Dune [es]
- Автор: Херберт Фрэнк
- Серия: dune (es) #1
- Год: 1975
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-181-8
- Переводчик: Domingo Santos
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Dune [es]». Краткое содержание книги:
Rabban deglutió.
—Conviene que tomes inmediatamente medidas para procurarte un rehén de cada Casa Menor —dijo el Barón—. Fuera de Arrakis, todo el mundo debe creer que esto no ha sido más que una lucha de Casa contra Casa. Los Sardaukar no han tomado parte en ello, ¿comprendes? Al Duque se le ofreció la acostumbrada gracia del exilio, pero murió en un desafortunado accidente antes de que pudiera aceptar. Pero hubiera aceptado, seguro. Esta es la historia. Y cualquier rumor acerca de la presencia de los Sardaukar aquí deberá ser motivo de risas.
—Así lo quiere el Emperador —dijo Rabban.
—Así lo quiere el Emperador.
—¿Y los contrabandistas?
—Nadie cree en los contrabandistas, Rabban. Son tolerados, pero no creídos. De todos modos, puedes emplear un poco de corrupción al respecto… y algunas otras medidas que estoy seguro pensarás por ti mismo.
—Sí, mi Señor.
—Espero dos cosas de Arrakis, Rabban: beneficios, y un mando implacable. No ha de haber ninguna clemencia aquí. Piensa en esos lerdos y en lo que son… esclavos envidiosos de sus dueños, esperando la primera ocasión para rebelarse. No debes mostrar el menor vestigio de piedad ni de clemencia hacia ellos.
—¿Puede uno exterminar a todo un planeta? —preguntó Rabban.
—¿Exterminar? —El Barón volvió rápidamente la cabeza, mirando a Rabban con visible asombro—. ¿Quién ha hablado de exterminar?
—Bueno, he creído que tenías intención de traer nuevos contingentes y…
—He dicho estrujarlos, sobrino, no exterminarlos. No disminuyas la población, limítate tan sólo a someterla completamente. Tú has de ser el carnívoro, muchacho. — Sonrió, una expresión de bebé en su gordo rostro—. Un carnívoro no se detiene jamás. No tiene piedad. Nunca se para. La piedad es una quimera. El estómago gruñendo su hambre, la sed secando la garganta, bastan para eliminarla. Siempre has de tener hambre y sed. —El Barón acarició sus adiposidades bajo los suspensores—. Como yo.
—Ya veo, mi Señor.
Rabban lanzaba ojeadas a diestro y siniestro.
—¿Está todo claro ahora, sobrino?
—Excepto una cosa, tío: el planetólogo, Kynes.
—Ah, sí, Kynes.
—Es el hombre del Emperador, mi Señor. Puede ir y venir a su antojo. Y está muy ligado a los Fremen… se ha casado con una de ellos.
—Kynes estará muerto mañana por la noche.
—Es peligroso, tío, matar a un servidor Imperial.
—¿Cómo crees que he llegado tan lejos y tan rápidamente? — preguntó el Barón. Su voz era baja, cargada de innombrables implicaciones—. Además, no temas que Kynes pueda abandonar alguna vez Arrakis. Pareces olvidar que está intoxicado por la especia.
—¡Por supuesto!
—Los que saben lo que es esto se guardarán muy bien de poner en peligro su aprovisionamiento —dijo el Barón—. Kynes lo sabe muy bien.
—Lo había olvidado —dijo Rabban.
Se miraron mutuamente en silencio.
—Incidentalmente —dijo el Barón al cabo de un momento—, una de tus primeras tareas será procurarme un buen aprovisionamiento. Dispongo de un nada despreciable stock en mis almacenes, pero aquella suicida incursión de los hombres del Duque destruyó la mayor parte de la especia almacenada para la venta.
—Sí, mi Señor —asintió Rabban.
—Entonces —sonrió el Barón—, mañana por la mañana reunirás todo lo que quede de la organización de este lugar y les dirás: «Nuestro Sublime Emperador Padishah me ha encargado que tome posesión de este planeta y termine toda disputa.»
—Comprendido, mi Señor.
—Esta vez estoy seguro de ello. Mañana discutiremos los detalles de todo. Ahora, déjame terminar de dormir.
El Barón desactivó el campo de la puerta y siguió a su sobrino con la mirada mientras salía.
Un cerebro blindado, pensó el Barón. Una mente musculosa y un cerebro blindado. Serán una pulpa sanguinolenta cuando él haya terminado con ellos. Entonces, cuando envíe a Feyd- Rautha a descargar este peso de sus hombros, le acogerán como a su salvador. Amadísimo Feyd-Rautha. Feyd-Rautha el Benigno, el compasivo que vendrá a salvarles de la bestia. Feyd-Rautha, el hombre al que seguirán y por el que morirán si es preciso. El muchacho que, cuando llegue el momento, sabrá cómo oprimir con impunidad. Estoy seguro de que es a él a quien necesito. Aprenderá. Y tiene un cuerpo tan adorable… Realmente, es un muchacho adorable.
CAPÍTULO XXVII
A la edad de quince años, había aprendido ya el silencio.