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Электронная книга - «Nacida Para Seducir». Краткое содержание книги:

Dean Robillard, jugador de los Chicago Stars, es el hombre más afortunado del mundo: es una auténtica estrella deportiva y acaba de iniciar una prolífica carrera como modelo de ropa interior. Pero el camino a la gloria ha comenzado su declive, y Dean decide hacer un viaje por carretera en un intento por comprender qué es lo que no marcha bien en su vida. Lo que no sabe es que muy pronto conocerá a alguien que pondrá su mundo del revés.
Blue Bailey solo tiene un objetivo en la vida: vengarse de su ex. Para ello cuenta con la ayuda de un auténtico dios griego, el jugador de futbol americano más famoso de América, que se ofrece a llevarla en su Aston Martin. Sin embargo, Dean no es el deportista descerebrado que ella había imaginado…
Una novela en la que la popular autora de Toscana para dos y Tenías que ser tú hace nuevamente gala de todo su ingenio y humor.
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– ¿Cómo vas a pintar algo decente cuando te pasas el día soñando con ese jugador de fútbol americano?

– No sueño con él. -Blue no le había visto el pelo desde el martes, y cuando había ido a la granja para recoger sus cosas, él no estaba.

Nita cogió su bastón.

– Acéptalo, señorita fanfarrona. Tu compromiso se ha terminado. Un hombre así busca algo más en una mujer de lo que tú le puedes dar.

– Algo que usted no deja de recordarme.

Nita la miró con aire satisfecho.

– Sólo tienes que mirarte al espejo.

– ¿Ha pensado alguna vez lo cerca que está de la muerte?

Nita curvó los labios y mostró los dientes.

– Te ha roto el corazón, pero no quieres admitirlo.

– No me ha roto el corazón. Para su información soy yo quien utilizo a los hombres, no ellos a mí.

– Ah, es cierto, se me olvidaba. Eres una auténtica Mata-Hari.

Blue cogió dos de los álbums.

– Me voy a mi habitación para ver si me pongo manos a la obra. No me interrumpa.

– No irás a ningún sitio hasta que me hagas el almuerzo. Quiero un sándwich de queso. Y de Velveeta, no esa porquería que compraste.

– Esa porquería es queso Cheddar.

– No me gusta.

Blue suspiró y se dirigió a la cocina. Mientras abría la nevera, oyó un golpe en la puerta de atrás. El corazón le brincó en el pecho. Se apresuró a abrir y vio que eran April y Riley. A pesar de cuánto se alegraba verlas, no pudo evitar sentir una pizca de desilusión.

– Entrad. Os he echado de menos.

– También nosotras te hemos echado de menos. -April le palmeó la mejilla-. En especial tu comida. Habríamos venido ayer a visitarte, pero me retrasé con cosas de la granja.

Blue abrazó a Riley.

– Estás muy guapa. -Desde que Blue no la veía, hacía cinco días, el cabello largo y sin forma de Riley había sido sustituido por un corte de pelo que le enmarcaba el óvalo de la cara. En lugar de esas ropas tan apretadas y de mal gusto, vestía unos pantalones cortos color beis que le quedaban como un guante, y una camiseta verde que resaltaba el color de sus ojos y su piel aceitunada que ya no estaba pálida.

– ¿Quién anda por ahí? -La anciana se materializó en la puerta de la cocina y le dirigió a April una mirada despectiva-. ¿Y tú quién eres?

Blue frunció el ceño.

– ¿Soy yo la única que oye un caldero hirviendo?

April contuvo una sonrisa.

– Soy el ama de llaves de Dean Robillard.

– Blue aún sueña con tu jefe -dijo Nita con mofa-. No ha venido a verla ni una sola vez, pero Blue no admite que se ha acabado del todo.

– Yo no sueño con él. Yo…

– La pobre vive en un cuento de hadas, creyendo que el Príncipe Azul vendrá a rescatarla de su patética vida. -Nita jugueteó con uno de sus collares y señaló a la niña-. ¿Cuál era tu nombre? Era algo raro.

– Riley.

– Parece el nombre de un niño.

Antes de que Blue pusiera a Nita en su lugar, Riley dijo:

– Quizá. Pero es mejor que Trinity.

– Si tú lo dices. Si hubiera tenido una niña la hubiera llamado Jennifer. -Señaló la puerta con el bastón-. Ven a la sala conmigo. Necesito unos jóvenes ojos que me lean el horóscopo. Cierta persona que yo me sé no se digna a hacerlo. -Fulminó a Blue con la mirada.

– Riley vino a verme a mí -dijo Blue-, y va a quedarse aquí.

– La estás mimando de nuevo. -Miró a Riley con desaprobación-. Ella te trata como a un bebé.

Riley se miró las sandalias.

– No es cierto.

– ¿Bien? -dijo Nita con impaciencia-. ¿Vienes o no?

Riley se mordisqueó el labio.

– Supongo que sí.

– Ni se te ocurra. -Blue pasó el brazo por los hombros de Riley-. Te quedas aquí conmigo.

Para su sorpresa, Riley se retiró poco a poco tras un momento de vacilación.

– Ella no me da miedo.

Nita ensanchó las fosas nasales.

– ¿Por qué debería darte miedo? A mí me gustan los niños.

– De cena -replicó Blue.

Nita le mostró los dientes, luego le dijo a Riley:

– Venga, muévete.

– Quédate donde estás -le dijo Blue a Riley que ya comenzaba a seguir a Nita a la sala-. Eres mi invitada, no la de ella.

– Lo sé, pero supongo que tengo que ir con ella -dijo Riley con tono de resignación.

Blue intercambió una mirada con April, que asintió imperceptiblemente con la cabeza. Blue se plantó una mano en la cadera y señaló a Nita con el dedo.

– Se lo juro, si le dice algo desagradable, le prenderé fuego a su cama después de que se quede dormida. Lo digo en serio. Riley, luego me cuentas todo lo que te ha dicho.

Riley se frotó el brazo con nerviosismo.

– Eh…, vale.

Nita frunció la boca y se dirigió a April.

– ¿La has oído? Eres testigo. Si me pasa algo, llama a la policía. -Miró a Riley-. Espero que no escupas al leer. Es algo que no soporto.

– No, señora.

– Habla más fuerte. Y yergue esos hombros. Tienes que aprender a caminar derecha.

Blue esperaba que Riley mostrara una mirada de derrota, pero la niña aspiró profundamente, enderezó los hombros y la siguió a la sala.

– No des importancia a nada de lo que te diga -gritó Blue-. Es una mujer muy mezquina.

Cuando desaparecieron, Blue clavó la mirada en April.

– ¿Por qué va con ella?

– Está probándose a sí misma. Anoche sacó a Puffy después de anochecer cuando no era necesario, y esta mañana, cuando vio una serpiente en el estanque, se obligó a acercarse para mirarla, aunque estaba blanca como el papel. -Le señaló a Blue una silla-. Es demasiado frustrante. Tuvo valor para escapar de Nashville, algo que me pone los pelos de punta, y se enfrentó a su padre, pero parece que le da miedo todo lo demás.

– Es una gran chica. -Blue se asomó a la sala para asegurarse de que Riley aún seguía con vida, luego sacó la caja de galletas de la alacena y la puso en la mesa de la cocina.

– ¿Cómo puedes vivir con esa mujer? -April cogió una de las galletas que le ofrecía Blue.

– Me adapto a cualquier cosa. -Blue cogió otra galleta y se sentó en una de las sillas doradas de la cocina, enfrente de April-. Riley es una niña asombrosa.

– Sospecho que Dean es la razón de todas esas pruebas de valor que se hace Riley. Le oí sin querer decirle a la niña que tenía que ser fuerte de mente.

El tigre dorado había hecho irrupción en la cocina.

– ¿Al final la ha aceptado como su hermana?

April asintió y le contó a Blue lo que había pasado el martes por la noche, la misma noche que Dean había asaltado su caravana y habían acabado haciendo el amor. Blue había sabido en su momento que él estaba dolido, y ahora entendía la causa. Mordisqueó la galleta y cambió de tema.

– ¿Cómo van las cosas en la granja?

April se estiró como un gato.

– Los pintores ya han acabado, y han comenzado a llegar los muebles. Pero los carpinteros que iban a hacer el porche cubierto aceptaron otro encargo durante el boicot y no pueden volver hasta dentro de dos semanas. Aunque parezca mentira, Jack se ha puesto con él. Comenzó el miércoles.

– ¿Jack?

– Cada vez que necesita que le echen una mano, le ladra a Dean para que le ayude. Hoy trabajaron juntos toda la tarde sin apenas dirigirse la palabra. -Cogió otra galleta y lanzó un suspiro de satisfacción.

– Dios mío, están buenísimas. No sé por qué os peleasteis Dean y tú, pero me encantaría que os reconciliarais para que volvieras y cocinaras. Riley y yo estamos cansadas de sandwiches y cereales.

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