Después De Medianoche
- Автор: Medeiros Teresa
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Después De Medianoche». Краткое содержание книги:
Cuando la siempre práctica Caroline Cabot oye por primera vez esas palabras de labios de su fantasiosa hermana menor, acusa a Portia de tener una imaginación desbocada. ¿Qué otra cosa puede pensar si su hermanita ve duendes bajo las coles y sirenas en la bahía?
Pero cuando descubre que su hermana Vivienne realmente está siendo cortejada por Adrian Kane, el misterioso vizconde del que se rumorea que es un vampiro, ella decide aceptar su invitación para una cena a medianoche y hacer su propia investigación. Porque ¿qué pasaría si su hermana Portia tuviese razón esta vez? ¿Y si Adrian Kane fuese un vampiro? ¿No haría ella entonces todo lo posible para impedir ese matrimonio?
Y para su consternación Caroline pronto se encuentra atrapada bajo el hechizo seductor de Kane. Después de todo… ¿qué debería hacer una dama juiciosa cuando el pretendiente de su hermana despierta en ella algo más que unas simples sospechas?
Adrian posó su mano en el hombro de su hermano, dándole un cariñoso apretón.
– Eso me satisfará mientras no te conviertas en murciélago y revolotees por los candelabros en cualquier momento.
– Caroline me dijo que te habías ido.
Los hermanos se volvieron para encontrar a Portia delante de ellos. Sus oscuros rizos se amontonaban en lo alto de su cabeza y el alto cuello de su vestido de cotonia blanca no era tan pasado de moda como para generar curiosidad o comentarios entre los invitados.
Disparando a su hermano una significativa mirada, Adrian sacó el reloj del bolsillo de su chaleco y lo abrió.
– Es casi medianoche. Debo irme. No quiero hacer esperar a mi novia. -Pellizcando a Portia con cariño en la mejilla, se dirigió hacia la enorme chimenea que había sido improvisada como altar, dejando a Julian totalmente solo para enfrentarse a Portia.
Ella miró a su alrededor para asegurarse que no había nadie escuchando a escondidas antes de decir.
– Mi hermana me dijo que te ibas a Paris para buscar al vampiro que pudo haber engendrado a Duvalier.
Julian asintió.
– Con Duvalier derrotado para bien y Adrian casado, pensé que quizás era hora de que empezara a pelear mis propias batallas. Puede que no sea capaz de envejecer, pero eso no quiere decir que no pueda madurar. Ah, ahí viene el vicario, -dijo, visiblemente aliviado de haber encontrado una distracción.- Debería dirigirme a la parte de atrás del salón. Aprecio que Adrian y Caroline no llevaran a cabo su boda en una iglesia, en tierra sagrada y todas esas bobadas, pero todas esas sotanas y velas todavía me hacen querer saltar por la ventana más cercana.
Se volvió para irse, entonces juró en voz baja y se volvió. Cerrando sus manos sobre los antebrazos de Portia, Se acercó a ella y la besó suavemente en la frente, sus labios persistentes contra el satinado calor de su piel.
– No me olvides, ojos brillantes.
– ¿Cómo podría?-Cuando se alejó, Portia se llevó una mano a su cuello, sus ojos ya no chispeaban con la inocencia de una niña, sino con la sabiduría de una mujer.-Siempre tendré las cicatrices para recordarte.
– ¡Portia! -Carraspeó Tía Marietta.- ¡Tienes que sentarte!.¡Faltan tres minutos para la media noche!
– Ahora mismo estaré allí, -respondió Portia, mirándola por encima de su hombro. Cuando se volvió, Julian ya se había ido. Frunciendo el ceño, examinó a los huéspedes, pero su delgada y elegante forma no se la podía encontrar por ninguna parte.
Suspiró con nostalgia y volvió a cruzar el salón, sin ver jamás la sombra que revoloteaba alrededor del candelabro que colgaba justo sobre su cabeza.
– ¿Y cual señorita Cabbot será hoy? -Preguntó Wilbury secamente cuando Caroline caminó hacia el umbral, preparándose para unirla al novio que la esperaba en el improvisado altar donde repetirían sus votos y empezarían sus vidas como marido y mujer.
Ella golpeó el brazo del mayordomo con su ramo de rosas blancas, liberando un olorcillo de su potente fragancia
– No necesitas tomarme el pelo con eso, Wilbury. Después de esta noche, serás capaz de dirigirte a mí simplemente como Lady Trevelyan.
Dejó escapar un elaborado suspiro.
– Supongo que eso será apropiado para mi, puesto que usted será la señora de este castillo en -se aclaró la garganta- aproximadamente un minuto.
Y su miedo se desvaneció cuando miró a hurtadillas alrededor del marco de la puerta y vio a Adrian esperando por ella en el otro lado del gran salón. Su pelo destellaba a la luz de las velas mientras que sus ojos brillaban con amor y ternura, la invitación en sus luminosas profundidades azul verdosas era imposible de resistir.
Caroline arrancó una de los capullos de las rosas y se lo metió detrás de la oreja en un silencioso tributo a la mujer que los había reunido. Cuando agarró su ramo y dio un primer paso a hacia los brazos de Adrian, cada reloj en el castillo empezó a dar las campanadas, anunciando la llegada de un nuevo día.
Teresa Medeiros