Sombras Del Crepúsculo
- Автор: Ховард Линда
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Sombras Del Crepúsculo». Краткое содержание книги:
Webb la contemplo meditabundo durante la cena, pero, una vez finalizada, no trato de hablar en privado con ella. Estaba cansada, más exhausta de lo que lo había estado nunca, y dudó de que con el lío de ideas que se agolpaban en su cabeza pudiera dormir esta noche, tan solo quería acostarse, tenía que acostarse. Dio las buenas noches a todos y regresó a su habitación.
Tan pronto como se tendió en su confortable cama, sintió que una extraña y pesada somnolencia la invadía. Fuera por el paseo, la falta de sueño acumulada, la tensión, o una combinación de todo lo anterior, cayó profundamente dormida.
Ni se enteró de que Webb entró silenciosamente en su habitación a través de las puertaventanas de la galería y comprobó cómo estaba, quedándose a escuchar su profunda y acompasada respiración para asegurarse de que estaba dormida, mirándola descansar un ratito, y marchándose después tan silenciosamente como había entrado. Durante esa noche, no fue consciente de cómo las manecillas del reloj giraban inexorablemente.
No recordaba qué había soñado; nunca lo hacía.
En lo más profundo de la noche, salió de su cama. Sus ojos estaban abiertos pero misteriosamente ciegos. Caminó sin prisa, sin vacilar, hasta su puerta y la abrió. Sus pies desnudos se movían seguros y silenciosos sobre la alfombra mientras recorría el pasillo hacia la escalera, como un fantasma con su blanco camisón.
No fue consciente de nada hasta que una súbita explosión de dolor explotó en su cabeza. Oyó un grito extrañamente distante, y después sólo hubo oscuridad.
Capítulo 17
Webb saltó de la cama, instantáneamente despierto y con la espantosa certeza de que era a Roanna a quien había oído gritar, aunque el sonido no había venido de su habitación. Agarró los pantalones y se los puso, abrochándoselos mientras corría hacia la puerta. El grito parecía haber provenido desde las escaleras. Dios, y si se había caído por ellas…
El resto de la familia también se había despertado. Oyó un murmullo de voces, luces que se encendían y puertas abriéndose. Gloria asomó la cabeza mientras él pasaba a toda velocidad por delante de ella. -¿Qué ocurre? – preguntó irritada.
Él no se molestó en contestar, toda su atención concentrada en llegar lo antes posible a las escaleras. Entonces la vio, tirada en el suelo, como una muñeca rota, en el rellano, en el ángulo recto en que doblaban las escaleras hasta el piso superior. Encendió las luces del techo, la araña casi cegaba con su resplandor, y el corazón casi se le para. La sangre, húmeda y oscura, le enmarañaba el pelo y empapaba la alfombra bajo su cabeza.
Oyó un ruido abajo, como si alguien hubiera tropezado con algo.
Webb miró alrededor y vio a Brock parado cerca, parpadeando somnoliento, sin comprender todavía lo que estaba sucediendo. -Brock,- dijo bruscamente. -Hay alguien abajo.
Su primo parpadeó de nuevo, y entonces la comprensión brilló en su mirada. Sin una palabra, bajó las escaleras. Greg no vaciló en seguir a su hijo.
Webb se arrodilló junto a Roanna y con suavidad presionó dos dedos contra su cuello, conteniendo la respiración. El pánico oprimía sus pulmones, asfixiándolo. Entonces sintió el pulso que palpita bajo las yemas de sus dedos, fuerte y regular, y se sintió débil de alivio. Ignoró el creciente murmullo de voces a su alrededor y suavemente le dio la vuelta. Harlan bramaba, Gloria y Lanette se abrazaban mutuamente y gemían bajito. Corliss permanecía de pie, congelada, en la puerta de su habitación, con los ojos como platos de terror mientras contemplaba el cuerpo inerte de Roanna.
Lucinda se abrió paso a empujones entre todos los cuerpos y se dejó caer pesadamente de rodillas junto a él. Estaba pálida, y su temblorosa mano se clavó en su brazo.-Roanna,- susurró, con voz tomada. -Webb, ¿está ella…?
– No, está viva.- Le habría gustado decirle que solo se había dado un golpe, pero su herida parecía ser algo más serio que eso. No había recobrado el conocimiento, y el miedo volvía a apoderarse de él. Con impaciencia, miró hacia Gloria y Lanette, cuyo nivel de histeria crecía progresivamente, y las descartó por inútiles. Su mirada recayó sobre Corliss.
– ¡Corliss! Llama al 911. Que vengan los sanitarios, y el sheriff.- Se lo quedó mirando, sin moverse, y él ladró, -¡Ya! – Ella tragó convulsivamente y se lanzó hacia el interior de su habitación. Webb escuchó su voz, aguda y temblorosa, mientras hablaba con el operador del 911.
– ¿Qué ha pasado?- gimió Lucinda, acariciando la cara de Roanna con dedos vacilantes. -¿Se ha caído?
– Creo que sorprendió a un ladrón,- dijo Webb, con voz tensa por el enfado, la ansiedad, y un miedo que apenas podía mantener a raya. Quería tomar a Roanna en sus brazos, acunarla contra su pecho, pero el sentido común le dijo que no la moviera.
Seguía sangrando, la alfombra se empapaba con su sangre. Una mancha de color rojo oscuro se extendía alrededor de donde su cabeza reposaba.
– ¡Corliss!- bramó. -¡Trae una manta y una toalla limpia!- Ella estuvo allí en un momento, tropezando con la manta que llevaba arrastrando, y luchando simultáneamente por ponerse una bata sobre la bastante ligera camisola de seda que vestía. Webb tomó la manta y la remetió cuidadosamente alrededor de Roanna, después dobló la toalla y tan suavemente como le fue posible la deslizó bajo su cabeza, para amortiguar la dureza del suelo y colocándola de modo que presionase contra la herida que aún sangraba.
– ¿S-se pondrá bien?- preguntó Corliss, con los dientes castañeteándole.
– Eso espero,- dijo él en tono sombrío. Sentía un dolor salvaje en el pecho. ¿Y si no se ponía bien? ¿Qué iba a hacer?
Lucinda se derrumbó, y cayó de rodillas. Sepultó la cara en las manos y estalló en desgarradores sollozos.
Gloria detuvo sus lamentos, tan de repente como si hubieran sido apagados con un interruptor. Se arrodilló junto a su hermana y la rodeó con los brazos. -Se va a poner bien, se va a curar,- canturreó de forma tranquilizadora, acariciando el blanco cabello de Lucinda.
Roanna se movió, gimiendo un poco cuando trató de llevarse una mano a la cabeza. Carecía de las fuerzas y la coordinación necesaria, y su brazo cayó débilmente de nuevo sobre la alfombra. El corazón de Webb dio un vuelco. Le tomó la mano y la acunó en la suya.- ¿Roanna?
Al oír su tono de voz, Lucinda se zafó de Gloria, acercándose de nuevo, frenética. Su expresión era de esperanza y terror, todo a la vez.
Roanna respiró profundamente un par de veces, y abrió los ojos. Su mirada estaba desenfocada, aturdida, pero había recobrado el conocimiento, y eso era lo que importaba.
Webb tuvo que tragarse el nudo de su garganta. -Roanna,- dijo otra vez, inclinándose, y con un obvio esfuerzo ella lo miró, parpadeando mientras trataba de aclarar su visión.
– Estás deformado [4],- masculló.
El apenas podía respirar y el corazón le palpitaba violentamente. Llevó los dedos de ella hacia su áspera mejilla.-Sí, tengo que afeitarme.
– No es eso,- dijo ella, pronunciando con dificultad. Inspiro de nuevo profundamente, como si estuviera exhausta. -Tienes cuatro ojos.
Lucinda se atragantó con los sollozos y una risita ahogada se mezcló con sus lágrimas cuando se estiró para asir la otra mano de Roanna. Un diminuto ceño frunció las cejas de Roanna. -Me duele la cabeza,- anunció confundida, y cerró los ojos de nuevo. Hablaba con más claridad Trató de tocarse otra vez la cabeza, pero Webb y Lucinda la tenían cogida de ambas manos, y ninguno parecía inclinado a soltarla.
– Me lo imagino,- dijo Webb, obligándose a hablar con calma. -Has recibido un golpe infernal en el cogote.
– ¿Me caí? – murmuró ella.
Eso supongo,- contestó él, no queriendo alarmarla hasta que supieran algo más con certeza.
Brock y Greg regresaron arriba jadeando. Brock que tan sólo vestía los vaqueros, se había cerrado la cremallera, pero no los había abotonado, y su robusto pecho brillaba de sudor. Había cogido un revolver de alguna parte, y Greg se había parado el tiempo suficiente para sacar el rifle de caza del 22 de su sitio, sobre la chimenea. Webb los miró a ambos inquisitivamente, y ellos negaron con la cabeza. -Se escapó,- articuló Greg, sin emitir un sonido.
[4] Juego de palabras. FUZZY significa tanto velludo como borroso.