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Un Puerto Seguro

Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:

Hannah Drake, una de las siete hijas de un linaje de extraordinarias mujeres, ha sido el escurridizo objeto de los afectos de Jonas Harrington desde que el hombre tiene memoria. Ojalá la despampanante súper-modelo se dejara llevar por otra pasión que no fuera su carrera. Pero Jonas no es el único que desea a Hannah.
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
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Caminó lentamente hacia el espejo y clavó los ojos en su cara. Para ella, todo lo que podía ver eran las lesiones, su cara cortada era una ruina, parcheada, igual que Frankenstein, pero cuándo respiró profundamente y se forzó a sí misma a analizar sus heridas, estaba claro que la etapa más dura ya había pasado y se desvanecían. El rayado estaba rojo, pero no inflamado. La piel se veía saludable y suave otra vez. Los moratones y la hinchazón hacía tiempo que habían desaparecido. Sus hermanas realmente habían logrado un milagro, junto con un cirujano plástico genial que se había tomado su tiempo para asegurarse de que meticulosamente había cosido el envés de la cara simultáneamente.

Lentamente, Hannah se desnudó, todavía clavando los ojos en el espejo. La garganta, los pechos y las costillas se veían mucho mejor, tal como pasaba con la cara. Las lesiones más profundas estaban un poco más rojas, pero aun así, incluso esas habían cicatrizado más rápido, gracias a sus hermanas. Frunció el ceño cuando trató de ver lo qué decían que Jonas veía. ¿Era tan bella como todos decían? Quiso serlo para Jonas. Y tal vez al final, lo único que tenía importancia era como la viera él. Si Jonas pensaba que su cuerpo era bello y lo disfrutaba…

Se sonrojó, pensando en lo mucho que disfrutó al tocarla. Se hizo su dueño, casi como si le hubiera dicho que su cuerpo le pertenecía. Llenó la bañera y vertió sales aromáticas en ella, queriendo darle más placer del que nunca hubiera tenido. Quería que su cuerpo le perteneciera, quería ver esa misma mirada de absoluta posesión y aguda hambre en su cara y en sus ojos.

Hannah cuidó especialmente su apariencia, aplicándose su fragancia favorita para que así su piel tuviera el ligero perfume del melocotón. Usó loción para que la piel fuera más suave y se lavó el pelo con el champú del mismo olor. Se aplicó el maquillaje con cuidado, lo suficiente, como lo usaría un profesional para realzar su aspecto natural, resaltando y pronunciando sus ojos sin excederse.

Estuvo mucho tiempo eligiendo la ropa interior, un sostén de encaje y un tanga a juego de un brillante azul. ¿Cuál era su fantasía? Se puso una falda vaporosa, el suave azul del mar formó remolinos medianoche, rociada de estrellas de plata. Amaba el tacto del suave y sensual material, deslizándose sobre sus caderas y rozándole los tobillos. Envolvió una cadena de estrellas de plata alrededor del tobillo izquierdo y otra alrededor de las caderas. Se quedó con la mirada fija en el espejo del cuarto de baño, maldiciendo por no tener un espejo de cuerpo entero. Quería ver si podía escaparse sin bragas.

La respiración se le atascó en la garganta y el corazón tronó con la idea de ser tan atrevida. Simplemente para saber cómo se sentiría, Hannah se quitó la ropa interior y atravesó andando el cuarto. Sólo ella lo sabría. Sería tan consciente de que estaba desnuda y lista para él. ¿Lo vería él en sus ojos? Hizo un pequeño giro en espiral y observó el curso de la falda. No se notaba, ni siquiera cuando caminaba y los pliegues se asentaban con placer en la unión de las piernas, pero se sentía sexy.

Llegó hasta el sostén y lo desenganchó. En el espejo, captó los pechos desnudos bamboleando mientras se daba lentamente la vuelta. Se puso lentamente la blusa campesina que a Jonas tanto le gustaba sobre los llenos pechos, tenía otro aspecto. Estaba completamente cubierta, sin ninguna pista de que estaba desnuda bajo sus ropas, en espera de su toque.

– ¿Hannah? -Joley metió la cabeza dentro del cuarto-. Elle me dio este archivo para ti. Dijo que es el que tú pediste de todos los chiflados que te escriben. ¿Es cierto que quieres leerlo?

Estaba segura cuando se había despertado por la mañana, pero ahora ya no estaba tan segura.

– Sólo ponlo en el tocador. Pensaré en ello.

– Bien, ¿das una vuelta para que te pueda ver?

Hannah asintió con la cabeza, conteniendo el aliento mientras lo hacía, esperando para saber si Joley advertía cualquier cosa diferente en ella.

– Estás preciosa. Jonas amará ese traje.

Ninguna broma maliciosa. Sólo Hannah se daría cuenta de su atrevimiento. Por alguna razón, ese secreto conocimiento le dio coraje. Recogió las tijeras que había colocado fuera y se las tendió a su hermana.

– Quiero que me cortes el pelo.

Joley clavó los ojos en las tijeras con fuerza.

– ¿De qué estás hablando?

– Quiero cortarme el pelo.

– Tienes un pelo precioso, Hannah.

– A todo el mundo le gusta mi pelo, pero a mi no. Quiero que me lo cortes. Tú haces toda clase de cosas con tu pelo. No te estoy diciendo que me lo tiñas de rosa o cualquier otra cosa, simplemente que me lo cortes.

Joley cogió las tijeras a regañadientes.

– ¿Estás segura?

– Absolutamente. Y mientras lo haces, dime qué sucedió cuando Nikitin apareció. -Fue hacia el balcón. Los pájaros apreciarían su pelo para sus nidos.

– Sarah dijo que Nikitin realmente se deshizo en cumplidos. Preguntó por ti y dijo qué sentía mucho lo que te había sucedido. Dijo que se alegraba de que Ilya estuviera cerca para detener al loco.

– Ilya lo detuvo. ¿Estaba Nikitin cerca del lugar?

– Sólo repito lo que dijo Sarah. Quería verme. Libby le dijo que estaba descansando, que estaba conmocionada por lo sucedido.

– ¿Se lo creyó?

– No creo que tuviera otra opción. Le dijo a Sarah que quería que yo tuviera cuidado porque la costa estaba llena de rusos.

– ¿Qué significa eso?

– No tengo ni idea, ni Sarah tampoco. Aparentemente Prakenskii no le dijo ni una palabra a Nikitin en la habitación. Al menos ahora sé como callarle. Si tengo que dirigirle la palabra, entonces me aseguraré de que su jefe está por ahí. -Dio un paso atrás para admirar su trabajo.

– Esto es realmente sexy. Sexy y fresco y más tú que en toda tu vida. Compruébalo en el espejo. Mira si a ti te gusta la forma que le he dado.

Hannah contuvo el aliento hasta que se vio. El pelo ya no caía pesadamente, los rizos caían sobre los hombros y flotaban alrededor de su cara. Se sentía ligera y Joley tenía razón. Se veía diferente y se sentía diferente, también.

– Me gusta horrores, gracias, Joley.

– Bueno, me voy abajo a comer. Jonas debería estar aquí de un momento a otro -dijo Joley mientras Hannah la perseguía hasta la puerta para coger las tijeras-. Sarah piensa que va a ponerme bajo arresto o algo por el estilo. Tiene miedo de que salga por el momento, hasta que sepamos la reacción del Reverendo.

Hannah se quedo de piedra, una mano en la puerta cerrada mientras se permanecía con la mirada fija en las afiladas tijeras de la otra mano. Alguien la odiaba lo suficiente como para tratar de destruirla. La realidad la golpeó con fuerza y se sintió enferma y aterrorizada, su recién encontrado coraje empezó a esfumarse. Tragó saliva y miró hacia el archivo que estaba sobre el tocador. Era bastante más grueso de lo que había creído que sería. ¿Todas esas personas la odiaban y querían su muerte? ¿Cómo lo había podido ignorar todos los años que había modelado? ¿Cuántos habría allí? ¿Y qué había hecho ella para hacerles sentir de esa manera?

CAPÍTULO 17

Alguien la odiaba lo suficiente como para querer matarla. Ya había habido tres intentos y habría otro. ¿Qué había hecho ella alguna vez para que alguien la odiara tanto?

Hannah tembló, sintiendo el negro odio deslizándose en su habitación. Desesperada por salir afuera, dónde el viento la protegería, cobijaría y guardaría segura, cogió su manta, se envolvió con ella y salió corriendo hacia el balcón para sentarse en su silla. Tendría que declinar ir con el pobre Jonas. ¿Oh, Dios, qué había hecho? Estaba desnuda bajo la falda y la blusa y había cortado su pelo totalmente. Era una idiota redomada por pensar que podría salir despreocupadamente por la tarde y seducir a Jonas. Se sentía como una tonta. Agradecía a Dios que él no supiera lo que ella había estado pensando toda la tarde, preparándose para él. Si él la viera con la falda y la blusa, entonces sabría lo que había pasado por su mente. Habría sido tan humillante que él la rechazara y… Enterró la cara entre las manos. Él sabría que se estaba desmoronándose otra vez.

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