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Электронная книга - «La Huida». Краткое содержание книги:

La vida de Grace Archer cambió para siempre ocho años atrás cuando asesinaron a su padre, un agente de la CIA. Ahora lleva una existencia tranquila, en una granja de caballos, junto a su hija Frankie. Pero el pasado siempre vuelve, y Grace deberá confiar en Jake Kilmer, el hombre que ya la traicionó una vez. El acecho de un asesino que la busca a cualquier precio no le dejará opción: deberá pedir ayuda a Jake para salvaguardar la vida de su hija y la suya propia. Juntas, Grace y la niña emprenderán una huida feroz protegidas por un hombre tan peligroso como atractivo. Es que por más que Grace intente negarlo, Jake tiene un lugar especial en su corazón…
El extraño poder de la protagonista para comunicarse con los caballos -razón fundamental por la que la busca su verdugo- será de gran ayuda en este viaje lleno de peligros, que no tardará en convertirse en un camino para reencontrar el verdadero amor.
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– No estoy de humor para escuchar a nadie, salvo a Frankie.

– Él te la traerá, Grace.

Eso ya lo sabía, pero la atormentaba la impaciencia. Habían encontrado a su hija, pero ¿estaba herida? No pasaría por alto esa posibilidad-. No va a tener que traérmela. Voy a ir a buscarla.

– Entonces, deja que te ayude.

En su frustración se había enfadado con él, pero nada de eso importaba ya cuando tenía que llegar hasta Frankie. Asintió con la cabeza.

– Sí, ayúdame a ir hasta ella, Donavan.

Diez minutos más tarde Grace vio a Frankie.

Primero la oyó, y luego, unos minutos después, apareció a través de la bruma de arena. Iba subida a los hombros de Robert Blockman, con la boca y la nariz cubiertas por un pañuelo. Kilmer caminaba a su lado.

– Hola, mamá. -Frankie la saludó con la mano-. Robert me está dando un paseo. Le dije que podía caminar, pero me contestó que debía estar bastante cansada.

– Y ella no previo llevarse un caballo que pudiera montar. -Kilmer sonrió abiertamente-. Pero Blockman cumplirá como mula de carga; todo músculos y nada de cerebro.

Robert soltó una carcajada.

– Al menos esta vez no me han disparado como a ti.

Estaban de broma, se percató Grace sin salir de su asombro. Estaba tan nerviosa que tenía la sensación de que iba a deshacerse, y ellos se estaban riendo.

– Ponla en el suelo, Blockman. -Kilmer estaba observando la cara de Grace-. Descansa durante un minuto o dos.

El hombre bajó cuidadosamente a Frankie.

– De todos modos, tengo que ir a comprobar si nos siguen los caballos. -Se alejó a grandes zancadas en la dirección por la que habían venido.

– Sí, pero Maestro no parecía tener problemas para seguimos, y creo que Charlie lo mantendrá a raya. -Frankie arrugó la frente de repente cuando vio el hombro vendado de Grace-. ¿Te encuentras bien, mamá?

Su madre recorrió la distancia que las separaba como una flecha y se arrodilló delante de ella.

– Me encuentro fantásticamente bien -dijo con voz ronca mientras la envolvía en un abrazo y hundía la cara en el pelo de Frankie-. Vaya, me has dado un susto de muerte. No deberías haber huido de esa manera.

– Tenía que proteger al potro. Cuando nació, me dijiste que mi misión era cuidar de él. -Le dio un achuchón a su madre y luego se apartó-. Me llevé una manta y nos escondimos debajo de ella. El potro estaba muy asustado, pero conseguí tranquilizarlo. -Arrugó la nariz-. No como haces tú. Pero él sabe que lo quiero y creo que eso ayudó.

– Suele pasar. -Grace miró a Kilmer por encima del hombro de Frankie-. ¿No está herida?

– Está un poco deshidratada, pero eso todo -respondió él-. Sólo está cansada. Creo que esta noche dormirá bien. El todoterreno está aparcado en la carretera. Llevémosla hasta allí y volvamos al oasis. ¿Cómo está tu hombro?

– No muy bien -dijo Donavan-. Al igual que su humor. -Sonrió a Frankie-. Tal vez tú puedas interceder en mi favor. ¿Qué te parece?

– ¿Qué es lo que hiciste? -preguntó la niña.

– Fui un poco lento vendándola. Quería ir a buscarte.

– Jake me encontró. Oyó a Charlie.

– ¿A Charlie?

– Dice que Charlie montó guardia junto a ella y el potro -le aclaró Kilmer-. Cree que estuvo protegiendo a Maestro porque es su padre. Le dije que era posible. -Sonrió-. Los padres sienten algo especial por su descendencia.

– Los encontré. -Robert reapareció-. Nos están siguiendo. Pero ese potro se toma su tiempo.

– Es pequeño -dijo Frankie, poniéndose a la defensiva-. ¿Podemos llevarlo en el todoterreno?

– No creo que ésa sea una buena idea -dijo Grace-. No habría espacio. Y probablemente desee estar con su madre.

La niña puso ceño.

– Entonces volveré caminando con él. Él es de mi responsabilidad.

– No, no harás tal cosa -dijo Grace-. Quiero sacarte de este desierto y que vuelvas al oasis.

Su hija apretó la mandíbula.

– Cuando el potro esté fuera de él.

– Frankie…

– Haré que Blockman escolte a los caballos hasta el campamento -dijo Kilmer.

– ¿Quién?, ¿yo? -Robert hizo una mueca-. Puedo intentarlo, pero tal vez deberías decirle a Vazquez que me ayude.

– Tengo que cuidar de Maestro -insistió Frankie.

– ¿A qué distancia está el campamento? -preguntó Grace.

– A casi siete kilómetros -dijo Kilmer-. Demasiado lejos para que vaya andando después de todo lo que ha pasado. Estamos a tres kilómetros de la carretera. Podemos volver con un remolque para los caballos en cuanto lleguemos al campamento.

– No estaba pensando en Frankie. -Grace sonrió a su hija-. Tienes razón, eres responsable del potro, pero yo lo soy de Charlie y Hope. Los traje al desierto para que os encontraran, y cumplieron con su trabajo. No podría dejarlos aquí, sin nadie en quien confíen para que los lleve de vuelta al corral.

Frankie asintió con la cabeza.

– Entonces nos quedaremos las dos.

– Es una tontería que nos quedemos las dos. Tú puedes encargarte de inspeccionar el remolque cuando vuelvas al campamento, y asegurarte de que está en condiciones. Eso sería una gran ayuda.

La niña negó con la cabeza.

– Frankie, ya has cumplido con tu trabajo. Te aseguraste de que Maestro estuviera a salvo. Ahora es el momento de facilitarles las cosas a todos estos hombres que os han estado buscando a ti y al potro. No estarán tranquilos hasta que sepan que estás a salvo en el campamento.

– Pero yo quiero… -Frankie suspiró-. De acuerdo. Iré e inspeccionaré el remolque. Pero volveré con Jake. -Se volvió hacia Kilmer-. Envía a alguien con mi madre para que la ayude. No podrán manejar a Charlie y a Hope, pero no quiero que esté sola.

– Ni yo tampoco -contestó él en voz baja-. ¿Qué tal si yo me quedo con ella? Donavan podría llevarte de vuelta al campamento y traer el remolque.

Frankie lo observó escrutadoramente durante un instante.

– Quédate tú.

– Excelente. -Kilmer le dio un rápido abrazo y se volvió hacia Donavan-. Así pues, marchaos vosotros tres. Sería fantástico que pudieras tener el remolque en la carretera cuando lleguemos allí. -Volvió junto a Grace cuando Blockman, Donavan y Frankie empezaron a alejarse-. ¿Hay alguna manera de que podamos hacer que esos caballos se den un poco de prisa?

– Probablemente, no. Es casi seguro que estén sedientos y que tengan irritados todos los orificios. Lo cual significa que su humor también será irritable. ¿Hiciste que Blockman comprobara las mascarillas que les puse?

– Sí. Lo hizo con mucho cuidado.

– Entonces, las volveré a inspeccionar. -Levantó la vista al cielo-. Me parece que el cielo está más luminoso. ¿Acabará por despejar?

– Es difícil de decir. Pero el viento está mucho más tranquilo. -Volvió a mirar hacia la carretera-. Me parece ver a la Pareja.

– Charlie y Hope -le corrigió ella.

– Lo que sea.

– No, ellos encontraron a Frankie. Llamarlos la Pareja los vuelve… impersonales. No se lo merecen.

Kilmer la miró por encima del hombro y sonrió.

– Charlie y Hope, entonces.

– Sigues cojeando. Deberías haber dejado a Donavan conmigo…

– No, no debería. -La miró directamente a los ojos-. Aquí es exactamente donde debo estar.

¡Dios bendito! Grace fue incapaz de apartar la mirada.

Kilmer asintió con la cabeza y desvió la mirada hacia los caballos que se acercaban a ellos.

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