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Электронная книга - «El Árbol De La Diana». Краткое содержание книги:

Si Elena Peralta viaja a México es porque nada la ata ya a su país natal, España. Va en busca de la madre que jamás conoció, en busca de la hacienda que aparece en velados recuerdos de infancia, en busca del árbol familiar que ha regado con la esperanza.
Sin embargo, la primera noticia que recibe al llegar a su destino es que su madre acaba de morir. Tras los muros del silencio se esconden, sin lugar a dudas, las claves que darán sentido a su vida y su pasado. Antonio, el cacique local, también ha perdido a su padre en extrañas circunstancias. Acoge a la recién llegada con desconfianza, pues la sombra del asesinato se cierne sobre las dos muertes recientes, y el mayor sospechoso es Agustín, el hermano que Elena espera encontrar pero que ha huido de la justicia.
Poco a poco, Elena y Antonio dejarán de lado los recelos y sucumbirán a la fuerte atracción que sienten el uno por el otro, a una pasión delirante. También tirarán del hilo hasta sacar a la luz los oscuros secretos que unen a sus dos familias. Pero la verdad amenaza con separarlos, porque el árbol familiar ha sido regado con sangre.
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– ¡Noooooo…! -Antonio lanzó un alarido aterrador, anteponiendo su cuerpo para proteger el de Elena.

La sirvienta se detuvo y miró a Elena, y después a Antonio. Su mano seguía inmóvil empuñando el arma.

De repente un gran estruendo en la sala rugió en toda la casa.

Capítulo45

Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y esa, solo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

Pablo Neruda

Elena se había encerrado en su habitación. Estaba impresionada por todo lo que había presenciado y sabido aquella siniestra madrugada, y aún no se había repuesto de la impresión al ver a Lucía dirigiendo el arma hacia sí misma y disparando en su sien derecha mientras un potente reguero de sangre emanaba de su cabeza al tiempo que se desplomaba en el suelo.

Antonio se quedó en el salón para finalizar las diligencias y ofrecer las oportunas explicaciones a las autoridades. Aún tenía grabada en su retina la mirada cargada de reproche que Elena le dirigió al descubrir aquel último secreto, una mirada que se transformó en dolor al conocer la verdad sobre la muerte de su padre. Reflexionaba a solas sobre el destino, y concluyó que la irrupción de Elena en su vida no había sido casual. Estaba convencido de que los dos hechos ocurridos en el viejo establo tuvieron la única finalidad de hacer cambiar el rumbo de Agustín y de él mismo. Elena sobrevivió a aquel suceso para regresar años después y mostrar la maldad que aún había quedado impregnada entre aquellos muros.

Se encaminó hacia la escalera, obedeciendo al impulso de ir a implorar perdón por las infamias cometidas con su familia. Al entrar en la habitación halló a Elena sentada en la cama con la mirada fija en el suelo; estaba llorando.

– Elena -dijo arrodillándose frente a ella-, ojalá pudiera compensarte por todos los errores, por todas las injusticias que se cometieron…

Elena tomó la mano de Antonio entre las suyas.

– Ya lo has hecho. Saldaste tu deuda: liberaste a Agustín, aun creyendo que era culpable -repuso con infinita ternura.

– Pero no es suficiente. Lo siento, lo siento… Te quiero tanto… -suplicaba apoyando la cabeza sobre su pecho.

Por primera vez desahogó su dolor; él jamás había derramado una lágrima, ni siquiera de niño, en la soledad del internado. Las escasas muestras de afecto que recibió a lo largo de su vida se las había entregado ella, demostrándole su grandeza de espíritu frente al egoísmo que él le ofreció.

– Todos hemos sido víctimas de la maldad de Andrés Cifuentes. Incluso tú, su propio hijo, sigues expiando los perversos actos que él cometió. Jamás podría odiarte por lo que él hizo, y no voy a permitir que ahora, desde la tumba, arruine también nuestras vidas… Se lo debemos a mi familia. Nada ni nadie va a separarnos de nuevo.

Se fundieron al fin en uno solo, envueltos en lágrimas, entregándose el amor reprimido durante aquella negra tormenta que había recorrido sus vidas. Eran solo un hombre y una mujer, llenos de amor, de ternura, de necesidad de estar unidos para siempre, dispuestos a luchar por su futuro.

Mercedes Guerrero

Mercedes Guerrero González nació en Aguilar de la Frontera (Córdoba, España) en 1963. Diplomada en Técnico de Empresas y Actividades Turísticas, habla varios idiomas y durante dieciséis años ha dirigido distintas empresas relacionadas con el sector turístico.

Actualmente reside en Córdoba y a primeros de 2007 decidió abandonar toda actividad profesional para dedicarse en exclusiva a las dos vocaciones de su vida: escribir historias y disfrutar de su familia.

El árbol de la diana es su primera novela.

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