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Ladrón De Almas

Электронная книга - «Ladrón De Almas». Краткое содержание книги:

Jónas, el propietario de un moderno complejo hotelero especializado en terapias alternativas, acude a Þóra, una ahogada de Reykiavik, para que investigue una serie de sucesos relacionados con lo sobrenatural, pero el mismo día de su llegada a Snæfellsnes encuentran el cadáver de Birna, la arquitecto a la que Jónas había encargado la construcción de un ala del hotel.
Þóra, con la inestimable ayuda de su compañero Matthew, se propone demostrar la inocencia de su cliente, pero nada es lo que parece en aquel paraje idílico, repleto de leyendas y misterios y donde se concentra una fuerte carga telúrica y espiritual. No dejan de circular historias de desapariciones, se producen nuevos crímenes y las pistas, por extraño que pueda parecer, conducen a los antiguos propietarios de las tierras donde esta ubicado el hotel, en cuyo pasado se oculta un terrible secreto que alguien parece interesado en ocultar.
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– ¿Y? -preguntó Þóra-. ¿No sería más práctico interrogarle a él en vez de a Jónas?

– Ya lo hemos hecho -explicó Þórólfur, haciendo girar el lápiz entre sus dedos con gran habilidad-. Independientemente del resultado que obtengamos con las muestras biológicas de ese hombre, necesitamos también las de su cliente.

– ¿Y por qué? -preguntó Þóra-. Si el semen resulta pertenecer al granjero, no puede ser de Jónas. -Þórólfur dejó traslucir una sonrisita perversa, lo que encendió una lucecita en la mente de Þóra-. ¿O quizá había semen de dos hombres en los órganos sexuales de Birna?

Þórólfur dejó inmediatamente de juguetear con el lápiz.

– Tal vez -respondió tras un instante de vacilación.

Þóra no necesitó más precisiones. Birna había tenido relaciones sexuales con dos hombres el día que fue asesinada. Seguramente Jónas era uno de ellos, y el otro sería Bergur o el asesino, a menos que ambos fueran la misma persona. Sintió que Jónas se ponía tenso a su lado, y sabía suficiente sobre los hombres para saber qué le había molestado. Se inclinó hacia él y le susurró al oído, para que los agentes no la oyeran:

– Seguro que tú fuiste el primero. -Aquello no podía poner a Jónas más nervioso de lo que ya estaba. Þóra notó que se relajaba un poco-. Pero hay que dejar bien claro que no es lo mismo tener relaciones sexuales con una persona que matarla, ¿no es así? -le dijo a Þórólfur, y añadió enseguida-: Supongo que no se está acusando a Jónas de semejante cosa en estos momentos.

– No, no, no de modo definitivo -contestó Þórólfur-. Pero si la difunta revela, por la presencia de lesiones internas y externas en los órganos sexuales, que ha sido violada, el caso, naturalmente, es distinto, ¿no es cierto?

Þóra decidió no responder.

– ¿Hay algo más que quieran aclarar, o sólo querían una explicación sobre el semen de Jónas?

– Hay más cosas -señaló Þórólfur-. Vamos a estudiar los mensajes enviados desde su teléfono, Jónas. ¿Puede explicarlos? ¿Decirnos, por ejemplo, dónde estaba usted entre las nueve y las diez de esa noche?

Jónas se volvió hacia Þóra, con gesto de desesperación. Ella movió la cabeza con energía y parpadeó, indicándole así que debía responder.

– No puedo explicar ese mensaje. Yo no lo envié, de modo que alguien tiene que haberme robado el móvil y haberlo utilizado. Yo fui a caminar un rato hacia las siete y me dejé el teléfono. Alguien lo robó mientras yo estaba fuera.

– Robado, claro -dijo Þórólfur, pero su voz dejaba traslucir cierta burla-. Lo robaron y luego lo volvieron a dejar en su sitio, ¿no?

– Sí -replicó Jónas con énfasis-. No siempre lo llevo encima, ni mucho menos, me lo dejo aquí, de modo que no tuvo que ser nada difícil. -Se masajeó las sienes, nervioso-. El hotel estaba repleto de gente. Había una reunión espiritista, y cualquiera habría podido hacerlo.

– Qué curioso, que recuerde precisamente eso -observó Þórólfur pensativo-. Esa circunstancia en particular nos ha causado ciertas dificultades. Como dice usted, esto estaba lleno de gente, pero nadie recuerda haberle visto a usted esa noche. ¿Hasta dónde llegó en su caminata? ¿Hasta la playa?

– ¡No! -exclamó Jónas, a la vez que daba un fuerte golpe con las manos abiertas sobre la mesa, para poner más énfasis en sus palabras-. Deambulé sin rumbo fijo. Empecé por acercarme a la zanja del camino de acceso, para comprobar si habían avanzado en el arreglo, y luego caminé una hora más o menos. Cuando volví, fui directamente a mi despacho y luego a mi apartamento. Alguien me habrá visto en el hotel, con toda seguridad. No iba por ahí con la cabeza tapada. Volví justo antes de las diez. La reunión continuaba, si recuerdo bien.

– Pues resulta que nadie dice haberle visto a usted. Ni dentro del hotel ni en el exterior, en todo ese rato. Hubo una pausa en la reunión a las nueve y media, y ciertamente duró hasta las diez. La gente de la reunión estaba por todas partes, algunos salieron a fumar, otros fueron a tomar un café, pero nadie le vio. Sin embargo, debió regresar en ese intervalo -dijo Þórólfur-. Pero pasemos a otro asunto. Ayer por la noche encontraron otro cadáver en unas caballerizas cerca de aquí. ¿Puede decirme dónde estaba ayer domingo hacia la hora de la cena?

– ¿Yo? Estaba en Reikiavik -dijo Jónas.

– ¿Cuándo salió para la capital?

– Me marché hacia las dos, más o menos. -La voz de Jónas temblaba un poco.

– Y supongo que habrá pasado por los túneles, ¿no?

– Sí -dijo Jónas antes de que Þóra consiguiera detenerle. Había algo que a ella no le gustaba nada.

– Supongo que viajaba en su propio coche, ¿verdad? -preguntó Þórólfur entonces. Tenía el gesto de un niño ante una gran fuente de dulces.

– Prefiere no responder a esa pregunta -se apresuró a decir Þóra. Puso la mano sobre el muslo de Jónas y apretó con fuerza.

– Perfectamente -dijo Þórólfur, con una sonrisa burlona-. Pero ya sabemos que fue a Reikiavik por los túneles. En ellos está terminantemente prohibido circular a caballo, a pie o en bicicleta, de modo que habrá que pensar que fue en un vehículo de alguna clase.

– Fui en mi propio coche -afirmó Jónas como un tonto, a pesar de la fuerza con que Þóra le apretaba en la pierna. No pudo resistir la tentación de clavarle las uñas por aquella estupidez. Jónas se quejó un poco y miró molesto a Þóra, que aparentó que no había hecho nada.

En el rostro de Þórólfur apareció la sonrisa más amplia que les había dedicado hasta entonces. Y el gesto de desprecio de su rostro se hizo más marcado. Cogió unos papeles que tenía en un montón, y los dejó caer sobre la mesa, delante de Jónas.

– Tengo aquí un listado de todos los vehículos que pasaron ayer por los túneles de Hvalfjörður. Pero entre ellos no está la matrícula de su coche. -Guardó silencio y miró a Jónas a los ojos-. ¿Cómo lo explica?

Esta vez, por fin, Jónas supo contenerse.

– Opta por no responder a esa pregunta -dijo Þóra-. Es evidente que Jónas se encuentra en un estado de considerable nerviosismo, lo que sin duda hace que su anterior respuesta se pueda explicar como un error de memoria.

– Eso pasó ayer -dijo Þórólfur. Se encogió de hombros cuando ni Þóra ni Jónas reaccionaron ante sus palabras-. En todo caso, pasemos a otro tema.

¿Otro más? Þóra intentó aparentar una calma total, pese a la angustia que la dominó, y al miedo por Jónas. ¿Qué más cosas tenían contra él?

* * *

– Y encima resulta que se había peleado con Eiríkur, el que encontraron muerto en la caballeriza -le dijo Þóra a Matthew-. Justo antes de que Eiríkur saliera del hotel. Y encima, se descubrió que tenía una cantidad enorme de somnífero en la sangre, el mismo somnífero que tenía Jónas en su mesita de noche. -Dejó escapar un suspiro-. Tenían una orden de registro, maldita sea.

Matthew soltó un silbido.

– ¿No será que es simplemente culpable? -preguntó.

– No lo sé, no sabría decirte -dijo Þóra-. En el cinturón de Birna se encontraron huellas dactilares suyas, y él había tenido relaciones sexuales con ella el día que la asesinaron, o esa misma noche, aunque él lo negó. Encima mintió diciendo que ayer había ido a Reikiavik. -Suspiró y le dio a Matthew la lista con las matrículas-. Mandaron hacer un listado de todos los coches que pasaron por los túneles. Habrán empleado a mucha gente toda la noche comprobando las cámaras de seguridad. Se dejaron la lista, de modo que me la quedé.

– ¿Y luego? -preguntó Matthew-. ¿Adónde se lo han llevado?

– A Borgarnes -respondió Þóra-. Mañana por la mañana comparecerá ante el Tribunal de Distrito de Vesturland. -Se pasó los dedos por el pelo-. Y conseguirán lo que quieren, a menos que el juez esté borracho.

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