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Электронная книга - «Un Paseo Para Recordar». Краткое содержание книги:

Corre el a?o 1958. Landon Carter es el t?pico estudiante de secundaria. Lo ?nico que le interesa es salir con sus amigos, pasar el menor tiempo posible en el colegio y disfrutar de sus ?ltimos a?os de libertad antes de ir a la universidad. Jamie Sullivan, en cambio, no es una chica com?n. No sale por las noches, no acude a fiestas ni se maquilla como hacen las dem?s chicas de su edad. Hija del pastor del pueblo, se pasa los mediod?as leyendo la Biblia, las tardes como voluntaria en un orfanato y los veranos en el campamento de la parroquia. No podr?a haber dos personas m?s diferentes. Hasta que, una noche de Navidad, todo cambia. En apenas un mes, Landon descubrir? cosas que lleva una vida entera aprender, verdades acerca de la naturaleza de la belleza, la alegr?a de vivir, el dolor de la p?rdida y, sobre todo, el poder real y milagroso del primer amor…
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Bien, como sea, el baile de bienvenida estaba por llegar, y debido a una situación desconocida Angela, todavía no tenía una cita. Cada uno de los del consejo estudiantil teníamos que asistir – era obligatorio. Tenía que ayudar a decorar el gimnasio y además limpiarlo al día siguiente, y no eran generalmente buenos tiempos. Llamé a un par de niñas a quienes conocía, pero ya tenían sus citas así que llamé a algunas más. Tenían citas, también. Antes de la semana final las opciones se agotaban rápidamente. La alberca era el lugar donde había esa clase de niñas que tenían anteojos gruesos y hablaban tonterías. Beaufort nunca fue exactamente un semillero de bellezas de todos modos, pero de todas maneras tenía que encontrar a alguien. No quería ir al baile sin una cita – ¿qué demonios parecería eso? Yo sería el único presidente del alumnado que asistiría al baile de bienvenida solo. Yo terminaría sacando a los chicos ebrios o limpiando la vomitada del suelo del baño. Eso es lo que la gente sin citas por lo general hacía.

Mi pánico y nerviosismo iban creciendo más, tomé el anuario del año anterior y empecé a echar un vistazo a las páginas una por una, buscando a alguien que pudiera no tener una cita. Primer revisé las páginas con las estudiantes del último año. Aunque muchas de ellas se fueron a la universidad, algunas todavía estaban alrededor del pueblo. Aunque no pensaba que tendría mucha oportunidad con ellas, llamé de todos modos, y por supuesto, me demostraron que estaba en lo correcto. No pude encontrar a nadie, por lo menos a nadie que fuera conmigo. Me estaba portando muy bien manejando el rechazo, les diré, aunque ésa no es la clase de cosas que uno quisiera contarle a sus nietos. Mi mamá supo qué estaba sufriendo, y por fin entró en mi habitación y se sentó en la cama al lado de mí.

"Si no puedes conseguir una cita, estaré feliz de ir contigo", dijo ella.

"Gracias, mamá", dije con desaliento.

Cuando dejó la habitación, me sentía incluso peor de lo que estaba antes. Incluso mi mamá no pensó que yo podría encontrar alguien. ¿Y si voy con ella? Incluso si viviera cien años, yo nunca conseguiría que eso se olvidara.

Había otro tipo en mi bote, a propósito. Carey Dennison había sido elegido tesorero, y todavía no tenía una cita, tampoco. Carey no era esa clase de tipo con el que alguien querría pasar el tiempo en absoluto, y la única razón por la que había sido votado era porque no tenía oponentes. Incluso pienso que casi pierde. Tocaba la tuba en la banda de guerra, y su cuerpo se veía de manera desproporcionada, como si hubiera dejado de crecer a media pubertad. Tenía un gran estómago y unos brazos flácidos y piernas, que parecían tubos de bambú como los que comen los osos panda, ustedes saben que quiero decir. Él también tenía una voz aguda – que lo hizo un buen tocador de tuba – y nunca dejaba de hacer preguntas. "¿Adónde fuiste el fin de semana pasado? ¿Fue divertido? ¿Había muchas niñas?" No esperaría una respuesta ni siquiera, y se movía constantemente cuando preguntaba así que tenías que girar la cabeza para retenerlo a la vista. Juro que era probablemente la persona más molesta a quien alguna vez había conocido. Si no consiguiera una cita, estaría de pie siguiéndome de un lado a otro durante toda la noche.

Así que ahí estaba, echando un vistazo a las páginas en la sección de estudiantes de tercer año, cuándo vi la fotografía de Jamie Sullivan. Pausé por sólo un segundo, pasé la página, maldiciéndome a mismo por solo pensar en ella. Pasé la próxima hora buscando a alguien que se viera medio decente, pero llegué a la comprensión de que no quedaba nadie. Finalmente regresé a su fotografía y miré otra vez. No se ve tan mal, me dije a mí mismo, y es muy amable. Seguramente diría que sí, pensaba…

Cerré el anuario. ¿Jamie Sullivan? ¿La hija de Hegbert? De ninguna manera. Absolutamente no. Mis amigos me quemarían vivo.

Pero comparado con ir con mi madre o limpiar el vómito o aún peor, Por Dios… ¿Carey Dennison?

Pasé el resto de la tarde pensando sobre los pros y los contras de mi dilema. Créanme, iba y venía todo ese rato, pero al final la opción era obvia, aún para mí. Tenía que preguntar a Jamie sobre el baile, y estaba dando vueltas alrededor del cuarto pensando en el mejor modo de preguntarle.

Fue entonces que comprendí algo terrible, algo absolutamente espantoso. Carey Dennison, pronto pensé, ahora estaba probablemente haciendo exactamente la misma cosa que yo. ¡Él probablemente miraba el anuario, también! Él era extraño, pero él no era la clase de tipo al que le gustaría limpiar el vómito, tampoco, y si hubieran visto a su madre, sabrían que su opción era aún peor que la mía. ¿Que pasaría si él le preguntó a Jamie primero? Jamie no le diría que no, y siendo realistas ella era la única opción que él tenía. Nadie además de ella o un muerto saldrían con él. Jamie ayudaba a todos – era una igualdad de oportunidades. Escucharía la voz chirriante de Carey probablemente, y su corazón lleno de bondad comenzaría a irradiar caridad, y le daría una respuesta afirmativa.

Así que ahí estaba, sentado en mi cuarto, loco con la posibilidad que Jamie no pudiera ir al baile conmigo. Apenas dormí esa noche, tengo que decirlo, era creo yo la cosa más extraña que yo alguna vez había experimentado. No pienso que alguien alguna vez se haya preocupado por invitar a salir a Jamie. Planeé preguntarle a primera hora de la mañana mientras que todavía tenía valor, pero Jamie no estaba en la escuela. Supuse que estaba trabajando con los huérfanos en Morread City, como lo hacía cada mes. Algunos de nosotros habíamos tratado de salir de la escuela con esa excusa también, pero Jamie era la única que en verdad iba para allá. El director sabía que ella les leía o les ayudaba con las manualidades o tan sólo jugaba juegos con ellos. No estaba saliendo a escondidas a la playa o pasando el rato en la cafetería de Cecil o algo así. El solo pensarlo era completamente ridículo.

"¿Conseguiste ya una cita?" Eric me preguntó entre clases. Él sabía muy bien que no, pero aunque era mi mejor amigo, le gustaba molestar de vez en cuando.

"Aún no", dije, "pero estoy trabajando en eso". Cuando iba rumbo el salón, Carey Dennison estaba extendiendo la mano en su armario. Juro que me lanzó una pequeña mirada furiosa y maliciosa cuando pensaba que no lo estaba mirando. Ésa fue la clase de cosas que me sucedieron ese día.

Los minutos pasaron despacio durante la clase final. Según como lo calculé – si Carey y yo saliéramos al mismo tiempo, podría llegar a casa de ella primero, con esas piernas flacuchas que él tenía. Empecé a animarme a mí mismo, y cuando la campana sonó, me largué de la escuela corriendo a todo gas. Estaba volando por el camino, y luego empecé a ponerme un poco cansado, y luego un calambre empezó. Muy pronto todo lo que podía hacer era caminar, pero ese calambre empezó a dolerme realmente, y tuve que inclinarme y sujetar mi cuerpo mientras guardé reposo. Por como recorría las calles de Beaufort, parecía una versión jadeante del Jorobado de Notre Dame. Detrás de mí pensaba haber escuchado la molesta risa de Carey. Di media vuelta, clavando mis dedos en mi intestino para sofocar el dolor, pero no pude verlo. ¡Tal vez estaba cortando camino por el jardín trasero de alguien! Era un bastardo maldito, ese tipo. No podías confiar en él ni por un minuto.

Comencé a tropezar aún más, y bastante pronto llegué a la calle de Jamie. Para entonces yo sudaba mucho mi camisa que ya estaba toda empapada y además jadeaba bastante fuerte.

Bien, llegué a la puerta principal, tarde un segundo en tomar aire, y toqué por fin. A pesar de mi precipitación para llegar a su casa, mi pesimismo me hizo pensar que Carey sería quien abriría la puerta para mí. Lo imaginé sonreírme con una expresión vencedora en sus ojos, y diciendo algo como "Lo siento, camarada, haz llegado demasiado tarde".

Pero Carey no fue el que abrió, fue Jamie, y por primera vez en mi vida la vi como si fuera una persona común y corriente. Llevaba puestos unos pantalones de mezclilla y una blusa roja, y aunque su pelo todavía estaba todo ajustado con la dona, parecía más informal de como generalmente se veía. Me di cuenta de que podía ser linda en realidad si le diera la oportunidad.

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