Darwinia [es]
- Автор: Уилсон Роберт Чарльз
- Год: 2000
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 978-84-8421-981-1
- Переводчик: Domingo Santos
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Darwinia [es]». Краткое содержание книги:
Robert Charles Wilson, ganador del Premio Philip K. Dick y nominado al Premio Hugo por Darwinia, es uno de los autores más prometedores, y de los que más se espera, de la nueva, de la nueva generación de escritores norteamericanos.
—Ninguna, si tú fueras el único. Pero hay millones de otros, en millones de otros mundos, y millones más que vendrán.
—¿Por qué malgastar tu tiempo conmigo, entonces?
—Tú no eres ni más ni menos importante que cualquiera de los demás. Importas, Guilford, porque toda vida importa.
—Entonces devuélveme a casa y déjame ocuparme de Abby y Nick.
Estaban bien, ¿verdad? Se debatió entre vagos e inquietantes jirones de recuerdos. Recuerdos como cristales rotos…
—No puedo hacer eso —dijo el piquete—. No soy omnipotente. No cometas el error de creer lo contrario.
—¿Qué tipo de dios eres, entonces?
—No soy ningún dios. Nací de padres mortales, Guilford, igual que tú.
—Hace un millón de años.
—Mucho más que eso. Pero no puedo manipular la ontosfera de la forma que sugieres. No puedo reescribir el pasado…, y solo tú puedes influenciar el futuro. —Se puso en pie. Exudaba una dignidad que Guilford no reconoció como suya. Por un momento Guilford tuvo la impresión de ver más allá de él…, no a través de él sino más allá de la humilde apariencia hacia algo tan ardiente e inmenso como el sol.
No es un ser humano, pensó. Quizá en su tiempo hubiera sido un ser humano; quizá incluso hubiera llegado a ser Guilford Law. Pero ahora era algún otro tipo distinto de criatura. Camina entre las estrellas, pensó Guilford, de la misma forma que yo puedo caminar por las calles de Fayetteville en un día soleado.
—Considera las apuestas. Si se pierde esta batalla, tu hija será esclavizada y tus nietos serán usados como incubadoras para algo completamente sin alma. En un sentido muy real, Guilford, serán devorados. Es una forma de muerte para la cual no hay resurrección.
Nick, pensó Guilford. Algo acerca de Nick. Nick oculto detrás del gran sofá de la sala de estar…
—Y si se pierden todas las batallas —dijo el piquete—, entonces todo esto, todo el pasado, todo el futuro, todo lo que amaste o creíste haber amado, será pasto de las langostas.
—Cuéntame algo —dijo Guilford—. Solo una cosa. Por favor explícame por qué todo esto depende de mí. No soy nada especial, tú lo sabes, si eres quien dices que eres. ¿Por qué no vas a buscar a alguien distinto? ¿Alguien más listo? ¿Alguien con la fuerza necesaria para ver cómo sus hijos envejecen y mueren? Todo lo que siempre he deseado, ¡Cristo!, es una vida, el tipo de vida que lleva la gente, enamorarme, tener hijos, tener una familia que se ocupe lo suficiente de mí como para proporcionarme un entierro decente…
—Tienes un pie en dos mundos. Parte de ti es idéntica a parte de mí, el Guilford Law que murió en Francia. Y parte de ti es única: el Guilford Law que fue testigo del Milagro. Eso es lo que hace posible esta conversación.
Guilford bajó la cabeza.
—¿Fuimos iguales durante cuánto tiempo, diecinueve o veinte años de un centenar de millones? Esto es una fracción apenas significativa.
—Soy inmensamente más viejo que tú. Pero no he olvidado lo que es acarrear un arma por una lodosa trinchera. Y temo por mi vida, y dudo de la cordura de la empresa, y siento las balas, siento el dolor, siento la muerte. No me gusta pedirte que te metas en una guerra aún más terrible. Pero la elección nos es forzada a ambos. —Bajó la cabeza—. Yo no hice al Enemigo.
Nick detrás del sofá. Abby enroscada sobre él, protegiéndole. El tapizado y el algodón del relleno y el olor de la pólvora y… y…
La sangre.
—No tengo nada que ofrecerte —dijo hoscamente el piquete—, excepto más dolor. Lo siento. Si vuelves, te me llevarás contigo. Mis recuerdos. Bouresches, las trincheras, el miedo.
—Quiero algo —dijo Guilford. Sintió el dolor ascender en él como un globo de aire caliente—. Si hago lo que dices…
—No tengo nada que ofrecerte.
—Quiero morir. No vivir eternamente. Envejecer y morir como un ser humano. ¿Es eso pedir mucho?
El piquete guardó silencio durante un tiempo.
Los paquetes de Turing trabajaban incansablemente para apuntalar las desmoronantes subestructuras del Archivo. La psivida avanzaba, se retiraba, avanzaba de nuevo por un millar de frentes.
Una segunda oleada de códigos víricos fue lanzada contra el Archivo, apuntada hacia las fuertemente blindadas secuencias temporales de los psiones.
Las noosferas esperaban fracturar el cronometraje de los psiones, cortarlos de su propio reloj Higgs de la ontosfera. Era un plan atrevido, y peligroso; la misma estrategia podía volverse contra ellos.
La sentiencia aguardaba: profundamente paciente, si bien profundamente asustada.
IV. OTOÑO DE 1920
«Quien ve la variedad y no la unidad, vaga de muerte a muerte.»