Depredador Oscuro
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Depredador Oscuro». Краткое содержание книги:
CAPITULO DOS
La respiración de Margarita Fernández se atoró en su garganta y se dejó caer en sus talones. ¿Qué estaba haciendo? Ella pudo imaginarse gritándose a sí misma para que parara, en el interior, profundamente donde ningún otro podría oírla-pero tanto como ella se dijo, no pudo dejarlo morir, aunque él lo exigiera- no pudo. No había vuelta atrás ahora, él la mataría seguramente. Ella se atrevió a desobedecer a un De La Cruz. No a un De La Cruz cualquiera. Ella había desobedecido nada más que aquel del cual los hombres susurraban alrededor. Éste era Zacarías, nadie lo mencionaba a menos que lo hicieran en términos de gran respeto-e incluso el mayor miedo.
Él ya le había advertido. Su voz talló las palabras por siempre en su corazón. Usted sufrirá como ningún otro ha sufrido nunca por su desobediencia. Él le había advertido en repetidas ocasiones que lo dejara. Ella solo no pudo. No había manera de explicarle. Ella misma no sabía la razón. Y no tenía voz. Ninguna manera de calmarlo con excepción de tratarlo como ella trataba a las criaturas salvajes a su alrededor.
Con gran coraje y esfuerzo físico arrancó su mirada de la prisión de la suya. Apretando los labios y haciendo caso omiso del estruendo en su corazón, ella tiró de su ropa para sacar el caos humeante lejos de su piel. Ella abrió la boca, casi se arrojó hacia atrás cuando vio sus heridas. Sangre coagulada tendida gruesa y fea sobre las moteadas quemaduras. Había estado en una terrible batalla, herido en varias ocasiones, y él no había tenido la precaución de curar sus heridas o, a juzgar por su tez pálida, de alimentarse.
No había tiempo para las sutilezas. Lo perseguían probablemente. Los no muertos estarían en la tierra mientras brillara el sol, pero tenían toda clase de criados asquerosos. Ella había sido entrenada desde su nacimiento para luchar contra los asaltos de los no muertos en su hogar. Corrió a través de la casa, asegurando cada ventana y puerta y distribuyendo las armas para un fácil acceso antes de correr a la cocina para mezclar una solución para refrescar la piel ardiente de su amo.
Ella llevó la jarra de nuevo al hombre que yacía en el suelo. Su mirada la siguió, pero no hizo ningún esfuerzo más para empujar el miedo en su mente. Tal vez porque ya estaba tan llena de terror que no había espacio para nada más. Sin embargo, sus ojos eran feroces con llamas de color rojo, y una promesa de represalias. Evitó mirarlo a los ojos, un poco por miedo, de que de algún modo el pudiera controlarla – no, no, no podía pasar- apartarla para permitirle morir. Cada célula de su cuerpo le exigió que salvara su vida, incluso a costa de la suya.
Su mano tembló cuando comenzó a pasar la esponja, con la solución fría sobre su cuerpo. Sabía que esto tenía que arderle en las laceraciones profundas, pero tenía que evitar que siguiera quemándose antes de que pudiera asistir sus otras heridas. Ella trató con fuerza de no notar sus músculos definidos y el equipo impresionante masculino. Fingía que era un animal salvaje, y quizás él realmente lo era, pero era difícil verlo así cuando acariciaba con la manopla, su muy masculino cuerpo.
Margarita estaba acostumbrada a estar en compañía de los hombres. Ella había trabajado en el rancho desde que podía recordar, pero ninguno tenía un cuerpo como este. Zacarías era todo músculo duro, hombros anchos y caderas estrechas. Él tenía una reputación temible. Pocos lo vieron en carne y hueso, pero los rumores eran terribles. Cesaro Santos, el capataz del rancho, le había dicho que cuando había sido atacada por los vampiros Zacarías le había salvado la vida, pero ella nunca lo conoció, ni había hablado con él ni siquiera lo había visto antes. Sin embargo, ella sabía con absoluta certeza que este hombre era el mayor de los hermanos De La Cruz y el amo de todos los ranchos.
Con mucho cuidado, limpió sus heridas, al tiempo que le calmaba como a una de sus criaturas salvajes, sin saber si ayudaba o no. Su cuerpo estaba totalmente muerto, aunque sus ojos permanecían abiertos y fijos en su rostro. Necesitaba sangre. Estaba demasiado pálido y era evidente partiendo de sus heridas que había perdido demasiada sangre. Podía oír su corazón comenzando a acelerarse, pero había llegado tan lejos ya. Llegar más lejos ¿que importaba?
Él ya le había condenado por sus acciones.
Tomando aire, ella extrajo el cuchillo de su vaina en su cintura y antes de que ella pudiera pensar demasiado en lo que hacía, se cortó su muñeca. Si ella hubiera podido gritar en voz alta, lo haría, pero incluso abriendo su boca de par en par, ningún sonido emergió. Ella colocó su muñeca sobre la boca de su amo, permitiendo que la sangre goteara constantemente. Ella le exigió silenciosamente que tragara. Él podía hacer mucho, ella estaba seguro de eso. Cuando no se movió, miró de cerca y vio que su boca parecía absorber la sangre, como si se estuviera muriendo de hambre y su cuerpo tomara cualquier sustento que pudiera conseguir. Tenía sentido. Él era casi inmortal. Su cuerpo había sido diseñado para sobrevivir sin importar sus heridas.
Ella le dio tanta sangre como se atrevió, quizá demasiada, porque se sentía un poco mareada cuando finalmente separó su muñeca y tambaleó hasta el cuarto de baño para envolver un vendaje alrededor de la herida. Ella ahora había ido más allá del miedo y del terror, trabajando en piloto automático. Nadie entrarían en la casa ahora que su padre estaba muerto. Había muerto tratando de evitar que la matara momentos antes que llegara Zacarías. Los trabajadores reconocerían la señal al ver las puertas y las ventanas trabadas y cubiertas con pesadas cortinas; que un De La Cruz estaba en residencia y debía ser protegido, más no perturbado. Cesaro pondría a un guardia cerca del ganado y prepararía el rancho para la batalla.
Margarita abrió todas las puertas entre el lugar donde el cuerpo de Zacarías yacía y la recámara principal donde sabía que la cámara bajo la tierra se encontraba. Ella luchó para mover la enorme cama y apartarla del camino que cubre la pesada trampilla que conduce a la cámara oculta debajo de la casa. Ella sudaba por el tiempo que lucho, se apresuró a regresar con Zacarías. Su muñeca latía y ardía y sus piernas parecían de goma.
Fue un infierno que lo arrastraran sobre la lona por toda la casa. Por suerte, sus ojos finalmente se cerraron y su respiración cesó. Él parecía como si estuviera muerto, y muy frío. A pesar de que conocía los principios básicos de la existencia de los Cárpatos, aún era desconcertante verlo como si estuviera muerto, cuando ella había arriesgado tanto para salvarlo. Por un momento estuvo en peligro de hiperventilarse, una condición que a menudo le sucedía al despertarse de sus pesadillas después del ataque de los no muertos contra ella. Reconoció el pánico y se obligó a respirar lenta y uniformemente, mientras que jalaba la lona, cubriendo pulgada a pulgada hasta que llegó a la puerta de la trampa.
Margarita mordió su labio inferior con tanta fuerza que dibujo una pequeña gota de sangre. ¿Cómo iba a conseguir bajarlo por las escaleras? Ella no había pensado más allá de sumergirlo en el suelo oscuro rico que los hermanos de De La Cruz habían traído de su patria para poner en sus muchos lugares de descanso. Si ella llamara Cesaro para que la ayudara él haría preguntas que ella no se atrevía a responder.
Con un encogimiento de sus hombros ella fue delante de él, tirando la lona hacia abajo por las escaleras. Ella cuidó su cabeza de golpear a cada paso, pero el cuerpo golpeó pesadamente hasta abajo. Aunque sus ojos estaban cerrados y su respiración parecía haber cesado, ella estaba segura que él era consciente de lo que le sucedía porque cuando tocó su mente con calor, ella sintió como si se hubiera conectado con esa parte salvaje de él de la misma manera que lo hacía con los animales. No era como si ella pudiera hablar pues no tenía ninguna voz, pero le envió una impresión de dolor, de disculpa. Del miedo que sentía. Ella sabía que no sería bastante para apaciguar su rabia, pero era todo lo que ella tenía.