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Un paseo entre las tumbas

Электронная книга - «Un paseo entre las tumbas». Краткое содержание книги:

`Un millón de dolares en efectivo o matamos a tu mujer`. Los traficantes de drogas son presa fácil de la extorsión y, por razones obvias, no pueden acudir a la policía. Kenan Khoury recibió el mensaje, pero vaciló frente al precio del rescate: no volvió a ver a su mujer con vida. Ahora sólo piensa en vengar su muerte. Para ello contrata los servicios de Matt Scudder, un detective privado sin apenas trabajo y que sufre algún que otro problema con el alcohol. Con ayuda de dos genios de los ordenadores, un punk callejero y una amiga prostituta, Scudder busca a los asesinos en los bajos fondos de Brooklyn.
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Cuando por fin dejé el teléfono, me tuve que sentar. Kenan me preguntó si estaba bien. Le dije que sí.

– No se te ve muy animado -dijo-. Tienes cara de necesitar un trago, pero supongo que ésa es la única cosa que no necesitas ahora.

– Tienes razón.

– Yuri acaba de hacer café. Te traeré una taza.

Cuando me la trajo, me sinceré:

– Estoy bien. Me saca de quicio hablar con ese hijo de puta.

– Lo sé.

– Hablé un poco para hacerle saber algo de lo que sé. Empezó a parecerme que ésa era la única manera de que dejara de perder tiempo. No se iba a mover, a menos que pudiera controlar completamente la situación. Decidí mostrarle que estaba en una posición un poco más débil de lo que pensaba.

– ¿Sabes quién es? -preguntó Yuri.

– Sé su nombre. Sé cómo es y el número de matrícula del coche que lleva. -Cerré los ojos por un momento sintiendo su presencia al otro lado de la línea telefónica, sintiendo los pensamientos de su mente-. Sé quién es.

Le expliqué lo que había convenido con Callander. Empecé a trazar un esquema del terreno y luego me di cuenta de que lo que necesitábamos era un plano. Yuri dijo que había uno de las calles de Brooklyn en algún lugar del apartamento, pero que no sabía dónde. Kenan añadió que Francine solía guardar uno en la guantera del Toyota y Peter bajó a buscarlo.

Habíamos limpiado la mesa. Todo el dinero estaba empaquetado de nuevo para ocultar los billetes falsos. Dispuesto ya para la entrega en dos maletas. Extendí el plano sobre la mesa y tracé una ruta hacia el cementerio, indicando las dos entradas en el límite oeste del camposanto. Expliqué cómo funcionaría, dónde nos instalaríamos, cómo se haría el intercambio.

– Eso te pone al frente -observó Kenan.

– Estaré a la altura de la misión que se me confía.

– Si él intenta algo…

– No creo que lo haga.

«Siempre puedes matarme», le había dicho a él. «Sí, podría», había respondido.

– Yo soy el que tendría que llevar las maletas -replicó Yuri.

– No son tan pesadas -apunté-. Puedo llevarlas yo solo.

– Tú sigues una broma, pero yo lo hago en serio. Es mi hija. Yo debería ir al frente.

Negué con la cabeza. Si él llegara a acercarse tanto a Callander, no podía confiar en que no perdiera la cabeza y lo atacara. Pero tenía una misión mejor para darle.

– Quiero que Lucía corra hacia la seguridad. Si estás allí, querrá quedarse contigo. Por ello te necesito aquí -dije, señalando en el plano-. De modo que puedas llamarla.

– Te meterás un arma en el cinturón -terció Kenan.

– Probablemente lo haga, pero no sé de qué me va a servir. Si intenta algo, no tendré tiempo de sacarla. Si no lo hace, no me hará falta. Lo que quisiera tener es un chaleco Kevlar.

– ¿Esa malla a prueba de balas? He oído que no detiene ni un cuchillo.

– A veces sí, a veces no. No siempre detiene una bala. Pero te da una buena oportunidad.

– ¿Sabes dónde conseguir uno?

– No a estas horas. Olvídalo, no es importante.

– ¿No? A mí me parece sumamente importante.

– Ni siquiera sé si tienen armas.

– ¿Bromeas? Yo no creo que haya nadie en esta ciudad que no tenga un arma. ¿Qué hay del tercer hombre, el francotirador, el tipo que estará escondido detrás de una sepultura, cubriéndonos a todos? ¿Con qué supones que va a hacer el trabajo? ¿Con una puta honda Wham o qué?

– Eso sería así si existiera un tercer hombre. Yo fui el que lo mencionó y Callander fue lo suficientemente vivo para seguirme la corriente.

– ¿Crees que el rapto es obra de dos tipos solos?

– Eran solamente dos cuando secuestraron a la chica en Park Avenue. No los veo saliendo a reclutar una persona extra para una operación como ésta. Tened en cuenta que esos dos comenzaron matando por placer, hasta que luego se les ocurrió una veta comercial. Ésta no es por lo tanto una operación criminal ordinaria donde uno sale y junta un grupo de hombres. Hay algunos testimonios que parecen indicar la existencia de un tercer hombre en los dos secuestros que se presenciaron, pero los testigos pueden haber supuesto que había uno al volante, porque así es como uno esperaría que se comportara esa gente. Pero si sólo tuvieras dos personas con las que hacerlo, una de ellas se desdoblaría y conduciría la furgoneta. Y creo que eso es lo que ocurrió.

– ¿Así que podemos olvidarnos del tercer hombre?

– No -repliqué-. Ésa es la cuestión. Tenemos que suponer que está allí.

Fui a la cocina a buscar más café. Cuando volví, Yuri me preguntó cuántos hombres quería.

– Somos tú, yo, Kenan, Peter, Dani y Pavel. Pavel está abajo, lo conociste cuando entraste en el edificio. Tango tres hombres más, listos para venir, todo lo que tengo que hacer es llamarlos.

– Yo puedo pensar en una docena -apuntó Kenan-. La gente con la que hablé, ya fuera que tuviera dinero para participar o no, todos dijeron lo mismo. «Si necesitas que te eche una mano, dímelo, estaré allí.» -Se inclinó sobre el plano-. Podemos dejarlos ocupar la posición y luego traer una docena más de hombres en tres o cuatro coches. Bloquear no sólo ambas salidas sino también las demás, aquí y aquí. Estás meneando la cabeza, ¿por qué no?

– Quiero dejarlos salir con el dinero.

– ¿Ni siquiera quieres intentarlo después de que recuperemos a la chica?

– No.

– ¿Por qué no?

– Porque es una locura meterse en un tiroteo en un cementerio de noche o tirarnos los unos a los otros desde coches que se bambolean por Park Slope. Una operación como ésa no sirve, a menos que puedas controlarla, y hay demasiadas formas en las que ésta puede escaparse del control. Mirad, yo vendí esto presentándolo como un punto muerto e hice un buen trabajo diseñándolo así. Es un punto muerto, nosotros obtenemos a la chica, ellos obtienen el dinero y todos volvemos a casa vivos. Hace unos minutos eso era todo lo que queríamos del trato. ¿Seguimos sintiendo lo mismo?

Yuri dijo que sí. Kenan asintió también:

– Sí, claro. Es todo lo que siempre quise. Sólo que odio verlos salirse con la suya en algo.

– No lo harán. Callander cree que tiene una semana para hacer las maletas y salir de la ciudad. No tiene una semana. No tardaré tanto en encontrarlo. Entretanto, ¿cuántos hombres necesitamos? Creo que estamos bien con la gente que ya tenemos. Digamos tres coches. Dani y Yuri en uno, Peter y… ¿está Pavel en el vestíbulo de abajo? Peter y Pavel en el Toyota, y yo iré con Kenan en el Buick. Eso es todo lo que necesitamos. Seis hombres.

Sonó el teléfono en el cuarto de Lucía. Contesté y hablé con TJ, que estaba otra vez en la lavandería automática, después de no haber tenido ninguna suerte buscando el Honda en las entradas de las casas y en los bordes de las aceras.

Volví a la sala de estar.

– Somos siete -dije.

21

En el coche, Kenan rompió el silencio:

– Calculo que cogiendo por Shore Parkway y Gowanus iremos bien. ¿Te parece?

Le repliqué que él sabía más acerca de eso que yo, y añadió:

– Ese chico que vamos a recoger… ¿cómo encaja en la historia?

– Es un chico del gueto que para en Times Square. Dios sabe dónde vive. Se hace llamar por sus iniciales, suponiendo que sean sus iniciales y que no las haya encontrado en un plato de sopa de letras. Ha sido de gran ayuda, lo creas o no. Me conectó con los brujos de la informática, vio a Callander esta noche y consiguió el número de la matrícula de su coche.

– ¿Te parece que va a hacer algo por nosotros en el cementerio?

– Espero que no lo intente -repliqué-. Lo vamos a recoger porque no quiero que ande vagando por Sunset Park con sus recursos cuando Callander y sus amigos estén otra vez en casa. Quiero mantenerlo al margen de todo esto.

– ¿Dices que es un chico?

Asentí.

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