Los ríos de color púrpura
- Автор: Гранже Жан-Кристоф
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los ríos de color púrpura». Краткое содержание книги:
Al mismo tiempo, en Sarzac, a solo 250 kilómetros de Guernon, el joven teniente magrebí Karim Abdouf, otro brillante policía al que se ha enviado a provincias, ve interrumpida la monotonía diaria por la misteriosa profanación de la tumba de un niño judío, de la que los ladrones solo se han llevado su foto. Lo que parece un simple acto de vandalismo se convertirá en un desconcertante misterio cuando descubra que la fotografía del niño ha desaparecido también de los archivos del colegio e incluso de la casa de sus antiguos compañeros.
Ninguno de los dos policías sospecha que ambos casos no solo están estrechamente vinculados sino que son el principio de una serie de asesinatos cuyo móvil se halla en un antiguo crimen de sombra tan alargada que amenaza tanto a quienes lo cometieron como a quienes intenten desenterrarlo.
Judith se echó a reír y gritó de nuevo:
– ¡Me imagino su jeta cuando abrieron la caja! -Pero enseguida recuperó la seriedad-. Era preciso que lo supieran, Karim… Era preciso que comprendieran que la hora de la venganza había sonado, que iban a reventar… Que iban a pagar por todo el mal que habían hecho a nuestro pueblo, a nuestra familia, a nosotras, las dos hermanas, y a mí, a mí, a mí…
Su voz se extinguió. El día proyectaba resplandores de nácar.
Karim murmuró:
– ¿Y ahora? ¿Qué harás?
– Reunirme con mamá.
El poli pensó en la mujer colosal rodeada de sus fundas y sus telas multicolores. Pensó en Crozier, el hombre solitario, que debía encontrarse con ella al caer la noche. Aquellos dos acabarían en chirona, tarde o temprano.
– Tengo que arrestarte, Judith.
La joven rió burlonamente.
– ¿Arrestarme? ¡Pero si soy yo quién tiene tu arma, pequeña esfinge! Si te mueves, te mato.
Karim se acercó e intentó sonreír.
– Todo ha terminado, Judith. Vamos a cuidarte, vamos a…
Cuando la joven apretó el gatillo, Karim ya había desenfundado la Beretta que llevaba siempre en la espalda, la Beretta que le había permitido vencer a los skins, el arma del último recurso.
Sus balas se cruzaron y dos detonaciones resonaron al alba. Karim salió indemne pero Judith retrocedió con gracia. Como llevada por una danza, titubeó unos segundos mientras el torso ya se cubría de rojo.
La joven soltó el arma automática, esbozó varios pasos y cayó al vacío. Karim creyó ver pasar por su cara una sonrisa.
Gritó de repente y se precipitó al borde de las rocas para divisar el cuerpo de Judith, la niña a quien había querido -ahora lo sabía- más que a nada en el mundo, durante veinticuatro horas.
Distinguió la silueta ensangrentada que bajaba por el río. Vio alejarse el cuerpo, alcanzar los de Fanny Ferreira y Pierre Niémans.
A lo lejos, rasgando el lecho de las montañas, se elevaba un sol incandescente.
Karim no hizo caso de él.
No veía qué clase de sol podía iluminar las tinieblas que aprisionaban su corazón.
Jean-Christophe Grangé