Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Эзотерика » Relatos De Poder

Электронная книга - «Relatos De Poder». Краткое содержание книги:

Este cuarto volumen de las Enseñanzas de don Juan se abre con un encuentro entre Castaneda y su maestro, en el que el discípulo pregunta a don Juan: «¿Por qué me dio plantas visionarias en el inicio de mi entrenamiento en el camino del conocimiento?» La respuesta a esta demanda es: «Por tu falta de sensibilidad; necesitaba una herramienta para abrir esa cabeza tan dura». Dicho y hecho: en este punto nuestro autor reemprende sus enseñanzas sin la ayuda explícita de las plantas, prosiguiendo su aprendizaje en el camino de la sabiduría del enigmático don Juan…
Con plantas o sin ellas, seguiremos en el reino de los ensueños, en el camino del conocimiento, en el mundo de los acertijos, asistiremos a diálogos enigmáticos y tronchantes entre don Juan y el aprendiz Castaneda, con unas descripciones y una narración llenas de una fina psicología, planteando y replanteando constantemente el concepto que uno tiene de al realidad y de la participación y dominio de la misma.
Esta entrega de las enseñanzas retoma la situación dónde se había dejado el segundo libro de la serie, Una realidad aparte -pues el tercer libro, Viaje a Ixtlán, fue una reelaboración de lo expuesto en los dos primeros libros, conformando la base para el doctorado que Castaneda presentó en la Universidad de UCLA. En Relatos de poder se expone, largo y tendido, una discusión sobre los conceptos del tonal y el nagual, sobre el conocimiento de las fuerzas y articulaciones del mundo invisible, del dominio de uno mismo, y de la interacción consciente, con propósito y con estrategia en el reino de lo visible e invisible.
Algunas personas han querido ver ciertas semejanzas entre lo expuesto en este libro y las enseñanzas zen. Sea como fuere, narrando actitudes zen o estrategias del guerrero Juan Matus, o bien refundiendo estados alterados de consciencia en episodios de ensoñación, este libro, como los otros de la serie, buen puede tomarse como un relato de enseñanzas, de diálogos sin desperdicio y de inquirir e preguntarse una y otra vez sobre el mundo en que vivimos.
1 ... 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ... 70
Перейти на страницу:

"Y ahora vas a quedarte callado y sin pensamientos para dejar que la polillita venga otra vez a ti."

Apenas me era posible tomar notas. Don Juan, riendo, me instó a proseguir mi escritura como si nada me molestara. Me tocó el brazo y me dijo que escribir era el mejor escudo de protección con que yo podría contar.

– Nunca hemos hablado de las polillas -continuó-. No había llegado la hora hasta hoy. Como ya sabes, tu espíritu estaba sin balance. Para contrarrestar eso, te enseñé la vida del guerrero. Pues bien, un guerrero empieza la faena con la certeza de que su espíritu está fuera de balance; pero a medida que va adquiriendo, sin pena ni apuro, control y conocimiento, también va haciendo lo mejor que puede por ganar ese balance.

"En tu caso, como en el de todos los hombres, tu falta de balance se debía a la suma total de todas tus acciones. Pero ahora tu espíritu parece estar en una claridad propicia para hablar de las polillas."

– ¿Cómo supo usted que ésta era la hora correcta para hablar de las polillas?

– Cuando llegaste, miré a una rondando alrededor de la casa. Esa era la primera vez que se mostraba amistosa y abierta. Ya la había visto antes en las montañas, junto a la casa de Genaro, pero solamente como una figura espeluznante que reflejaba tu falta de orden.

En ese momento oí un extraño sonido. Era como el crujido apagado de una rama que raspase contra otra, o como el petardeo de un motor pequeño oído a distancia. Cambiaba de escalas, como un tono musical, creando un ritmo sobrecogedor. Luego cesó.

– Esa fue la polilla -dijo don Juan-. A lo mejor ya notaste que, aunque la luz de la linterna es lo bastante viva para atraer polillas, no hay ni siquiera una sola volando en torno de ella.

Yo no había prestado atención al hecho, pero una vez que don Juan me lo hizo notar, advertí también un silencio increíble en el desierto que circundaba la casa.

– No te sobresaltes -dijo calmadamente-. No hay nada en este mundo de lo cual un guerrero no pueda dar razón. Verás, un guerrero se considera ya muerto, y así no tiene ya nada que perder. Ya le pasó lo peor, y por lo tanto se siente tranquilo y sus pensamientos son claros; a juzgar por sus actos o sus palabras, uno jamás sospecharía que un guerrero lo ha presenciado todo.

Las palabras de don Juan, y sobre todo su ánimo, me resultaban muy confortantes. Le dije que en mi vida cotidiana había definitivamente dejado de experimentar mi antiguo miedo obsesivo, pero que mi cuerpo se convulsionaba de temor al pensar en lo que había allí en las tinieblas.

– Allá afuera sólo hay conocimiento -dijo en tono objetivo-. El conocimiento es pavoroso, cierto; pero si un guerrero acepta la naturaleza aterradora del conocimiento, cancela lo temible.

El extraño sonido barbotante se oyó de nuevo. Parecía más cercano y más fuerte. Escuché con cuidado. Mientras más atención le prestaba, más difícil era determinar su naturaleza. No parecía ser el canto de un pájaro ni el gruñir de un animal terrestre. El tono de cada barbotar era rico y profundo; algunos se producían en una escala baja, otros en una alta. Tenían ritmo y duración específica; algunos eran largos, yo los oía como una sola unidad sonora; otros eran cortos y venían en conglomerado, como el sonido en staccato de una ametralladora.

– Las polillas son los heraldos o, mejor dicho, los guardianes de la eternidad -dijo don Juan cuando el sonido hubo cesado-. Por alguna razón, o a lo mejor por ninguna, son los depositarios del polvo de oro de la eternidad.

La metáfora me era ajena. Le pedí explicarla.

– Las polillas llevan polvo en sus alas -dijo-. Un polvo de oro. Ese polvo es el polvo del conocimiento.

Su explicación había oscurecido más Aún la metáfora. Vacilé un momento, queriendo hallar la mejor manera de formular mi pregunta. Pero él empezó a hablar de nuevo.

– El conocimiento es un asunto de lo más peculiar -dijo-, especialmente para un guerrero. El conocimiento, para un guerrero es algo que llega de pronto, lo envuelve, y pasa.

– ¿Qué tiene que ver el conocimiento con el polvo en las alas de las polillas? -pregunté tras una larga pausa.

– El conocimiento llega flotando como centellas de polvo de oro, el mismo polvo que cubre las alas de las polillas. Y así pues, para un guerrero, el conocimiento es como si le cayera el agua de una regadera, o como si le llovieran centellas de polvo de oro.

En la forma más cortés que me fue posible, mencioné que sus explicaciones me hablan confundido más aún. Riendo, me aseguró que cuanto decía tenía perfecto sentido, sólo que mi razón no me dejaba en paz.

– Las polillas han sido amigas intimas y ayudantes de los brujos desde tiempos inmemoriales -dijo-. No le di antes a este tema a causa de tu falta de preparación.

– ¿Pero cómo puede el polvo en sus alas ser conocimiento?

– Ya verás.

Puso la mano sobre mi cuaderno y me indicó cerrar los ojos y quedarme callado y sin pensar. Dijo que el canto de la polilla en el chaparral me asistiría. Si le prestaba atención, me hablaría de sucesos inminentes. Recalcó que no sabía cómo iba a establecerse la comunicación entre la polilla y yo, ni cuáles serían los términos de la comunicación. Me instó asentirme tranquilo y seguro y a confiar en mi poder personal.

Tras un periodo inicial de impaciencia y nerviosismo, logré quedar en silencio. Mis pensamientos disminuyeron en número hasta que mi mente se vació por completo. Los ruidos del chaparral desértica parecieron surgir al parejo de mi calma.

El extraño sonido que don Juan atribuía a una polilla se dejó escuchar nuevamente. Se registraba como una sensación en mi cuerpo, no como un pensamiento en mi mente. Se me ocurrió que no era para nada ominoso ni malévolo. Era dulce y sencillo. Era como el llamado de un niño. Trajo la memoria de un niñito que yo conocí. Los sonidos largos me recordaban su redonda cabeza rubia; los sonidos cortos, en staccato, su risa. Me oprimió un sentimiento de angustia suprema, y sin embargo no había ideas en mi mente; sentía la angustia en el cuerpo. Incapaz de permanecer sentado, me deslicé hasta quedar de lado sobre el suelo. Mi tristeza era tan intensa que empecé a pensar. Evalué mi dolor y mi pena y de pronto me hallé inmerso en un debate interno acerca del niño. El sonido barbotante había cesado. Mis ojos estaban cerrados. Oía don Juan incorporarse y luego sentí cómo me ayudaba asentarme. Yo no quería hablar. Él no dijo una palabra. Lo oí moverse junto a mí. Abrí los ojos; se había arrodillado frente a mí y examinaba mi rostro, acercándome la linterna. Me ordenó poner las manos en el estómago. Se levantó, fue a la cocina y trajo agua. Salpicó parte de ella en mi cara y me dio a beber el resto.

Tomó asiento a mi lado y me entregó mis notas. Le dije que el sonido me había envuelto en una ensoñación sumamente dolorosa.

– Te estás entregando a tu vicio -dijo con sequedad.

Pareció sumergirse en sus pensamientos, como si buscara una proposición adecuada que hacer.

– El problema de esta noche es ver gente -dijo por fin-. Primero debes parar tu diálogo interno, y luego traer la imagen de la persona que quieres ver; cualquier pensamiento que uno lleva en mente en un estado de silencio es propiamente una orden, pues no hay otros pensamientos que compitan con él. Esta noche, la polilla en las matas quiere ayudarte, y cantará para ti. Su canción traerá las centellas doradas, y entonces verás a la persona que has elegido.

Quise más detalles, pero él hizo un gesto brusco y me indicó proceder.

Tras luchar unos cuantos minutos por suspender mi diálogo interno, me hallé en silencio total. Y entonces, con deliberación, pensé brevemente en un amigo mío. Mantuve los ojos cerrados durante un lapso que creí instantáneo, y entonces me di cuenta de que alguien me sacudía por los hombros. Fue una lenta toma de conciencia. Abrí los ojos y me descubrí yaciendo sobre el costado izquierdo. Al parecer me había dormido tan profundamente que no recordaba haberme dejado caer por tierra. Don Juan me ayudó a sentarme de nuevo. Reía. Imitó mis ronquidos y dijo que, de no haberlo visto con sus propios ojos, no creería que alguien pudiera dormirse tan rápido. Afirmó que para él era un regocijo estar cerca de mí cada vez que yo debía hacer algo que mi razón no comprendía. Hizo a un lado mi cuaderno de notas y dijo que debíamos empezar otra vez desde el principio.

1 ... 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ... 70
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)