Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Una Aventura Secreta». Краткое содержание книги:

Por fin la oveja negra de los Huxtable está a punto de encontrar una compañera a la altura de las circunstancias… una mujer con una reputación aún más escandalosa.
Su nombre es Hannah Reid. Nacida plebeya, se convirtió en la duquesa de Dunbarton desde que a los diecinueve años se casó con el anciano duque al que, según los rumores, le fue constantemente infiel. Y ahora que su marido ha muerto, Hannah, más femenina y bella que nunca a sus treinta años, ha obtenido la libertad que tanto deseaba y sabe muy bien lo primero que va a hacer con ella: buscarse un amante; no cualquier amante, sino el más peligroso y atractivo de toda la alta sociedad londinense, Constantine Huxtable.
Siendo un hijo ilegítimo, Constantine no ha podido acceder al título de conde, así que nunca se ha negado ningún placer que pudiera manchar su reputación. Se dice de él que lleva una vida de asueto y placer carnal en su villa del campo y que siempre elige como amantes a las viudas más recientes. Con lo que Hannah parece entrar dentro de sus expectativas.
Pero una vez que estos dos apasionados y escandalosos personajes cruzan sus vidas, se dan cuenta de que no es tan fácil liberar las llamas del deseo… sin salir chamuscado, y que ambos guardan secretos que, cuando sean revelados, nadie será capaz de decidir quién de los dos se enamorará primero, quién domará a quién y quien saldrá ganador de este juego de corazones.
1 ... 61 62 63 64 65 66 67 68 69 ... 81
Перейти на страницу:

Echó a andar hacia la casa, siguiendo al carruaje cuyas ruedas crujían sobre la gravilla hasta que se detuvo delante de la puerta principal.

El lacayo saltó del pescante con agilidad y se dispuso a subir los escalones para llamar a la puerta.

– No hace falta -dijo Con-. Estoy aquí.

El hombre se volvió, le hizo una reverencia y regresó junto al carruaje para abrir la portezuela y desplegar los escalones.

Elliott salió del carruaje y la furia de Con se desató.

– Te has perdido -dijo con sequedad-. Tu cochero se ha equivocado con las direcciones. Debería preguntar en la posada del pueblo el camino correcto.

Elliott permaneció inmóvil y se miraron un rato en silencio.

– Estoy buscando a Con Huxtable -replicó su primo-. Tú pareces una versión sucia y desaliñada de él.

Alguien más se apeó del carruaje.

Stephen.

Con lo miró.

– No ha podido mantener la boca cerrada, ¿verdad? -preguntó con amargura.

– ¿Te refieres a la duquesa de Dunbarton? -Replicó Stephen-. Estaba muerta de la preocupación, Con, no solo por ti, sino también por ese pobre hombre al que han condenado. Me suplicó que la acompañara a Londres para poder hablar con Elliott. Creía que él podría ayudar. ¿Seguimos haciendo falta? ¿Has podido ponerle fin a esta locura sin nosotros?

– No -respondió Constantine-. Pero no necesito ayuda, Stephen. Ni la tuya ni la de Moreland. La casa está llena. No quedan habitaciones libres. Y os sugiero que no os quedéis en la posada del pueblo, es mejor que sigáis camino hasta una casa de postas más respetable.

Se estaba comportando fatal. Lo sabía, pero era incapaz de remediarlo. Estaba exhausto. Y furioso. Y aterrado.

– Un idiota testarudo -comentó Elliott-. Se describió bien, Stephen, ¿no te parece? Pero este imbécil pomposo no ha venido desde Londres solo para que lo manden a la casa de postas más cercana. Va a poner en práctica toda su influencia… valga lo que valga.

«Idiota testarudo. Imbécil pomposo.» Hannah había estado hablando, no cabía duda.

– No te necesito, Moreland -aseguró-. Y estás en mi propiedad. Lárgate.

– Sé que tú no me necesitas -replicó Elliott-. Pero tal vez Jess Barnes sí. No puedo prometerte que le seré de ayuda. Pero he venido a intentarlo y pienso quedarme hasta que lo haya hecho, aunque para ello tenga que dormir en el carruaje al otro lado de las puertas de tu propiedad.

– Con -dijo Stephen-, a nosotros nos importa. Y a muchas otras personas también. ¿Por qué no nos hablaste de este lugar cuando llegamos a Warren Hall? ¿Por qué convertirlo en un asunto tan secreto?

– Stephen, este lugar se levantó gracias a tus joyas, o a las que se habrían convertido en tus joyas -confesó Constantine-. Si dichas joyas no se hubieran usado para otros menesteres, ahora mismo serías muchísimo más rico de lo que eres.

– ¿Crees que eso me habría importado? -Repuso Stephen-. ¿De verdad, Con? ¿Crees que a Meg le habría importado? ¿O a Nessie o a Kate? ¿No crees que deberías habérnoslo contado en honor al recuerdo de tu hermano?

– No -respondió-. Jon no hizo esto para impresionar a nadie. Lo hizo porque quería, porque era lo correcto. Y si te lo hubiera dicho a ti, Elliott se habría enterado y habría hecho todo lo que estuviera en su mano para deshacer lo conseguido. En aquel entonces, este proyecto estaba en su primera etapa y era muy frágil.

– No creo que hubiera reaccionado de esa forma si se lo hubieras explicado -lo contradijo Stephen-. ¿Lo habrías hecho, Elliott?

Ambos miraron a su primo, que tenía la vista clavada en el suelo y una expresión tensa. Se produjo un largo silencio.

Su primo, pensó Con. Su mejor amigo durante gran parte de su vida. Su compañero de correrías cuando se mudaron a Londres para disfrutar de la vida.

Pero después el padre de Elliott murió de repente, apenas meses después de quejón hiciera el espantoso descubrimiento sobre las actividades de su difunto padre y decidiera hacer realidad su sueño en Ainsley Park, para lo cual le hizo prometer que no se lo diría a nadie. Se habían vendido unas joyas, Elliott se había percatado de su desaparición y al mismo tiempo se había enterado de la existencia de esas mujeres y de sus respectivos hijos en la zona. De modo que el sórdido escándalo les había estallado en la cara.

Un imbécil pomposo y un idiota testarudo.

Con sintió una opresión en el pecho mientras esperaba a que Elliott contestase la pregunta de Stephen.

– Quería a Jonathan -dijo su primo a la postre, sin levantar la vista-. Era un amor un poco doloroso. Y después mi padre murió, haciéndome responsable de él. Sabía que eras más que capaz de cuidar de él y de atender sus asuntos, Con. Pero era joven y estaba abrumado por el deber, y me sentía obligado a hacerlo todo como era debido, a entender bien los asuntos económicos de Jon antes de desentenderme de ellos y dejarlo todo en tus manos tal como mi padre había hecho. Y entonces fue cuando descubrí que faltaban muchas joyas y tú te negaste a explicarme por qué y me mandaste al cuerno cuando te lo pregunté…

– No me preguntaste -lo interrumpió con voz seca.

Su primo alzó la vista y lo miró con el ceño fruncido y expresión impaciente.

– Claro que te pregunté -insistió-. Con, era imposible que pasara por alto algo así.

– No me preguntaste -repitió-. Me dijiste que era un ladrón.

– Yo no dije eso -protestó Elliott.

– Sí que lo dijiste. -Sonrió con amargura-. Lo dije, no lo dijiste, lo hice, no lo hiciste… ¿Te suena de algo, Elliott? Debimos de pasarnos la mitad de la niñez diciéndonos eso. Solíamos terminar a puñetazos y luego nos echábamos unas risas. Pero esta vez no fue así. Pero da igual. Aunque me hubieras preguntado, yo te hubiera respondido y tú me hubieras creído, no habrías permitido que el proyecto continuara. Habrías detenido a Jon y habrías arruinado lo que resultó ser el trabajo de su vida. Su legado.

– No creo que… -terció Stephen.

Sin embargo, Elliott lo estaba mirando con una expresión inescrutable.

– Es muy probable que lo hubiera hecho -admitió el aludido-. Mi instinto era proteger a Jonathan, incluso de sí mismo. Siempre me asombró que lo trataras como a una persona normal y que te relacionaras con él poniéndote a su nivel. Me asombraba que jugaras horas y horas con él aun cuando ya no era un niño. Pensé que mis responsabilidades hacia él debían llevarse a cabo con gran seriedad. Pero tú lo convertías todo en un juego y eso me enfurecía. Y lo hacías adrede. No tienes ni idea de lo mucho que… -Se interrumpió de repente y meneó la cabeza, apretando y aflojando los puños a los costados-. Tienes razón, lo habría detenido. Habría supuesto que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Pero Jon era muy consciente de lo que hacía, ¿verdad? Con, siempre decías que Jon era amor. No que quería a las personas, sino que era amor en estado puro. También tenías razón en ese sentido. Y estabas en tu derecho a no responder a mis preguntas… si es que te las hice tal como estoy convencido de que sucedió. Tenías derecho a conservar tus secretos. Tenías derecho a comportarte como un idiota testarudo.

– No nos eches, Con -dijo Stephen-. Tal vez Elliott pueda ayudar. A lo mejor yo también puedo ayudar. O no. Pero no nos eches. Somos tu familia y nos necesitas aunque no te des cuenta. Además, la duquesa de Dunbarton nos ha enviado y creo que se le romperá el corazón si nos echas sin permitirnos siquiera que intentemos ayudar.

Con lo miró con expresión pensativa.

Hannah los había enviado.

Hannah.

La opresión que sentía en el pecho se intensificó.

– Hay habitaciones libres en la residencia de la viuda -dijo al tiempo que señalaba hacia el este, donde se atisbaba una casa situada entre los árboles no muy lejos del lago artificial que el anterior propietario había construido-. Es donde vivo. Si no es demasiado humilde para vuestros gustos, podéis quedaros.

1 ... 61 62 63 64 65 66 67 68 69 ... 81
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)