Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
– A mí sí me importa. Quiero que ellos te acepten como yo.
Se le tensó el estómago en respuesta, la ingle se le engrosó. Pero era su corazón el que corría mayor peligro. Se embebió de ella mientras ofrecía la muñeca a Raja, la suntuosa belleza, no tanto de su cuerpo físico, si no de la luz en su alma que brillaba sobre él.
El plateado lobo alfa miró hacia Ivory y luego obedientemente trotó hacia Razvan y aceptó el primer alimento como se merecía. Razvan alimentó al gran macho, manteniendo todo el rato su mirada clavada en Ivory.
Durante mucho tiempo no hubo nadie en su mundo, nadie que le enviara calidez, que lo hiciera sonreír, que se preocupara de si vivía o moría… y ahora allí estaba ella, sentada como una princesa del bosque en medio de su insólita manada de lobos, dispuesta a compartir su vida con él, aunque fuera para ayudarla a destruir a Xavier. La aprovecharía… aprovecharía cualquier razón, con tal de que ella lo incluyera en la familia.
– Eres tan esencial para mí como el aire que respiro o el suelo en el que descanso. -Quería que ella supiera que la habría elegido sin importar lo que el destino les deparara. Quería que supiera que por ella, los sacrificios de su vida habían valido la pena.
Ella le lanzó una mirada por debajo de las espesas pestañas.
– Eres mi compañero, mi otra mitad.
Él le sonrió, negándose a sentir el aguijón ante su recordatorio. Ella no tenía que sentir lo mismo.
– Eso no es lo que te estoy diciendo. No estoy pidiendo nada a cambio, Ivory. Simplemente sentí que era importante que supieras como me siento.
Los alfas ya habían terminado de alimentarse de Ivory y la segunda pareja ocupó su lugar mientras los más pequeños se alimentaban de Razvan. Razvan empezaba a sentir un ligero mareo. Ivory no había bromeado cuando dijo que se despertarían hambrientos y querrían vincularse con la sangre ritual.
Ivory agachó la cabeza y él vio como enterraba los dedos más profundamente en el espeso pelaje de Gynger. La punta de la lengua humedeció el labio inferior, atrayendo su atención inmediatamente. La había puesto nerviosa otra vez, y eso ensalzaba aún más al guerrero feroz de su propio interior. No estaba cómoda en lo más mínimo hablando de sentimientos. Los lobos se presionaban más cerca de ella y revoloteaban alrededor de sus compañeras pareciendo ofrecerle el ímpetu necesario para responderle.
Alzó la barbilla y de mala gana sus ojos se encontraron brevemente con los de Razvan antes de que las largas pestañas los velaran.
– Me malinterpretas.
Eso era todo lo que iba a conseguir sacarle, pero suficiente para él. La lenta quemazón que empezó en su vientre se mezcló con las llamaradas de amor de su corazón, formando una potente combinación. Saboreó la sensación de desearla. Nunca pensó que sentiría esto por una mujer. Detestaba los crímenes que su cuerpo había cometido y nunca pensó en sentir la poderosa atracción entre los compañeros, sin embargo cada momento en su compañía fortalecía sus sentimientos hacia ella y las urgentes necesidades de su cuerpo.
Sabía, en lo más profundo, que una bestia había sido despertada por esta mujer. La única que podía dejar en libertad esa parte de él. La única que podía domar esa parte salvaje de su naturaleza. Observó moverse los dedos de Ivory a través del pelaje de los lobos y supo que deseaba esos mismos dedos acariciando su piel. La había besado en el sueño compartido y podía saborearla en su boca, en su lengua, llenando sus sentidos con la salvaje lluvia de ella, el aroma y el sabor de una nueva tormenta limpiando el bosque.
Risueño, sorprendido de estar vivo y con ella, buscó el cambio, dejó que lo tomara, el maravilloso desgarro de músculos y huesos, el estiramiento de los tendones y nervios mientras su cuerpo se doblaba y cambiaba, mientras le escocía la piel y luego le salía el pelaje, su propio y suntuoso pelaje en negro y plata, sus marcas distintivas. Se le alargó el hocico, su boca se llenó de dientes y de una deliciosa sensación de libertad. Sus patas eran largas y se movían sobre la nieve y el hielo con facilidad mientras rodeaba a su compañera, empujándola juguetonamente con la nariz.
La manada instantáneamente empujó contra él, ansiosos por correr, con las colas alzadas y agitándolas mientras hociqueaban a Ivory, queriendo que se diera prisa.
– Vale, vale, monstruos -consintió ella, alegre.
A través de sus ojos de lobo, Razvan observó como adoptaba el cambio, yendo al suelo con un movimiento grácil y hermoso, y al momento estuvo a cuatro patas, un acicalado y magnífico lobo con un manto plateado. No había confusión en sus ojos; brillaban de un claro color ámbar cuando lo miró, con la boca sonriente.
Inmediatamente la manada fue hacia ella como habían hecho con él, agachando los cuerpos en sumisión. Frotó el cuerpo con el de ellos, aceptando su homenaje, y luego la manada se volvió loca, brincando por todas partes juguetonamente, meneando las colas en alto, inclinándose hacia uno y hacia otro y luego saltando, revolcándose en la nieve y levantándose risueños.
Razvan sintió las risas de Ivory y entonces ella alzó la cabeza hacia la luna y aulló de pura euforia. Risueño, se unió a ella, añadiendo su voz, reclamando el territorio, dejando que la manada cantara su alegre música. Las notas salvajes sonaban a través de los árboles, ascendiendo hacia las estrellas y la luna y entonces se hizo el silencio cuando Ivory levantó la nariz para olfatear el viento.
Empezó a correr, pasando como un rayo a través de los árboles con la manada pisándole los talones, y Razvan descubrió el puro regocijo de correr en manada. El cuerpo del lobo estaba hecho para correr, las delgadas membranas entre los dedos le permitían correr suavemente y con facilidad sobre la nieve. Como el lobo caminaba sobre los dedos, averiguó que su peso estaba uniformemente distribuido, haciendo el cuerpo más eficiente para correr. Razvan adoraba su nueva forma, celebrando las maneras en que sus músculos se estiraban y contraían mientras trotaba, cubriendo extensas cantidades de terreno, saltando con facilidad sobre los troncos caídos.
Corrió todo el rato, y la manada dejó huellas de su paso a través de las almohadillas de los pies, marcando el rastro uno del otro y advirtiendo a los demás que se alejaran. Primero Ivory estableció un ritmo rápido, corriendo a todo gas, dejando que la manada sintiera sus cuerpos otra vez, el fluir de los músculos, la riqueza de la información, el sonido del bosque. Él podía oír el agua corriendo bajo el hielo, la forma en que las hojas susurraban en las ramas repletas de nieve sobre sus cabezas mientras el viento soplaba lo bastante fuerte para mecer las ramas.
El olor del conejo y del zorro era fuerte, así como de una abundancia de otras criaturas del bosque, todas temblando en silencio mientras la manada cruzaba sus territorios. Ivory viró bruscamente a la izquierda, alejándose del pueblo Cárpato hacia las cuevas y los lugares sagrados que los Cárpatos utilizaban en sus rituales. No quería que su manada se topara con alguno de los lobos locales. Como norma, mantenían una incómoda tregua entre su manada y las otras con las que se encontraba, pero por ahora estaban ejercitando su libertad y se merecían pasar ilesos a través de cualquier territorio que eligieran.
Estaba orgullosa de ellos por su papel en el rescate del granjero y su familia; al menos, esperaba que la pequeña estuviera todavía viva. Nadie le había dicho nada al respecto, aunque podía entender por qué. Habían estado muy sorprendidos ante el volumen de minerales y elementos de la tierra que los habían cubierto a ella y a Razvan, en una mezcla fundamental de todo lo que necesitaban para revitalizarse y repararse. La tierra lo había hecho muchos siglos atrás por ella, sin la ayuda sanadora o la sangre de los Cárpatos. Había sido toda una lucha encontrar suficiente sangre para mantenerse con vida.
Casi se había vuelto loca durante esos largos años, simplemente existiendo sin pensar en nada más que en sobrevivir y, en los años de intervalo, había aceptado su vida solitaria. Ahora, Razvan corría a su lado, sus hombros ocasionalmente tocaban los suyos, su corazón latía a ritmo con el de ella. Cada paso a través de la nieve, serpenteando por entre los árboles, vadeando un pequeño río todavía sin helar y eludiendo los bordes helados era mucho más divertido.