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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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– Como es debido -contestó él, siguiendo la broma, más relajado al ver que yo me comportaba con normalidad.

Por desgracia, sólo era una actuación. Tuve que hacer un esfuerzo para tragar otra cucharada de arroz. ClanFintan continuó con su informe.

– Seguir el rastro de los Fomorians que habían sobrevivido fue más difícil que supervisar la repoblación del Castillo de la Guardia. Durante nuestra búsqueda encontramos a muchas mujeres. Cuando sus captores murieron, o huyeron, dejaron grupos de mujeres embarazadas en el camino. Algunas tenían la viruela, y estaban tan débiles que murieron rápidamente. A las que sobrevivieron y todavía estaban en los primeros meses de embarazo, Carolan les administró una poción, que funcionó todas las veces, y que les provocó un aborto. Sin embargo, casi la mitad de esas mujeres murió durante el proceso. Fue muy poco lo que Carolan pudo hacer por las mujeres con un embarazo muy avanzado. Sólo pudo mitigar su dolor y suavizar su muerte. Para él fue muy difícil no poder salvarlas, Rhea.

Seguí su mirada y me di cuenta de que Carolan tenía nuevas arrugas alrededor de los ojos. Acariciaba constantemente a Alanna, casi con desesperación, como si ella pudiera desvanecerse ante sus ojos.

– Me aseguraré de que Alanna tenga mucho tiempo libre -sugerí.

– Eso será una gran ayuda para él -dijo ClanFintan-. Yo también tengo la esperanza de que mi esposa disponga de tiempo libre para mí -añadió mientras me guiñaba un ojo.

– Bueno, pues da la casualidad de que yo conozco a tu esposa -dije, intentando que mis palabras tuvieran un tono sugerente. Sin embargo, sentí otra nueva oleada de náuseas-. Y, eh… ella me ha asegurado que… ¡Oh, mierda!

Me incliné hacia un lado de la silla y vomité como un volcán sobre el suelo de mármol, y desafortunadamente, también sobre una sirvienta que no se apartó con la rapidez necesaria.

Sabía que todo el mundo se había quedado en silenció, pero yo estaba muy ocupada intentando respirar y limpiándome la boca. Cuando Victoria y Carolan se acercaban a mí rápidamente, vomité de nuevo, esta vez sobre ellos.

– Oh… ¡lo siento muchísimo! -dije, tartamudeando y temblando.

No sé por qué, me puse de pie, y al instante, la cabeza comenzó a darme vueltas. No podía respirar. Me fallaron las rodillas.

– ¡Te tengo, Rhea! -dijo Victoria, y me di cuenta de que había llegado a mi lado antes que ClanFintan, porque me estaba tendiendo, con cuidado, sobre el diván.

Abrí los ojos, pero no podía respirar. Me iba a morir delante de todo el mundo, vomitando… Dios, qué modo tan poco atractivo de fallecer…

Entonces, ClanFintan me tomó en brazos y yo me sentí doblemente asustada, al ver que él se había quedado pálido…

– No, espera, tengo que decirle una cosa a Victoria…

Alargué ciegamente la mano y noté que ella me agarraba con suavidad.

– Quiérelo -le susurré, y me di cuenta de que abría unos ojos como platos-. No importa lo que diga la gente, ni que haya diferencia de edad -añadí, y me aferré con fuerza a su mano al notar que quería soltarme. Si yo me estaba muriendo, ella iba a escucharme. Después de habérselo dicho, podría seguir vomitando tranquilamente hasta la muerte-. Lo necesitas. Deja de huir y acepta el regalo asombroso que te ha hecho la vida.

Ella se había quedado muy callada, y su expresión no cambió. Lo único que noté fue que sus hombros, normalmente erguidos y orgullosos, se habían hundido.

Le apreté la mano antes de soltarla y apoyar la cabeza en el pecho de ClanFintan.

– Me siento tan mal… -murmuré.

– Sanador, sígueme -dijo ClanFintan con una voz pétrea, mientras nos marchábamos del salón.

Capítulo 3

– Lleva así unas catorce jornadas, quizá más -dijo Alanna-, pero nunca hasta ahora se había indispuesto en público.

– Ya me encuentro mejor. Sólo necesito tumbarme un rato -dije yo, mientras mi esposo me llevaba a mi habitación, seguido por Carolan y Alanna. Después añadí con un gruñido -: He estropeado la celebración. Alanna, debes ir al salón y decirle a todo el mundo que sólo tengo… unas molestias en el estómago, y que ahora que Carolan y mi esposo han regresado, me pondré bien.

Alanna iba a protestar, pero yo me saqué un as de la manga.

– Hazlo por mí. La gente se va a preocupar mucho…

– Por supuesto -respondió ella, aunque por su sonrisa forzada me di cuenta de que conocía mis tácticas-. Pero volveré rápidamente en cuanto haya tranquilizado a la gente -entonces, se volvió hacia su marido y le dijo en un susurro-: Por favor, querido, averigua qué le ocurre.

– ¡Lo he oído! -le grité mientas se alejaba. Alanna me hizo caso omiso.

Después me fijé en los dos hombres, que me estaban mirando como si fuera una gallina a punto de poner un huevo.

– ¿Por qué no nos mandaste aviso de que estabas enferma? -me preguntó ClanFintan, más dolido que enfadado.

– No quería que os preocuparais. Y supongo que pensaba que, si no admitía que había algo malo, no habría nada malo.

Con un gruñido, dio a entender que pensaba que yo era boba.

– Tengo que examinarte, Rhea -me dijo Carolan con su voz serena.

– De acuerdo…

– ClanFintan, te avisaré cuando haya terminado la exploración -dijo Carolan.

– Yo prefiero quedarme con Rhea -dijo ClanFintan.

Antes de que yo pudiera intervenir, Carolan habló con la tranquila seguridad que proporciona la experiencia.

– Para ella es mejor tener algo de intimidad. Confía en mí, amigo -le dijo a mi marido, y le posó la mano en el hombro, mirándolo fijamente.

ClanFintan asintió. Se inclinó hacia mí y me besó la frente.

– Estaré junto a la puerta. Si me necesitáis, sólo tenéis que avisarme.

Salió con rapidez.

Después, yo intenté sonreír a Carolan con valor.

– Gracias. Lo quiero mucho, pero todo esto es muy embarazoso para mí, y, bueno… tienes razón en lo de que necesito privacidad.

Me devolvió la sonrisa mientras se sentaba a mi lado en el colchón.

– Bueno, y ahora que ya no estoy hiperventilando, ¿qué hay que hacer?

– Pues… nada demasiado horrible -me dijo Carolan-. Te voy a hacer unas cuantas preguntas, y después te haré una exploración. Dime cuánto tiempo llevas sintiéndote mal.

– Calculo que unas tres semanas -admití con un suspiro-, o como diría Alanna, unas veintiuna jornadas. Sin embargo, durante las dos últimas semanas ha sido tan evidente que no he podido ocultárselo a ella.

– ¿Cuánto tiempo llevas con los vómitos? -preguntó, mientras me palpaba las glándulas del cuello con expresión preocupada.

– Un poco más de una semana, aunque llevaba unas tres semanas con náuseas.

– ¿Y has notado algún otro síntoma, aparte de las molestias de estómago?

– Bueno… me he sentido un poco inquieta y deprimida.

Él me dio unos golpecitos en el brazo, y después sacó de su bolsa médica un objeto en forma de embudo.

– Por favor, incorpórate y respira profundamente -me pidió, y yo obedecí. Después, comenzó a usar aquel objeto como si fuera un estetoscopio.

Debió de quedar satisfecho con lo que oía, porque dejó aparte el estetoscopio y continuó con el examen, sondando, pinchando y observando mi cuerpo, por dentro y por fuera, mientras me hacía preguntas, como qué tipo de flores habían puesto mis sirvientas en los jarrones de la habitación y con qué frecuencia iba al baño.

Por fin, terminó. Me dio unas palmaditas en las manos y dijo:

– Estoy muy seguro de que…

– ¡Tengo un tumor cerebral! -exclamé, con el estómago encogido.

Carolan se echó a reír.

– No tienes ningún tumor, Rhea, pero sí tienes algo en el cuerpo, algo que no estaba hace unos pocos meses -respondió con los ojos brillantes-. Estás embarazada.

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