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Электронная книга - «Ensayo sobre la lucidez». Краткое содержание книги:

Como ya nos sorprendiera en su tiempo con la magnífica obra “Ensayo Sobre La Ceguera ”, en la que nos ofrecía una espeluznante parábola de la opresión de las fuerzas políticas sobre los indefensos ciudadanos, el escritor portugués vuelve a retomar el mismo tema, aunque en esta ocasión la reflexión que nos plantea va a ser diferente en la forma pero idéntica en el fondo.
Y es que no sólo el título es similar, “Ensayo Sobre La Lucidez ”, sino que va a volver a cuestionar los pilares más básicos de las sociedades democráticas. Saramago, escritor comprometido con las causas injustas en la vida real y ferviente defensor de la legalidad y coherencia políticas, presenta en este libro una situación un poco rocambolesca pero para nada descabellada, y más en estos días en los que un referéndum pondrá a prueba a muchos europeos con respecto a sus derechos como votantes y capacidad para elegir lo mejor para cada nación de cara a una Europa unida.
¿Qué pasaría si, como resultado de unas elecciones, en un país cualquiera, supuestamente democrático, más del setenta por ciento de las papeletas estuvieran en blanco?
De momento, el desconcierto más absoluto, ya que si a tantísimos ciudadanos les trae sin cuidado quienes y cómo son sus líderes políticos y las decisiones que éstos tomen de cara, supuestamente, a mejorar las condiciones de vida de todos por igual, pretendiendo hacer una sociedad más justa y equitativa, da por pensar, de momento, si la democracia es la “menos mala de las formas de gobierno”, como dijo alguna mente privilegiada.
Pongámonos a pensar: si nos da prácticamente igual quienes ocupen los “escaños del poder”, ¿para qué seguir con un sistema en el que no podamos aprovechar nuestra libertad para elegir?
Si en “Ensayo Sobre La Ceguera ” reinaba el total aplastamiento de los derechos de los ciudadanos por las “altas esferas”, en “Ensayo Sobre La Lucidez ” van a ser éstos últimos los que exijan una explicación a los primeros, ya que la confusión llegará a afectar, como es lógico, a los diferentes partidos políticos a la hora de “repartirse el pastel” del gobierno.
¿Es una continuación de esta obra a la otra? Podría ser, por lo anteriormente expuesto, y más cuando a lo largo de la trama se descubra que una superviviente del drama ocurrido en el primer libro, va a ser de una importancia vital en el proceso de votación masiva en blanco por parte de los ciudadanos.
Recomiendo, pues, sendos libros; aunque me gustó más el primero, este segundo no tiene ningún desperdicio.
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Eran las nueve cuando el comisario se despertó. No estaba llorando, señal de que los invasores no habían utilizado gases lacrimógenos, no tenía las muñecas esposadas ni pistolas apuntándole a la sien, cuántas veces los temores vienen a amargarnos la vida y al final resulta que no tenían ni fundamento ni razón de ser. Se levantó, se afeitó, se aseó como de costumbre y salió con la idea fija de tomar un café donde la víspera había desayunado. De paso compraría los periódicos, Ya pensaba que no vendría hoy, dijo el quiosquero con la cordialidad de un viejo conocido, Falta aquí uno, observó el comisario, No ha salido, y la distribuidora no sabe cuándo volverá a publicarse, quizá la próxima semana, parece que le ha caído encima una buena multa, Y por qué, Por culpa del artículo, del que se hicieron las fotocopias, Ah, bueno, Aquí tiene su bolsa, hoy se lleva nada más que cinco, va a tener menos que leer. El comisario agradeció y se fue en busca del café. No se acordaba bien dónde quedaba la calle y el apetito aumentaba a cada paso, al pensar en las tostadas se le hacía la boca agua, perdonemos a este hombre lo que a primera vista parece deplorable golosía impropia de su edad y condición, pero hay que recordar que ayer ya llevaba el estomago vacío cuando se fue a la cama. Encontró por fin la calle y el café, ahora está sentado ante una mesa, mientras espera pasa los ojos por los periódicos, he aquí los titulares, en negro y rojo, para que nos hagamos una idea aproximada de los respectivos contenidos, Nueva acción subversiva de los enemigos de la patria, Quién puso a funcionar las fotocopiadoras, Los peligros de la información oblicua, De dónde salió el dinero para pagar las fotocopias. El comisario desayunó lentamente, saboreando hasta la última migaja, incluso el café con leche está mejor que el de la víspera, y cuando llegó al final, estando ya el cuerpo rehecho, el espíritu le recordó que desde ayer se encuentra en deuda con el jardín y con la fuente, con el agua verde y con la mujer del cántaro inclinado, Sentiste el deseo de ir y sin embargo no fuiste, Pues ahora mismo voy, respondió el comisario. Pagó, reunió los periódicos y se puso en camino. Podría haber tomado un taxi, pero prefirió ir a pie. No tenía nada que hacer y era una manera de emplear el tiempo. Cuando llegó al jardín, se sentó en el banco donde estuvo con la mujer del médico y conoció de verdad al perro de las lágrimas. Desde allí veía la fuente y a la mujer del cántaro inclinado. Debajo del árbol aún hacía un poco de fresco. Se tapó las piernas con los faldones de la gabardina y se acomodó suspirando de satisfacción. El hombre de la corbata azul con pintas blancas vino por detrás y le disparó un tiro en la cabeza.

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