Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El Buen Alemán
El Buen Alemán - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Buen Alemán

Электронная книга - «El Buen Alemán». Краткое содержание книги:

El fin de la guerra en Europa culmina con la entrada de los ejércitos aliados en un Berlín que ha aceptado una rendición sin condiciones y cerca del cual celebran la Conferencia de Potsdam Churchill, Stalin y Truman. Pero haber acabado definitivamente con el Reich no pone fin a todos los problemas. En una zona controlada por los rusos acaba de aparecer el cadáver de un soldado del ejército estadounidense con los bolsillos repletos de dinero. Jake Geismar, periodista estadounidense que ya había estado en la capital alemana antes de la guerra, vuelve allí para cubrir el triunfo aliado y culminar su campaña particular, pero también para encontrar a Lena, una mujer de su pasado. El asesinato del soldado norteamericano se cruza en el camino de Geismar, quien irá descubriendo que hay muchas cosas en juego. Más de las que imaginaba.
1 ... 68 69 70 71 72 73 74 75 76 ... 140
Перейти на страницу:

– Sí, sin ninguna duda.

Bernie se inclinó para cuchichear algo más.

– ¿Volvió a verla?

Jake miró al fiscal preguntándose adonde quería ir a parar.

– Sí, desde el camión. Nos miraba desde su ventana cuando se nos llevaron. Miraba.

Un eco de la historia de Bernie. Un zapatero de Schóneberg, en el sector estadounidense, así que a esa testigo también la había encontrado Bernie. Otro regalo para los rusos.

– La misma. ¿Sin ninguna duda?

La mujer estaba temblando, empezaba a perder el aplomo.

– La misma. La misma. -Empezó a levantarse de la silla, sin dejar de mirar a Renate-. Una judía. Matabas a los tuyos. Mirabas mientras nos llevaban. -Un sollozo ahogado, ya no estaba en el tribunal-. A tu gente. ¡Animal! Devorabas a los tuyos, como un animal.

– ¡No! -gritó Renate.

El juez dio un golpe en la mesa con la palma de la mano y exclamó algo en ruso, seguramente para suspender la sesión, pero el fiscal se acercó enseguida al tribunal y le susurró algo. El juez asintió con la cabeza, algo desconcertado, y luego dijo con formalidad para toda la sala:

– Haremos un receso de quince minutos, pero antes dejaremos entrar a los fotógrafos. La prisionera seguirá en pie.

Jake siguió la señal que hacía el fiscal hacia el fondo de la sala, y vio que Ron aparecía entre la prensa y abría la puerta para dejar pasar a los fotógrafos. Un pequeño grupo desfiló por el centro de la sala. La luz de los fogonazos iluminó el rostro de Renate y la obligó a parpadear y volverse sacudiendo la cabeza, como si fueran moscas. Los jueces siguieron sentados, muy erguidos, posando. Un soldado ayudó a Frau Gersh a ponerse de pie con sus muletas. Jake casi esperó ver a Liz sacando instantáneas de la historia. Después las bombillas dejaron de brillar y el juez se puso en pie.

– Quince minutos -repitió, encendiendo ya un cigarrillo.

Fuera, en el pasillo, los numerosos reporteros tuvieron que apretarse contra la pared para dejar pasar a Frau Gersh. Estaba claro que no iba a haber preguntas por parte de la defensa. Brian Stanley aguardaba algo apartado, bebiendo de una petaca.

– No está a la altura de los estándares de Moscú, ¿verdad? -Ofreció un trago a Jake-. No es lo mismo sin confesiones. Eso es lo que les gusta, ese jodido retorcer de manos. Claro que los rusos tienen mucho que confesar.

– Es una farsa -comentó Jake mientras veía marchar a Frau Gersh.

– Claro que lo es. ¿No esperarías el tribunal londinense de Old Bailey? -Miró la petaca-. De todas formas, no es que sea la chica más guapa de Berlín.

– Antes lo era. Era guapa.

Brian se lo quedó mirando con perplejidad, no sabía que se conocían.

– Sí, bueno -dijo, por decir algo, y luego meneó lentamente la cabeza-. No hay confusión posible. La guerra sacó lo mejor de cada cual, ¿eh? Por cierto, te he encontrado una barca.

– ¿Una barca?

– Me pediste una barca, ¿verdad? Aún les quedan algunas, en el club de yates. Deja caer mi nombre. -Levantó la mirada-. Me lo pediste.

La tarde en el lago que le había prometido a Lena, navegando lejos de todo.

– Sí, lo siento. Se me había olvidado. Gracias.

– Ojo con hundirla. Me la harán pagar.

– ¿Eso es un trago? -preguntó Benson, que apareció con Ron.

– Lo era -repuso Brian pasándole la petaca.

– ¿Qué haces aquí? -le preguntó Benson a Jake, y después se volvió hacia Ron-: Me habías prometido la exclusiva para Stars and Stripes.

– A mí no me mires. ¿Cómo has entrado? -le preguntó a Jake-. No había más pases de prensa.

– Colaboro con la acusación. La chica era amiga mía.

Un silencio incómodo.

– Dios bendito -exclamó Ron por fin-. Pase lo que pase, siempre estás en medio.

– ¿Podrías conseguirme una entrevista?

– Puedo solicitar una. Hasta ahora, nada. La chica no está muy habladora. ¿Qué se dice después de algo así? ¿Qué explica uno?

– No lo sé. A lo mejor conmigo sí quiere hablar.

– Tendrás que compartir la información -dijo Ron, profesional-. Todos quieren la noticia.

– Bien, pues consigue hacerme entrar. -Miró a Benson-. Hiciste un gran trabajo con el artículo de Liz. Le habría gustado.

– Gracias -dijo Benson, algo incómodo con el cumplido-. Una desgracia. Aunque creo que el novio está bien. Ha salido esta mañana.

Jake levantó la cabeza.

– ¿Qué? ¿Ayer no podía recibir visitas y hoy ya está fuera? ¿Cómo es posible?

– He oído decir que tiene amigos en el Congreso -dijo Benson, intentando hacer un chiste-. ¿Quién coño quiere quedarse en el hospital? Matan más de lo que curan. De todas formas, está bien cuidado. Hasta le han puesto a una enfermera en el alojamiento. ¿A ti qué más te da?

Jake se volvió hacia Ron, aún exaltado.

– ¿Tú lo sabías?

– ¿De qué me hablas?

– Te lo dije -insistió Jake sin soltar el brazo de Ron-. La bala de Liz iba dirigida a él… Alguien quiere verlo muerto. ¿Está vigilado? ¿Quién está con él?

– ¿Qué quieres decir con que iba dirigida a él? -preguntó Benson.

Ron apartó la mano de Jake mientras lo fulminaba con la mirada.

– El ejército estadounidense -le dijo Ron a Jake-. Ellos están con él. Monta guardia tú mismo si tan nervioso te pone, joder.

– ¿Qué pasa aquí? -preguntó Benson.

– Nada -dijo Ron-. Que Geismar ha estado viendo cosas, nada más. A lo mejor también tú deberías ir al hospital a que te echen un vistazo. Últimamente no estás muy en tus cabales.

– ¿Siempre hay alguien con él?

– Sí -dijo Ron sin dejar de mirarlo-. No dejan entrar a ningún ruso.

– ¿Así que puedo ir a verlo?

– Eso depende de ti. Él no se irá a ninguna parte. ¿Por qué no le ¡levas unas flores, a ver qué consigues? Dios bendito, Geismar. -Miró a la gente que volvía a entrar en la sala arrastrando los pies-. El timbre. ¿Vienes, o quieres irte a jugar a enfermeras? -le espetó, y luego miró a Jake con gravedad-. No sé de qué va todo esto, pero no tienes que preocuparte por él. Está tan seguro como tú. -Hizo un gesto de cabeza en dirección a los rusos que había junto a la puerta-. Puede que más.

– No sabía que Shaeffer y tú fueseis amigos -dijo Benson, aún con curiosidad.

– Geismar tiene amigos escondidos por todo Berlín, ¿verdad? -dijo Ron mientras se disponía a entrar-. ¿A ésta cómo la conociste, por cierto? -preguntó, y señaló con el pulgar hacia el tribunal.

– Era reportera -contestó Jake-. Igual que nosotros. Yo la formé.

Ron se detuvo y se volvió.

– Eso debería darte que pensar -comentó, luego cruzó la puerta detrás de Benson.

Bernie estaba de pie junto a la mesa con Gunther, pero se acercó cuando Jake se sentó. Los jueces regresaban caminando en fila.

– Bueno -le dijo a Jake-, ¿cómo crees que va de momento?

– Joder, Bernie. Muletas.

El rostro de Bernie se crispó.

– Las muletas son de verdad. Igual que lo del gas.

– ¿Por qué no la sacáis fuera y le pegáis un tiro?

– Porque queremos que quede constancia… de cómo lo hicieron. Debería saberse.

Jake asintió.

– Entonces, ¿qué es Renate? ¿Una extra de película?

– No, es real. Es igual que Otto Klopfer. Igual. -Reparó en la expresión vacía de Jake-. El tipo que quería que arreglaran el tubo de escape. ¿O es que ya se te ha olvidado? La gente olvida. -Se volvió hacia la sección de la prensa, un chirrido nervioso de sillas-. A lo mejor esta vez prestarán atención.

– La obligaron a hacerlo, y lo sabes.

– Eso es lo que dice Otto. Lo que dicen todos. ¿Los crees?

Jake levantó la mirada.

– A veces sí.

– ¿Y adonde te lleva eso? Todo el mundo tiene una historia triste, y el final es siempre igual. Como fiscal del distrito aprendí una cosa: si empiezas a sentir lástima de la gente, nunca consigues condenar a nadie. No desperdicies tu compasión. La chica es culpable, sin un atisbo de duda.

1 ... 68 69 70 71 72 73 74 75 76 ... 140
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)