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El Legado De Frost

Электронная книга - «El Legado De Frost». Краткое содержание книги:

Soy Meredith Gentry, princesa y heredera forzosa al trono de un reino feérico, antes detective privado en el mundo humano.
Para ser coronada reina, y así continuar con la línea de sangre real, primero debo dar a luz a mi heredero. Si fallo, mi tía, la Reina Andais, será libre de cumplir el mayor de sus deseos: nombrar a su malévolo hijo, Cel, como monarca… y matarme.
Mis guardaespaldas reales me rodean, y mis amados Oscuridad y Asesino Frost están siempre a mi lado, jurando protegerme y amarme. Pero de todos modos la amenaza se cierne sobre nosotros, puesto que a pesar de todos nuestros esfuerzos no me quedo embarazada. Y mientras, las maquinaciones de mi siniestra y sádica Reina y sus cómplices parecen inagotables. Así que mis guardaespaldas y yo hemos regresado a Los Ángeles, con la esperanza de superar o al menos minimizar las crecientes intrigas de la Corte. Pero incluso el exilio no es suficiente para escapar de las garras de sus más oscuros designios.
Ahora el Rey Taranis, el poderoso soberano de la Corte de la Luz, ha acusado a mis guardaespaldas reales de un delito atroz y ha llegado al extremo de interponer una acción judicial ante las autoridades humanas para que impartan castigo. Si tiene éxito, mis hombres afrontarán la extradición al mundo feérico y las penas más horribles que les puedan esperar allí. Pero sé que los cargos de Taranis son infundados, y presiento que su objetivo tras todas estas atrocidades soy yo. Él ya trató de matarme cuando yo era una niña. Ahora temo que sus intenciones sean mucho más aterradoras.
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– Los tres guardias que han sido acusados por el rey deberían regresar al sithen -dijo Shelby.

– El rey Taranis tenía tanto miedo de que el Embajador Stevens viera que en la Corte Oscura eramos hermosos que hechizó al pobre hombre. Un hechizo que le obligaba a vernos como monstruos. Un hombre que es capaz de hacer tal cosa desesperada haría muchas otras cosas más desesperadas.

– ¿Qué quiere decir, Princesa?

– Mentir equivale a ser expulsado del mundo de las hadas, pero ser rey te permite a veces estar por encima de la ley.

– ¿Está diciendo que los cargos son falsos? -inquirió Cortez.

– Desde luego que son falsos.

– Usted diría cualquier cosa por salvar a sus amantes -expresó Shelby.

– Soy sidhe, y no estoy por encima de la ley. No puedo mentir.

– ¿Es verdad eso? -dijo Shelby inclinándose para preguntárselo a Veducci.

Él asistió.

– Se supone que es verdad, pero una de las dos miente, la princesa o Lady Caitrin.

Shelby se giró para mirarme.

– Usted no puede mentir.

– Poder, puedo… pero si así lo hiciera me arriesgaría a ser expulsada del mundo de las hadas. -Apreté fuertemente la mano de Doyle. -No hace nada que regresé allí. No quiero perderlo todo de nuevo.

– ¿Por qué dejó usted el sithen la primera vez, Princesa? -preguntó Shelby.

Biggs contestó a esto.

– Esa pregunta está fuera de lugar, y nada tiene que ver con los cargos en cuestión. -La reina probablemente le había dado una lista de preguntas a las que yo no podía contestar.

Shelby sonrió.

– Muy bien. ¿Es verdad eso de que los Cuervos fueron forzados al celibato durante siglos?

– ¿Puedo hacer una pregunta antes de contestar a ésta?

– Puede preguntar lo que guste, Princesa, pero puede que no le conteste.

Me reí de él, y él sonrió a su vez. La mano de Doyle apretó mi hombro. Él tenía razón, mejor no coquetear hasta no saber exactamente cuál sería el resultado. Atenué la sonrisa, e hice la pregunta.

– ¿El Rey Taranis dijo que los Cuervos fueron forzados al celibato durante siglos?

– Eso he dicho -dijo Shelby.

– No lo dudo, Señor Shelby. Por favor, tenga en cuenta que hasta una princesa puede ser torturada por ir en contra de las órdenes de su reina.

– Confiesa entonces que torturan a su gente en la Corte de la Oscuridad -dijo Cortez.

– Se tortura en las dos Cortes, señor Cortez. Sólo que la reina Andais no lo esconde, porque ella no se averguenza de ello.

– ¿Declarará usted públicamente que…? -empezó a decir Cortez.

– Será una declaración a puertas cerradas -dijo Biggs- a menos que llegue a los tribunales.

– Sí, sí -dijo Cortez-, ¿pero usted declararía en el juicio que el Rey Taranis permite la tortura como castigo en la Corte Luminosa?

– Conteste a mi pregunta sinceramente, y yo contestaré a la suya.

Cortez miró a Shelby. Intercambiaron una larga mirada, luego los dos se volvieron hacia mí.

– Sí -dijeron al mismo tiempo. Los dos hombres se miraron el uno al otro, y finalmente Cortez asintió con la cabeza hacia Shelby, quién dijo…

– Sí, el rey Taranis nos comunicó el hecho de que los Cuervos habían sido forzados al celibato durante siglos y que esa era la razón por la que eran peligrosos para las mujeres. Tambien declaró que se había levantado el celibato sólo para una joven muchacha, haciendo referencia a usted, Princesa, y que eso era monstruoso. Una sola mujer para satisfacer centurias de lujuria.

– Entonces el celibato es el motivo para la violación -dije.

– Parece ser el razonamiento del rey -comentó Shelby. -No hemos buscado un motivo más usual para la violación.

Usual, pensé.

– He contestado a su pregunta, Princesa. Ahora, ¿declararía en el juicio que la Corte Luminosa tortura a sus presos?

Frost llegó para detenerse al lado de Doyle.

– Meredith, piensa antes de contestar.

Miré hacia atrás, encontrándome con sus preocupados ojos del mismo color que el suave gris de los cielos en invierno. Le ofrecí mi otra mano, y él la tomó.

– Taranis dejó salir a nuestro gato de su cubil, Frost. Ahora dejaremos salir al suyo.

Frost me miró con el ceño fruncido.

– No entiendo esta conversación sobre gatos, pero temo su cólera.

Tuve que reírme de él sobre todo porque también estaba de acuerdo.

– Él comenzó esto, Frost. Yo sólo lo terminaré.

Él apretó mi mano, y Doyle me apretó la otra, de modo que mis manos quedaron entrecruzadas sobre mi pecho, sosteniéndolos. Sostuve sus manos al tiempo que decía…

– Señor Shelby, Señor Cortez, a su pregunta de… ¿si declararía en el juicio que la Corte de la Luz del Rey Taranis tortura como método de castigo? Sí, lo declararía.

Se supone que era una declaración a puertas cerradas, pero si cualquiera de estos secretos llegaba a la prensa… Esta pequeña enemistad familiar se trasformaría en algo feo, muy feo.

CAPÍTULO 2

LOS ABOGADOS DECIDIERON QUE DOYLE Y FROST PODÍAN contestar algunas preguntas generales sobre cómo era ser parte de mi guardia personal, ofrecer alguna idea acerca del ambiente en el cual Rhys, Galen, y Abe habían estado viviendo. Yo no estaba segura de si eso sería de alguna ayuda, pero dado que yo no era abogado, ¿quién era yo para discutirlo?

Doyle se sentó a mi derecha, Frost a mi izquierda. Mis abogados, Farmer y Biggs movieron sus asientos para hacerles sitio.

Shelby consiguió hacer la primera pregunta.

– ¿Y ahora hay dieciséis de ustedes con acceso a la Princesa Meredith para sus, humm, necesidades?

– Si quiere decir para el sexo, entonces sí -dijo Doyle.

Shelby tosió y asintió con la cabeza.

– Sí, quería decir para el sexo.

– Entonces diga lo que quiere decir -dijo Doyle.

– Eso haré. -Shelby se sentó un poco más erguido-. Imagino que debe ser difícil compartir a la princesa.

– No estoy seguro de entender la pregunta.

– Bien, no quisiera ser poco delicado, pero esperar su turno debe ser difícil después de tantos años de abstinencia.

– No, no es difícil esperar.

– Por supuesto que sí -dijo Shelby.

– Está poniendo palabras en boca de los testigos -dijo Biggs.

– Lo siento. Lo que quiero decir, Capitán Doyle, es que después de tantos años de necesidades no satisfechas, debe ser difícil tener relaciones sexuales sólo cada dos semanas más o menos.

Frost se rió, luego se dio cuenta y trató de convertirlo en una tos. Doyle sonrió. Era la primera sonrisa amplia y genuina que había dejado ver desde que las preguntas habían comenzado. El destello blanco de sus dientes en su oscuro, realmente oscuro rostro, era alarmante si no estabas acostumbrado a verlo. Era como si, de repente, una estatua te sonriera.

– No alcanzo a ver el humor que existe en ser obligado a esperar semanas para tener sexo, Capitán Doyle, Teniente Frost.

– Yo no vería ningún humor en eso tampoco -dijo Doyle-, pero cuando el número de hombres aumentó, la Princesa Meredith cambió algunas de las pautas que teníamos asignadas.

– No le sigo -dijo Nelson-, ¿Pautas?

Doyle me miró.

– Quizás sería mejor si lo explicaras tú, Princesa.

– Cuando sólo tenía cinco amantes, parecía razonable hacerles esperar su turno, pero tal como usted ha hecho notar, esperar dos semanas, o más, después de siglos de celibato parecía otra forma de tortura. De modo que cuando el número de hombres aumentó hasta llegar a ser un número de dos dígitos, yo aumenté el número de veces que hago el amor en un día determinado.

No se consigue a menudo ver a tan poderosos y altamente cotizados abogados con el semblante avergonzado, pero yo lo conseguí en ese momento. Se miraban los unos a los otros. Sólo Nelson, de hecho, levantó la mano.

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