Lo que hice por amor
- Автор: Филлипс Сьюзен Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
Ella empujó la puerta con ímpetu.
– Pareces el cadáver de Richard Gere.
Él se apartó a un lado de una forma automática y Laura entró en la fresca casa de suelos de bambú, techos altos y amplias claraboyas.
– Tenemos que hablar -dijo.
– No.
– Sólo unos minutos -insistió ella.
– Como ya no tenemos negocios juntos, no tiene sentido que hablemos.
– Deja de actuar como un crío.
Él la observó y Laura se dio cuenta de que, incluso vestido con unos pantalones arrugados y una camiseta desteñida, Paul tenía mejor aspecto que ella con su vestido de Escada y sus manoletinas con tiras rojas de Taryn Rose. Otra vez aquel inoportuno estremecimiento…
Esbozó una amplia sonrisa.
– Ya no tengo que volver a hacerte la pelota. Es lo único bueno de que mi carrera se haya ido al carajo.
– Sí, bueno, lo siento.
Paul se dirigió al salón, una estancia agradablemente decorada pero sin mucha personalidad. Los muebles se veían confortables, el suelo era de tono claro y las persianas de estilo colonial. Por lo visto, no había permitido que ninguna de las sofisticadas mujeres con las que había salido a lo largo de los años dejara su sello en la casa.
Laura se dirigió al equipo de música y lo apagó.
– Apostaría algo a que no has hablado con ella desde que todo se derrumbó.
– Tú no lo sabes.
– ¿De verdad? Llevo viendo cómo funcionas desde hace años. Si Georgie no hace lo que papá quiere, papá la castiga dejándola de lado.
– Yo nunca he hecho eso. Disfrutas pintándome como el malo de la película, ¿verdad?
– No requiere mucho esfuerzo.
– Será mejor que te vayas, Laura. Podemos resolver lo que queda de nuestra relación laboral por correo electrónico. No tenemos nada más que decirnos.
– Eso no es cierto del todo. -Hurgó en su bolso de gran tamaño y le entregó un guión-. Quiero que te presentes a una audición para el papel de Howie. No te lo darán, pero tenemos que empezar por algún lado.
– ¿Una audición? ¿De qué me estás hablando?
– He decidido representarte. En tu vida privada eres un gilipollas insensible, pero también eres un actor de talento y ya va siendo hora de que dejes de molestar a Georgie y te centres en tu propia carrera.
– Olvídalo. Ya lo hice una vez y no me llevó a ningún lado.
– Ahora eres una persona diferente. Sé que estás un poco oxidado, así que te he programado un par de clases con Leah Caldwell, la antigua profesora de interpretación de Georgie.
– Estás loca.
– Tu primera clase es mañana a las diez. Leah te va a dar caña, así que será mejor que hoy te acuestes temprano. -Laura sacó un montón de papeles de su bolso-. Éste es mi contrato de representación estándar. Léelo mientras hago unas llamadas. -Laura sacó su móvil-. ¡Ah, y que quede claro desde el principio! Tu trabajo es actuar. El mío es dirigir tu carrera. Tú haces tu trabajo, yo hago el mío. Y ya veremos lo que pasa.
Paul dejó el guión sobre la mesita auxiliar.
– No pienso presentarme a ninguna audición.
– ¿Estás demasiado ocupado recordando todos los momentos Kodak con tu hija?
– Vete a la mierda.
Palabras fuertes, pero pronunciadas con poco énfasis. Paul se dejó caer en un sillón tapizado con unos sosos cuadros tipo escocés.
– ¿De verdad crees que soy un gilipollas insensible?
– Sólo puedo juzgar por lo que he observado. Si no lo eres, entonces eres un actor cojonudo.
Eso le hizo pensar. Paul era un buen actor. Ella se había quedado pasmada cuando él leyó el papel del padre de La casa del árbol. Laura no recordaba la última vez que una actuación la hubiera emocionado tanto. ¿Y no era una de las grandes ironías de la vida que aquella actuación la hubiera realizado Paul York?
Él siempre le había parecido tan invencible que verlo con sus defensas por los suelos la desconcertaba.
– Por cierto, ¿qué te ocurre?
Paul dejó la mirada perdida.
– Es curioso cómo la vida nunca es como uno espera.
– ¿Y tú qué esperabas?
Paul le tendió el contrato.
– Leeré el guión y me lo pensaré. Entonces hablaremos del contrato.
– No hay trato. Sin el contrato, el guión y yo nos vamos.
– ¿Crees que voy a firmar así, sin más?
– Sí, ¿y sabes por qué? Porque yo soy la única que está interesada en ti.
– ¿Y quién dice que eso me importa? -Paul dejó el contrato encima del guión-. Si quisiera volver a actuar, me representaría yo mismo.
– El actor que se representa a sí mismo tiene a un loco como cliente.
– Creo que el dicho se refería a un abogado.
– La idea es la misma. Ningún actor puede alabar sus propias virtudes sin parecer un imbécil.
Laura tenía razón, y Paul lo sabía, pero todavía no estaba dispuesto a ceder.
– Tienes respuesta para todo.
– Eso es porque los buenos agentes sabemos lo que hacemos, y yo pretendo ser para ti una agente mucho mejor de lo que lo fui para Georgie.
Él se frotó los nudillos de una mano con el pulgar de la otra.
– Deberías haber hecho valer tu opinión.
– Lo hice, y más de una vez, pero entonces tú me mirabas con ceño y… Bueno, yo me acordaba de mi hipoteca y adiós a mi valentía.
– La gente debería luchar por lo que cree.
– Tienes toda la razón. -Laura agitó el dedo índice sobre el contrato-. Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Te quedarás sentado autocompadeciéndote o tendrás el valor de iniciar un nuevo juego?
– No he actuado desde hace casi treinta años. Ni siquiera había considerado esa posibilidad.
– A Hollywood le encantan las caras nuevas con talento.
– No tan nuevas.
– Créeme, tus arrugas están en los lugares perfectos. -Le lanzó su mirada de chica dura para que él no considerara su comentario como una chorrada de una menopáusica que no recordaba la última vez que había tenido una verdadera cita-. Me resulta difícil creer que un actor con tu talento nunca haya pensado en volver al trabajo.
– La carrera de Georgie era lo primero.
Laura sintió una ráfaga de simpatía hacia él. ¿Cómo debía de haberse sentido poseyendo tanto talento y sin utilizarlo?
– Ahora Georgie no te necesita -declaró con tono más amable-. Al menos para que dirijas su carrera.
Paul volvió a coger el contrato.
– ¡Ve a hacer tus malditas llamadas! Echaré una ojeada al contrato.
– Buena idea.
Laura salió a la terraza. Era un lugar recogido y sombreado, un rincón estupendo para disfrutarlo, pero allí sólo había un par de sillas metálicas que ni siquiera eran del mismo juego. Le pareció extraño que alguien tan refinado como Paul tuviera tan poca vida social. Abrió su móvil, escuchó el contestador de su oficina y después mantuvo una larga conversación con su padre, quien se había retirado en Phoenix. Mientras hablaban, ella se esforzó en no espiar a Paul a través de las vidrieras. Después telefoneó a su hermana, quien vivía en Milwaukee, pero su sobrina de seis años respondió a la llamada y se lanzó a contarle una historia acerca de su nuevo gatito.
Paul salió a la terraza y Laura interrumpió el monólogo de su sobrina.
– Es un actor increíble. Casi nadie sabe que se formó en Juilliard Drama. También actuó en unas cuantas obras en los círculos alternativos de Broadway, y después dejó en suspenso su carrera para criar a Georgie.
– ¿Quién es Julie Yard, tía Laura?
Laura se tocó el pelo.
– No tienes ni idea de lo que me ha costado convencerlo de que tiene que volver a pensar en sí mismo. En cuanto lo veas leyendo un guión, comprenderás por qué me entusiasma tanto ser su representante.
– Estás rara -contestó la vocecita de su sobrina-. Voy a buscar a mamá. ¡Mamá!
– Estupendo. Te llamo la semana que viene. -Laura cortó la comunicación-. Esto ha ido mejor de lo que esperaba. -El sudor se deslizó entre sus pechos.