Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El camino blanco
El camino blanco - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El camino blanco

Электронная книга - «El camino blanco». Краткое содержание книги:

En Carolina del Sur, un joven negro se enfrenta a la pena de muerte acusado de haber violado y asesinado a Marianne Larousse, hija de uno de los hombres más ricos del estado. El caso, que nadie quiere investigar, hunde sus raíces en un mal que se remonta a un pasado remoto, el tipo de misterio que se ha convertido en la especialidad del detective Charlie Parker. Éste ignora que está a punto de sumergirse en una auténtica pesadilla y de introducirse en un escenario teñido de sangre en el que se mezclan el espectro asesino de una mujer encapuchada, un coche negro que espera a un pasajero que nunca llega, y la complicidad tanto de amigos como de enemigos en los sucesos que rodean la muerte de Marianne Larousse. Más que una investigación, es un descenso a los abismos, un enfrentamiento con las fuerzas oscuras que amenazan todo aquello que Parker ama.
Paralelamente, en la celda de una prisión, el fanático predicador Faulkner trama una venganza contra Charlie Parker, y para ello utilizará a los mismos hombres a los que el detective está siguiendo, y a una extraña y contrahecha criatura que guarda sus secretos enterrados en la orilla de un río: Cyrus Nairn.
Todas estas figuras deberán enfrentarse a su cruento destino final en los pantanos del sur y los bosques del norte, escenarios muy alejados entre sí pero unidos por un frágil hilo: el lugar donde convergen los caminos de los muertos y de los vivos.
1 ... 59 60 61 62 63 64 65 66 67 ... 100
Перейти на страницу:

Euna era la más servicial de todos los testigos con los que había hablado hasta aquel momento. Quizá se debió a que estaba aburrida y que le procuré un poco de distracción. No la conocía de nada, y no imaginaba siquiera que llegase a conocerla, pero supuse que para ella el jugador de billar también fue una distracción, la más reciente de una larga serie de distracciones. A Euna se le notaba cierta ansiedad, una especie de avidez errática alimentada por la frustración y la decepción. Esa avidez se manifestaba en su forma de hablar, en la lentitud con que paseaba la mirada por mi cara y mi cuerpo, como si estuviese calculando qué partes usar y cuáles desechar.

– ¿Habías visto alguna vez a Marianne en el bar antes de aquella noche? -le pregunté.

– Un par de veces. También la vi en éste. Era una niña rica, pero le gustaba visitar los barrios bajos de vez en cuando.

– ¿Con quién venía?

– Con otras chicas ricas, y a veces con chicos ricos.

Le dio un ligero escalofrío. Tal vez de repugnancia, o tal vez de algo más agradable.

– Hay que vigilarles las manos. Esos chicos se creen que con el dinero compran la cerveza y que con la propina compran los derechos sobre la mina, ya me entiendes.

– Y supongo que no es así.

Al recordar viejos apetitos le brillaron los ojos, pero el brillo se difuminó cuando rememoró el deseo saciado. Dio una larga calada al cigarrillo.

– No siempre.

– ¿La viste alguna vez con Atys Jones antes de aquella noche?

– Una vez, pero no aquí. Éste no es un sitio de esos. Fue en el Swamp Rat. Ya te he dicho que voy allí muy a menudo.

– ¿Qué impresión te dieron?

– No se estaban tocando ni nada por el estilo, pero te puedo asegurar que estaban juntos. Supongo que otra gente podría decirte lo mismo…

Esas últimas palabras quedaron suspendidas en el aire.

– ¿Hubo algún problema?

– Aquella noche no. Fue otra que volvió por aquí y su hermano vino a buscarla. -De nuevo le entró un escalofrío, pero esa vez no cabía duda de qué lo había provocado.

– ¿No te cae bien su hermano?

– No lo conozco.

– ¿Pero?

Con aire despreocupado echó una mirada alrededor y se acercó a mí inclinándose sobre la barra. La blusa se le abrió un poco y dejó al descubierto el movimiento de sus pechos, que presentaban una piel completamente lisa, sin ningún tipo de mancha.

– Los Larousse dan trabajo a mucha gente de aquí, pero eso no significa que nos caigan bien, y Earl Jr., menos todavía. Tiene un no sé qué, como…, como de marica, pero no de marica. No me malinterpretes, me gustan todos los hombres, incluso aquellos a los que no les gusto yo, ya sabes, físicamente y todo eso, pero no me gusta Earl Jr. Tiene algo que no me gusta.

Le dio otra calada al cigarrillo. Después de tres chupadas casi lo había terminado.

– ¿Así que Earl Jr. entró en el bar buscando a Marianne?

– Exacto. La agarró por el brazo e intentó llevársela. Ella le dio una bofetada y entonces apareció otro tipo y se las arreglaron para sacarla de aquí entre los dos.

– ¿Recuerdas cuándo pasó?

– Sería una semana antes de que la matasen.

– ¿Crees que sabían algo de su relación con Atys Jones?

– Ya te he dicho que lo sabía más gente. Y si lo sabía más gente, al final llegaría a oídos de la familia.

La puerta se abrió y entró un grupo de hombres dando gritos y carcajadas. Comenzaba el ajetreo vespertino.

– Tengo que irme, encanto -me dijo Euna. Ya antes se había negado a firmar una declaración escrita.

– Una última pregunta: ¿reconociste al hombre que estaba con Earl Jr. aquella noche?

Lo pensó durante un momento.

– Seguro. Ha venido por aquí una o dos veces. Es un mierda. Se llama Landron Mobley.

Le di las gracias y dejé un billete de veinte sobre la barra para pagar mi zumo de naranja y su tiempo. Me brindó la mejor de sus sonrisas.

– No te lo tomes a mal, encanto -me dijo Euna cuando me levanté para marcharme-, pero el chico ese al que intentas ayudar se merece lo que le va a caer encima.

– Parece que mucha gente opina lo mismo.

Exhaló una larga bocanada de humo, echando hacia delante el labio inferior. Lo tenía un poco hinchado, como si se lo hubieran golpeado hacía poco. Me quedé mirando cómo se volatizaba el humo.

– Violó y asesinó a esa muchacha -continuó Euna-. Sé que tienes que hacer lo que estás haciendo, preguntar y todo lo demás, pero espero que no descubras nada que pueda dejar libre al chico.

– ¿Incluso si descubro que es inocente?

Levantó el pecho de la barra y desmenuzó el cigarrillo en un cenicero.

– Encanto, no hay nadie inocente en este mundo, excepto los bebés, y algunas veces dudo incluso de eso.

Por teléfono, le conté a Elliot la conversación que había mantenido con Euna.

– Quizá deberías hablar con Mobley cuando lo encuentres, para ver qué sabe.

– Si puedo dar con él.

– ¿Crees que ha volado?

Hubo un silencio.

– Espero que haya volado -me dijo Elliot, pero cuando le pedí que me explicara lo que quería decir, empezó a reírse-. Quiero decir que si su caso va a juicio, Landron se expondría a pasar una larga temporada en la cárcel. En términos legales, Landron está jodido.

Pero no era eso lo que quería decir.

Eso no era en absoluto lo que quería decir.

Me duché y cené en la habitación. Llamé a Rachel y hablé con ella durante un rato. MacArthur había cumplido su promesa de pasarse por allí con regularidad y el Klan Killer se quitaba de en medio cuando los polis la visitaban. Si bien Rachel no me había perdonado del todo por haberle endosado a aquel tipo, me daba la impresión de que la compañía la tranquilizaba. Además era un tipo limpio y no dejaba la tapa del váter levantada, dos factores que tendían a influir mucho en las opiniones que Rachel se formaba de la gente. MacArthur había planeado salir con Mary Mason aquella noche y le había prometido a Rachel tenerla al tanto. Le dije que la quería, y ella me dijo que si la quería que le llevase bombones a mi regreso. A veces Rachel tenía cosas de niña.

Después de hablar con Rachel, llamé para saber cómo se encontraba Atys. Contestó la mujer y me dijo, hasta donde pude entenderla, que era un «spile chile. Uh yent ha no mo'pashun wid'um». [«Un niño mimado. Ya no tengo paciencia para bregar con él.»] Estaba claro que mostraba menos compasión ante la grave situación de Atys que su marido. Le pedí que me pasara con Atys. Unos segundos más tarde, oí pasos y se puso al teléfono.

– ¿Cómo estás? -le pregunté.

– Bien, supongo. -Bajó la voz-. La vieja me está matando. Es brutal.

– Sólo tienes que ser amable con ella. ¿Hay algo más que quieras contarme?

– No. Te conté lo que puedo contarte.

– ¿Y todo lo que sabes?

Tardó tanto en contestar, que creí que había colgado el teléfono y se había marchado. Por fin habló.

– ¿Has sentido alguna vez como si te hubiesen vigilado durante toda tu vida, como si siempre hubiese alguien a tu lado, alguien a quien no ves la mayor parte del tiempo, aunque sabes que está ahí?

Me acordé de mi mujer y de mi hija, de la presencia de ambas en mi vida después de que muriesen, de las figuras y de las sombras vislumbradas en la oscuridad.

– Creo que sí -le contesté.

– La mujer. Con ella me pasa eso. La he visto durante toda mi vida, así que no sé si es un sueño o no, pero está ahí. Sé que está ahí, aunque nadie más la vea. Eso es todo lo que sé. No me preguntes más.

Cambié de tema.

– ¿Has tenido alguna vez un encontronazo con Earl Larousse Jr.?

1 ... 59 60 61 62 63 64 65 66 67 ... 100
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)