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No te escondas

Электронная книга - «No te escondas». Краткое содержание книги:

Una mujer se suicida una gélida noche en Chicago.
Sin embargo, cuando el detective Aidan Reagan entra en el apartamento de la víctima, todas las evidencias muestran que ha sido un homicidio y apuntan a una sola persona: la psiquiatra Tess Ciccotelli.
Tess no puede evitar que Aidan la juzgue culpable antes siquiera de escucharla. Pero ella no puede facilitarle la información que la exculparía. Alguien ha atrapado a Tess en una red de desconfianza, engaños y traiciones. Y el cerco sobre ella se estrecha cada vez más.
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Vito se puso en pie.

– Claro. Oye, Tess, ese policía…

– ¿Aidan? Es buena persona, Vito. Muy buena persona. Quiere mucho a su madre.

Él sonrió.

– Estupendo. Así no tendré que liquidarlo.

Ella le devolvió la sonrisa.

– Estoy muy contenta de tenerte aquí.

Miércoles, 15 de marzo, 8.03 horas.

Aidan hizo una mueca al abrir la puerta de la sala de reuniones y ver que cuatro pares de ojos se clavaban en él.

– Lo siento -masculló, y se sentó entre Jack y Murphy-. ¿Qué me he perdido?

– Nada -dijo Spinnelli en tono seco-. Pero Rick está que trina, así que vamos a dejarlo que hable el primero.

– Tengo una pista de una de las cámaras. -Rick sonrió de oreja a oreja-. De la más antigua.

Era la cámara del cuarto de baño de Tess, la que no había podido quitarse de la cabeza en toda la mañana. Incluso mientras la besaba y la acariciaba, una parte de su mente se preguntaba con repugnancia quién la habría visto desnuda.

– ¿Cómo es eso?

– He recordado que en ese modelo para que la cámara funcione hay que accionar un interruptor, y he comprobado si había huellas. -Rick levantó la funda de la cámara-. En la parte inferior hay parte de una.

Murphy le indicó con un gesto que se espabilara.

– A este paso nos haremos viejos, Rick.

– La hemos comparado con el AFIS y coincide con unas cuantas -explicó Jack-. A Rick le sonaba uno de los nombres de la lista.

– Un pervertido que se dedicaba a instalar cámaras en el vestuario de las chicas de un instituto -dijo Rick-. Lo avisaron para que hiciera la instalación eléctrica del edificio y se montó una línea particular. Utilizó el mismo modelo de cámara.

– David Bacon -aclaró Spinnelli, y colocó la fotografía de la detención en medio de la mesa-. Cumplió tres años de los cinco a que lo condenaron por el caso. Acabaron acusándolo de pornografía infantil porque las chicas eran menores. Salió de la cárcel hace ocho meses.

– Cuando se dictó sentencia lloró como un niño -dijo Rick con desdén-. Menudo cagado.

Aidan se quedó mirando la fotografía y la descripción de Bacon, y se esforzó por que en su mente imperara la razón.

– ¿Lloró? No me cuadra.

Se sacó del bolsillo el papel escrito a mano por Tess.

– Tess elaboró anoche un perfil psicológico.

Spinnelli aguzó la vista.

– ¿Y cuándo te lo ha dado?

Aidan mantuvo el semblante impasible.

– La he visto esta mañana, antes de venir.

Spinnelli asintió, era obvio que no se había quedado convencido.

– Ya. ¿En qué hotel se aloja?

– En el Holiday Inn del centro.

– Ya. ¿Y qué dice el perfil, Aidan?

Parecía ser que Spinnelli no pensaba hacer más comentarios al respecto. Aidan se relajó un poco.

– Dice que durante sus años de ejercicio profesional no había visto nunca una combinación de rasgos semejante, que es muy rara; sobre todo lo es encontrar a alguien tan centrado y eficiente. Por la cantidad de víctimas, es probable que se trate de un hombre. Y por la paciencia y capacidad de planificación que demuestra, es probable que no sea muy joven. Es un voyeur antisocial, con estudios superiores y gusto por el teatro. Puede que sea actor, o que vaya a ver obras a menudo. Es posible incluso que compre abonos de temporada. Tiene conocimientos sobre las voces y la impostación, y también sobre la tecnología de vigilancia. Conoce los fármacos, sobre todo los psicotrópicos, y sabe utilizarlos para manipular a quien los tome. Sabe algo de psicología… eligió a tres de los pacientes más vulnerables y diseñó para cada uno una forma de tortura específica. O sabe reconocer esas capacidades en otras personas y se asegura de que las pongan en práctica.

Aidan depositó el papel sobre la mesa de modo que Murphy pudiera verlo y prosiguió.

– Le gusta ver que los demás sufren. Es probable que tenga un historial previo de delitos menores, aunque seguramente no llegaron a detenerlo, es demasiado listo. Pero todo se andará. No le gusta ensuciarse las manos pero lo hará si es necesario. Funciona por objetivos y se concentra mucho en ellos. Es posible que tenga un negocio propio. Está acostumbrado a delegar y se le da bien. En todo caso, no tiene un trabajo precario. -Frunció el entrecejo-. Es el tipo de persona capaz de matar a su madre sin que eso le quite ni un minuto de sueño si le sirve para cumplir su objetivo.

– Es muy completo -opinó Spinnelli-. Debe de haberle llevado bastante tiempo.

Aidan se la imaginó sentada sola, en su casa, con la pistola a mano y el perro a sus pies, atenazada por la preocupación hasta que se había quedado profundamente dormida de puro agotamiento.

– Se ha pasado la noche en blanco, y no es extraño después de un día como el de ayer.

– David Bacon se dedica a hacer instalaciones por cable -dijo Murphy-. Y también sabe cómo instalar conexiones inalámbricas. Eso quiere decir que es listo.

– Pero trabaja solo -observó Rick-. Quería mirar a las chicas y sabía que sería el único que lo haría. Ese es uno de los motivos por los que solo le cayeron cinco años. No se encontraron pruebas de que tuviera cómplices o distribuyera los vídeos.

– A lo mejor Bacon es solo una de las personas en quienes el asesino delega el trabajo -apuntó Jack-. De todos modos, no lo sabremos hasta que demos con él.

– Lo encontraremos -dijo Aidan tranquilo.

– Bueno, yo también tengo algo que explicar -dijo Spinnelli-. Los de Asuntos Internos han estado presionando a la empleada de Archivos y ha reconocido que Blaine Connell fue a consultar los casos de Adams y de Winslow.

Aidan cerró los ojos.

– No puede ser. -No eran amigos, pero Connell siempre le había parecido un tipo decente.

– Los de Asuntos Internos lo detendrán hoy mismo. Cuando ellos terminen, intervendremos nosotros.

– Si nos dejan algo más que migajas -masculló Jack-. Mierda.

Aidan rompió el silencio.

– ¿Qué hay de Wallace Clayborn? ¿Lo tenemos ya?

Spinnelli negó con la cabeza.

– Ayer por la noche envié a un par de agentes a buscarlo pero no lo encontraron. Esta mañana se están encargando Abe y Mia. ¿Está sola Tess?

El hecho de que el hermano de Aidan y su compañera se estuvieran encargando del caso lo tranquilizaba. No dejarían piedra por mover hasta encontrar a Clayborn.

– No. Su hermano llegó de Filadelfia anoche. Parece que la relación de Tess con la muerte de Seward es un notición en todo el país y su familia estaba preocupada.

– Anoche lo vi en la ESPN -comentó Rick-. Tú también aparecías, Aidan.

– No os vayáis por las ramas -dijo Spinnelli con sequedad-. ¿Qué cabos nos quedan sueltos?

Jack consultó su cuaderno.

– Todavía estoy esperando noticias sobre los números de serie de las pistolas que encontrasteis en casa de Adams. Si a la hora de comer no sé nada, volveré a llamar.

– Tenemos los recibos que encontramos en casa de Nicole Rivera -dijo Murphy-. Cuando hayamos dado con Bacon podemos ir a la juguetería a ver si alguien la recuerda.

– Y tenemos que descubrir quién estuvo en los pisos de todas las víctimas. -Aidan miró a Spinnelli-. ¿Puedes pedir que alguien revise las cintas de las cámaras de seguridad?

– Sí. Vosotros concentraos en localizar a David Bacon. Yo me encargo de Connell y de los de Asuntos Internos. Os llamaré a todos cuando sepamos algo. Conozco a Connell y podría creerlo capaz de entregar bajo mano algún que otro historial, pero no de disparar a Nicole Rivera a sangre fría. De todos modos, no sería la primera vez que me equivoco. Marchaos y tenedme al corriente. Ah, ¿Aidan?

Aidan se volvió desde la puerta.

– ¿Sí?

– Dile a Tess que necesitamos que organice sus archivos. Patrick ha telefoneado esta mañana. Ha reclamado los historiales clínicos como pruebas y quiere que ella los revise con nosotros. Mientras no cacemos a ese tipo, por lo menos podemos evitar su siguiente jugada. Dile que voy a enviar a un hombre a su consulta para comprobar que todo se hace según lo dispuesto. Luego se llevará la documentación y su lápiz de memoria. Patrick utilizará los archivos electrónicos mientras ponen en orden los papeles.

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