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Электронная книга - «El Honor De Una Dama». Краткое содержание книги:

Una joven pierde la virtud, víctima de un vil engaño. Nyssa, bella dama de honor de la reina, es sorprendida en brazos de Varian de Winter, un consumado mujeriego. En realidad, había sido narcotizada para simular su deshonra e impedir así que se convirtiese en quinta esposa de Enríque VIII. El rey, ignorando que el suceso es fruto de una conspiración, los obliga a casarse de inmediato. Contra todo pronóstico, el matrimonio resulta feliz y fecundo, pero nuevas conjuras palaciegas ponen en peligro el futuro de la pareja.
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– Cat… -llamó en voz baja-. Cat, ¿estás ahí?

Al no recibir respuesta, se dirigió a la antecámara que daba paso al dormitorio de la reina, pero tampoco encontró a nadie allí. Quizá esté dormida, se dijo apartando la cortina para comprobarlo.

Lo que vio la dejó boquiabierta. La reina y Tom Culpeper yacían sobre la gruesa manta de pelo que cubría el lecho real. Una lámpara de aceite ardía junto a ellos y proyectaba una luz dorada que envolvía sus cuerpos entrelazados. Cat estaba completamente desnuda y Tom Culpeper sólo vestía una camisa de seda abierta. Durante un fugaz instante Nyssa vio los pechos redondos y colmados de la reina mientras su amante cambiaba de posición y se tendía entre sus piernas. Cat estaba sofocada y gemía de placer.

– ¡No te detengas, Tom! -la oyó decir Nyssa-. ¡Folíame, cariño! ¡Sigue, sigue! ¡Te necesito tanto! ¡Así, cariño, así!

– Disfruta, mi pequeña Cat -contestó Tom Culpeper-. Yo no soy ese viejo enfermo con quien te has casado. Te voy a follar bien, como he hecho otras veces y como espero hacer en el futuro.

Nyssa dejó caer la cortina y abandonó la tienda de la reina a toda prisa. No daba crédito a lo que sus ojos acababan de ver. ¡No podía ser! Debo de haber sufrido una alucinación, se dijo apoyándose en un árbol y cerrando los ojos. Las imágenes que acababa de presenciar se repetían una y otra vez. Abrió los ojos de golpe y se dijo que necesitaba tiempo para pensar qué iba a hacer… si es que podía hacer algo.

Cuando llegó a su tienda llamó a Bob, el mozo de establos, y le ordenó que ensillara un caballo.

– ¿Vais en busca de los hombres, señora?

– No -contestó Nyssa-. Quiero dar un paseo sola, a ver si se me pasa el dolor de cabeza. No me alejaré mucho, así que no es necesario que me acompañes.

El mozo corrió a cumplir sus órdenes y Nyssa entró en la tienda.

– Tillie, tráeme la falda de montar color verde y las botas -pidió.

– Estáis muy pálida, señora -advirtió su doncella-. ¿Os encontráis bien? ¿Por qué no os echáis un rato?

– No, Tillie. Necesito un poco de aire fresco. ¡Odio la corte y a sus gentes con todas mis fuerzas!

Tillie guardó silencio y ayudó a su señora a vestirse con una falda de terciopelo verde y un corpino color púrpura y dorado. Arrodillándose, le calzó las botas y se las abrochó.

– ¿Vais en busca de los hombres, señora?

– Voy a dar un paseo sola.

– Deberíais dejar que Bob os acompañara. El señor se enojará si se entera de que habéis salido sola. Estos caminos son muy peligrosos.

– Apuesto a que no son ni la mitad de peligrosos que la vida en la corte -replicó Nyssa, irritada-. He dicho que quiero estar sola y el señor no tiene porqué enterarse si nadie se lo dice. ¿Me has entendido, Tillie? -añadió golpeando cariñosamente el hombro de su doncella y saliendo de la tienda.

Montó el caballo que Bob había ensillado y partió a toda velocidad sin saber a dónde se dirigía. ¡El paisaje era tan aburrido! Todo cuanto se divisaba era cielo y colinas teñidas de los colores del otoño. Cabalgó hasta lo alto de una colina y decidió dar un respiro a su caballo. Desmontó y contempló el paisaje que se extendía a sus pies mientras se sumía en sus pensamientos.

Había sorprendido a la reina en flagrante adulterio y no sabía qué debía hacer. Enrique Tudor adoraba a Catherine y reprendía severamente a todo aquel que osaba a hablar mal de ella en su presencia. No puedo acusar a la reina sin pruebas, se lamentó Nyssa. Si lo hago, todo el mundo pensará que estoy celosa de ella y que deseo desacreditarla a ojos del rey para ocupar su lugar. Se volverá a hablar del turbio episodio de mi boda con Varian y me acusarán de Dios sabe qué. Aunque el adulterio y la traición me repugnan, debo guardar silencio. Ni siquiera estoy segura de que deba contárselo a Varian. Se lo dirá a su abuelo y el duque reprenderá a Cat. Ella se pondrá furiosa y se enojará conmigo por hablar demasiado. Será la palabra de una humilde mujer de campo contra la de la reina de Inglaterra. Debo guardar silencio por el bien de mi familia.

– Nunca he visto una mirada tan seria en los ojos de una mujer -dijo una voz familiar sacándola de sus cavilaciones. Nyssa se volvió y descubrió que se trataba de Cynric Vaughn-. Un penique por vuestros pensamientos, mi querida condesa de March.

– Pienso en mis hijos y en cuánto me gustaría estar en Winterhaven -mintió la joven-. Adoro la vida del campo y detesto la corte -confesó.

– Cuando os he visto abandonar el campamento a todo correr, he creído que ibais a encontraros con vuestro amante.

– ¿Cuántas veces tendré que deciros que mi marido es mi único amante? -replicó Nyssa, irritada.

– Muy original, pero un poco aburrido. No vale la pena esforzarse por explicar a este hombre qué significa la palabra amor, se dijo.

– ¿Por qué no habéis acompañado a los hombres, señor? -preguntó.

– Al rey le encanta cazar, pero yo lo encuentro un deporte estúpido -contestó Cynric Vaughn-. Decidme, señora, ¿qué estaríais haciendo en estes momentos si estuvierais en vuestra casa?

– Preparar conservas y sidra; y en octubre, fermentar la cerveza.

Cynric Vaughn estalló en carcajadas y su caballo se revolvió inquieto.

– Creía que eso lo hacían los criados.

– En efecto, pero ese trabajo debe ser supervisado por alguien. Mi madre siempre dice que la única manera de conseguir que los criados hagan bien su trabajo es instruirles adecuadamente.

– ¿Y qué me decís de los mayorales y las amas de llaves? ¿Tampoco os ayudan?

– Nos ayudan y en ocasiones nos sustituyen, pero no pueden ocupar nuestro lugar. Las haciendas sin patrón no prosperan porque hace falta una mano firme que llame al orden a los empleados de vez en cuando.

– Comprendo -murmuró sir Vaughn-. Ahora entiendo por qué mi hacienda va de mal en peor. El problema es que necesito a una mujer rica para ponerla en condiciones y no puedo cazar ninguna mujer rica sin una hacienda en condiciones -rió-. Mientras decido cómo solucionar mi problema, permanezco en la corte y disfruto de los placeres de la vida.

– ¿Dónde se encuentran vuestras tierras? -preguntó Nyssa montando de nuevo y emprendiendo el camino de regreso al campamento.

– En Oxfordshire -contestó él siguiéndola-. Creo que os gustarían. Poseo una casa en ruinas y varios cientos de acres de tierra poblada de maleza y matorrales.

– ¿Por qué no habéis contratado a arrendatarios que cuiden de ellas? -inquirió Nyssa, extrañada-. ¿No criáis ganado ni ovejas?

– Veo que sois una verdadera mujer de campo

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– no el.

– La tierra y las gentes que la trabajan son la mayor riqueza de Inglaterra -aseguró la joven-. Preguntádselo al rey y veréis cómo está de acuerdo conmigo.

– Acepto la regañina con humildad -sonrió Cyn-ric Vaughn agachando la cabeza-. Quizá vos podríais enseñarme todo cuanto necesito saber para convertirme en un granjero modélico.

– Os burláis de mí.

– Nada más lejos de mi intención, señora -protestó él fingiéndose ofendido.

– Entonces, ¿habéis decidido volver a las andadas?

– inquirió Nyssa mientras se preguntaba si Tom Cul-peper habría confiado su secreto a Cynric Vaughn. Si lo había hecho, Cat se encontraba en una situación muy comprometida. Debía averiguarlo-. ¿Estáis coqueteando conmigo otra vez?

– Me parece que sois vos la que está coqueteando conmigo.

– ¿No fuisteis vos quien me aconsejó que me olvidara de Tom Culpeper?

– Os advertí que tiene una amante muy celosa -replicó Cynric Vaughn acercando su rostro al de Nyssa.

– Me pregunto a qué se debe tanto interés por mi vida privada -sonrió Nyssa. Nunca se había comportado de una manera tan descarada, pero no tenía tiem po que perder. Si no conseguía hacer entrar en razón a Cat antes de que la caravana regresara a Londres, corría el peligro de ser descubierta con las manos en la masa.

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