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Электронная книга - «El Duque Y Yo». Краткое содержание книги:

Todos parecían divertirse en aquel baile que reunía a lo más selecto de la sociedad londinense. Todos, excepto ellos dos. Daphne, una hermosa joven agobiada por su madre, y Simon, el huraño nuevo duque de Hastings, tenían el mismo problema: la continua presión para que encontraran pareja. Al conocerse, se les ocurrió el plan perfecto: fingir un compromiso que los liberara de más agobios. Pero no sería sencillo, ya que el hermano de Daphne, amigo de Simon, no es fácil de engañar, ni tampoco lo son las avezadas damas de la alta sociedad. Aunque lo que complicará de verdad las cosas será la aparición de un elemento que no estaba previsto en este juego a dos bandas: el amor.
Desde que fue presentada en sociedad, Daphne no tiene un momento de respiro. La culpa es de su madre, a la que adora, pero que está obsesionada con encontrarle un marido cuanto antes. Lo peor del caso es que los hombres razonablemente deseables no están interesados, y los que sí lo están son unos incansables pesados de los que tiene que librarse… incluso a golpes. Por eso acepta encantada la idea del duque de Hastings de fingir un noviazgo que ahuyente a los pretendientes. Aunque quizá también tenga algo que ver el hecho de que el joven duque comienza a resultarle cada vez más seductor.
Marcado por una infancia llena de soledad y resentimiento, Simon Basset, el nuevo duque de Hastings, no quiere saber nada de la vida social de Londres ni, desde luego, de los intentos de las elegantes damas de “cazarlo” como marido para sus hijas. Cuando conoce a Daphne, cree haber encontrado el plan perfecto: un compromiso ficticio que mantenga alejadas a las pretendientes que lo agobian. Y cuando la atracción fingida comienza a convertirse en algo demasiado real, Simon deberá enfrentarse a los fantasmas del pasado que le impiden disfrutar la felicidad que el destino pone al alcance de su mano.
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– Estoy intrigada.

– La primera parte nos implica a ti, a mí y… -la levantó y la depositó encima de la cama entre risas-, y esta resistente cama antigua.

– ¿Resistente?

A Simon se le iluminó la cara mientras se tendía a su lado.

– Será mejor que lo sea.

Daphne se rió mientras se giraba y se alejaba de él.

– Creo que es muy resistente. ¿Cuál es la segunda parte?

– La segunda parte me temo que conlleva un compromiso temporal por tu parte.

Daphne entrecerró los ojos, pero sin dejar de sonreír.

– ¿Qué tipo de compromiso temporal?

Con un gesto rápido, él la tendió de espaldas contra el colchón.

– De unos nueve meses.

Ella abrió la boca, sorprendida.

– ¿Estás seguro?

– ¿Que son nueve meses? -sonrió él-. Es lo que siempre me han dicho.

Pero Daphne ya no se reía.

– Sabes que no me refiero a eso -dijo.

– Ya lo sé -dijo, muy serio también-. Y sí, estoy seguro. Y estoy muerto de miedo. Y terriblemente emocionado. Y un millón de cosas más que nunca me había permitido sentir hasta que tú llegaste.

A Daphne se le llenaron los ojos de lágrimas.

– Es lo más bonito que me has dicho.

– Es la verdad -dijo él-. Antes de conocerte, sólo estaba vivo a medias.

– ¿Y ahora? -susurró ella.

– ¿Y ahora? -repitió él-. De repente, «ahora» significa felicidad, alegría y una mujer a la que adoro. Pero ¿sabes una cosa?

Daphne agitó la cabeza, demasiado emocionada para hablar. Él se inclinó y la besó.

– «Ahora» no tiene comparación con mañana. Y mañana no podrá competir con el día siguiente. Tal y como me siento en este momento, mañana va a ser mucho mejor. ¡Ah! Daff -dijo, acercándose a ella para besarla-, cada día voy a quererte más, te lo prometo. Cada día…

EPILOGO

¡Los duques de Hastings han tenido un niño!

Después de tres niñas, a la pareja más enamorada de Londres por fin le ha llegado un heredero. Esta autora puede imaginarse el descanso que habrán sentido en Hastings House; después de todo, es una verdad universal que un hombre casado y con una gran fortuna lo que quiere es un heredero.

Todavía no se conoce el nombre del pequeño, pero esta autora se siente cualificada para especular. Después de todo, con hermanas llamadas Amelia, Belinda y Carolina, ¿podría el nuevo conde de Clyvedon recibir otro nombre que no fuera David?

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,

15 de diciembre de 1817

Simon levantó los brazos sorprendido, mientras la hoja de papel caía al suelo.

– ¿Cómo lo sabe? -preguntó-. No le hemos dicho a nadie nuestra decisión de llamarlo David.

Daphne intentó no reírse mientras observaba a su marido ir y venir por la habitación.

– Estoy segura de que ha sido un golpe de suerte -dijo, mirando con cariño al recién nacido que tenía entre los brazos.

Era demasiado temprano para saber si mantendría los ojos azules o se le volverían marrones, como a sus hermanas, pero ya era igualito que su padre; Daphne no podía imaginarse que se oscurecieran y rompieran el encanto.

– Debe tener un espía en esta casa -dijo Simon, con las manos en las caderas-. Debe ser eso.

– Estoy convencida de que no tiene ningún espía aquí -dijo Daphne, sin mirarlo; estaba demasiado ocupada mirando cómo el pequeño David le había cogido el dedo.

– Pero…

Al final, Daphne levantó la cabeza.

– Simon, es ridículo. Sólo es una columna de cotilleas.

– Whistledown… ¡ja! -exclamó-. Nunca he oído ese nombre. Me gustaría saber quién es ésta maldita mujer.

– Tú y el resto de Londres -dijo Daphne, en voz baja. -Alguien debería descubrirla y dejarla sin trabajo.

– Si es eso lo que quieres -dijo Daphne, sin poder resistirse-, no deberías apoyarla comprando su revista.

– Yo…

– Y no te atrevas a decir que la compras para mí.

– La lees -dijo Simon.

– Y tú también. -Daphne le dio un beso a David en la cabeza-. Normalmente, antes de que caiga en mis manos. Además, estos días estoy bastante orgullosa de lady Whistledown.

Simon la miró con el ceño fruncido.

– ¿Por qué?

– ¿Has leído lo que ha escrito de nosotros? Nos ha llamado la pareja más enamorada de Londres. -Daphne sonrió-. Me gusta.

Simon hizo una mueca.

– Eso es porque Philipa Featherington…

– Ahora es Philipa Berbrooke -le recordó Daphne.

– Bueno, como se llame, tiene la boca más grande de Londres y, desde que me oyó llamarte «cariño mío» en el teatro, no he podido aparecer más por los clubes.

– ¿Tan poco corriente es estar enamorado de tu mujer? -se burló Daphne.

Simon hizo cara de niño contrariado.

– Es igual -dijo-. No quiero oír tu respuesta. La sonrisa de Simon era entre avergonzada y traviesa.

– Toma-dijo Daphne, ofreciéndole el niño-. ¿Quieres cogerlo?

– Claro. -Simon cruzó la habitación y tomó al pequeño en brazos. Lo abrazó un instante y luego miró a Daphne-. Creo que se parece a mí.

– Lo sé.

Simon le dio un beso en la nariz a su hijo y le susurró:

– No te preocupes, mi hombrecito. Siempre te querré. Te enseñaré a leer y a contar y a montar a caballo. Y te protegeré de las personas más horribles de este mundo, sobre todo de esa tal Whistledown…

Y en una pequeña y elegante habitación, no muy lejos de Hastings House, una joven estaba sentada en su escritorio con una pluma y un tintero y cogió una hoja de papel.

Con una sonrisa en la cara, mojó la pluma y escribió:

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN

19 de diciembre de 1817

¡Ah!, Amable lector, esta autora está encantada de comunicarle que…

Julia Quinn

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