosa, mirando con furia la radio, como considerando la idea de romper el silencio y enviar un mensaje al sur: el pelo blanco, la nariz de halcón, la boca como una herida… A Nirgal lo ponía nervioso estar en el mismo coche que ella, aunque luchaba contra esa sensación. Al fin y al cabo, ella había sido una de las profesoras más importantes para Nirgaclass="underline" había pasado horas y horas absorbiendo su impaciente instrucción en matemáticas, historia y ruso, y había acabado por comprender mejor a Maya que a las asignaturas. Sabía muy bien que Maya no quería ser una asesina, que bajo sus estados de ánimo, a la vez intrépidos y desolados (a la vez maníacos y depresivos), se debatía un alma solitaria, orgullosa y ávida. Por tanto, y a pesar del aparente éxito, todo el asunto había sido desastroso en otro sentido.
Maya se mostraba inflexible: tenían que bajar inmediatamente a la región polar meridional para explicar a la resistencia lo que había ocurrido.
—No es tan fácil —dijo Coyote—. Saben que estuvimos en Kasei Vallis, y puesto que tuvieron tiempo de hacer hablar a Sax, probablemente saben que trataremos de regresar al sur. Ellos pueden mirar un mapa igual que nosotros, y ver que el ecuador está bloqueado en su mayor parte, desde el oeste de Tharsis hasta la zona al este del caos.
—Hay un paso entre Pavonis y Noctis —dijo Maya.
—Sí, pero lo atraviesan varias pistas y tuberías, y dos vueltas del cable del ascensor. He construido túneles por debajo de todo eso, pero si buscan es posible que encuentren algunos o que vean nuestros coches.
—¿Entonces qué propones?
—Creo que lo mejor será que rodeemos Tharsis y el Monte Olimpo por el norte, y luego Amazonis, y que crucemos el ecuador allí.
Maya negó con la cabeza.
—Tenemos que llegar al sur deprisa, para ponerlos al corriente de todo lo que esos villanos han descubierto.
Coyote reflexionó.
—Podemos dividirnos —dijo—. Tengo un pequeño ultraligero en un escondrijo al pie del Mirador de Echus. Kasei puede llevarlos allá y volar hasta el sur con ustedes. Nosotros seguiremos por Amazonis.
—¿Qué hay de Sax?
—Lo llevaremos directamente al hospital bogdanovista de Tharsis Tholus. Sólo está a dos noches de marcha.
Maya discutió el asunto con Michel y Kasei, sin mirar ni una sola vez a Spencer. Los dos estaban de acuerdo, y al fin ella cedió.
—De acuerdo. Salimos para el sur. Vengan tan pronto como puedan.
Viajaron de noche y durmieron de día, a la vieja usanza, y en dos noches cubrieron la distancia entre Echus Chasma y Tharsis Tholus, un cono volcánico en el borde septentrional de la protuberancia de Tharsis.
Había allí una ciudad tienda tipo Nicosia llamada Tharsis Tholus, situada en el flanco oscuro de su homónimo. La ciudad formaba parte del demimonde: la mayoría de sus ciudadanos llevaban una vida corriente en la red de superficie, pero muchos eran bogdanovistas y ayudaban a mantener los refugios bogdanovistas de la zona, así como los refugios rojos en Mareotis y el Gran Acantilado. Y también ayudaban a los que habían abandonado la red o habían nacido fuera de ella. El hospital más importante de la ciudad era bogdanovista, y atendía a buena parte de la resistencia.
Condujeron directamente hacia la tienda, se enchufaron al garaje y salieron. Y muy pronto llegó una pequeña ambulancia que trasladó a toda prisa a Sax al hospital, cerca del centro de la ciudad. Los demás echaron a andar por la herbosa calle principal, disfrutando del espacio luego de tantos días en los rovers. Art los miraba desconcertado, porque no se escondían ni disimulaban, y Nirgal le explicó brevemente qué era el demimonde mientras se dirigían a un café frente al hospital sobre el que había unas habitaciones francas.
En el hospital se ocupaban de Sax. Unas horas después de su llegada Nirgal fue a verlo, y después de lavarse y ponerse ropas estériles le permitieron sentarse junto a él.
Tenían a Sax en un ventilador, que hacía circular un líquido a través de sus pulmones. El líquido podía verse en los cubos transparentes y en la mascarilla que le cubría la cara: parecía un agua turbia. Era un espectáculo terrible, como sí lo estuviesen ahogando. Pero el líquido era una solución de perfluorocarbono, y aportaba a Sax tres veces más oxígeno que el aire y además arrastraba la mucosidad que se había acumulado en los pulmones y reinflaba las vías aéreas aplastadas. También le administraban diversas drogas. La enfermera que se ocupaba de él le explicó todo esto a Nirgal mientras trabajaba.
—Tenía un poco de edema, así que parece un tratamiento paradójico, pero funciona.