La Buena Tierra
- Автор: Бак Перл С.
- Язык: испанский
- Жанр: Классическая проза
Электронная книга - «La Buena Tierra». Краткое содержание книги:
This is the story of the cyclical nature of life, of the passions and desires that motivate a human being, of good and evil, and of the desire to survive and thrive against great odds. It begins with the story of an illiterate, poor, peasant farmer, Wang Lung, who ventures from the rural countryside and goes to town to the great house of Hwang to obtain a bride from those among the rank of slave. There, he is given the slave O-lan as his bride.
Selfless, hardworking, and a bearer of sons, the plain-faced O-lan supports Wang Lung's veneration of the land and his desire to acquire more land. She stays with him through thick and thin, through famine and very lean times, working alongside him on the land, making great sacrifices, and raising his children. As a family, they weather the tumultuousness of pre-revolutionary China in the 1920s, only to find themselves the recipient of riches beyond their dreams. At the first opportunity, they buy land from the great house of Hwang, whose expenses appear to be exceeding their income.
With the passing of time, Wang Lung buys more and more land from the house of Hwang, until he owns it all, as his veneration of the land is always paramount. With O-lan at this side, his family continues to prosper. His life becomes more complicated, however, the richer he gets. Wang Lung then commits a life-changing act that pierces O-lan's heart in the most profoundly heartbreaking way.
As the years pass, his sons become educated and literate, and the family continues to prosper. With the great house of Hwang on the skids, an opportunity to buy their house, the very same house from where he had fetched O-lan many years ago, becomes available. Pressed upon to buy that house by his sons, who do not share Wang Lung's veneration for the land and rural life, he buys the house. The country mice now have become the city mice.
This is a potent story, brimming with irony, yet simply told against a framework of mounting social change. It is a story that stands as a parable in many ways and is one that certainly should be read. It illustrates the timeless dichotomy between the young and the old, the old and the new, and the rich and the poor. It is no wonder that this beautifully written book won a Pulitzer Prize and is considered a classic masterpiece. Bravo!
Entonces Wang Lung le dijo claramente lo que a nadie había dicho.
– Odio a estos tres más que a nada en el mundo, y si hallara un modo de librarme de ellos, lo haría. Pero tu tío es jefe de una horda salvaje de ladrones, y si yo los alimento y los mimo estamos seguros, y por eso nadie puede demostrar enojo contra ellos.
Cuando el hijo de Wang Lung oyó esto, abrió tanto los ojos que parecía que se le iban a salir de sitio, pero cuando hubo meditado unos minutos sobre aquella revelación, se encolerizó más que nunca y dijo:
– ¿Y qué os parecería este medio? Una noche, precipitémoslos al agua a los tres. Ching puede empujar a la mujer, que es gorda y desvalida, y yo empujaré al joven, mi primo, a quien detesto porque siempre está tratando de ver a mi esposa, y vos podéis empujar al hombre.
Pero Wang Lung no podía matar; aunque hubiera preferido matar a su tío que a su buey, no podía hacerlo, ni aun odiando, y exclamó:
– No, y aunque pudiera hacer eso: echar al agua al hermano de mi padre, no lo haría, porque cuando los otros ladrones se enterasen, ¿qué sería de nosotros? Y si él vive estamos seguros, y si desaparece seriamos como las demás gentes que poseen algo y están en continuo peligro en tiempos como éstos.
Entonces los dos hombres quedaron silenciosos, cada cual pensando qué se podría hacer, y el joven vio que su padre tenía razón y que la muerte era un medio fácil pero inútil, y que había que buscar otro.
Por fin, Wang Lung musitó:
– Lo conveniente sería que pudiésemos tenerlos en la casa, aunque inofensivos y sin deseos. ¡Pero eso no es posible, sería cosa de magia!
Entonces el joven dio una palmada y exclamó:
– ¡Me habéis indicado lo que hay que hacer! Vamos a comprarles opio y más opio y dejarles fumar cuanto quieran, como hacen los ricos. Yo pretenderé hacer las paces con mi primo y lo llevaré a una casa de té de la ciudad donde se puede fumar, y para mi tío y su mujer podemos comprarlo.
Pero Wang Lung, como esta idea no se le había ocurrido a él primero, vaciló en aceptarla.
– Va a costar mucho -dijo-, pues el opio cuesta tanto como el jade.
– Bueno, y dejarnos saquear por ellos cuesta todavía más caro -discutió el joven-. Y además tenemos que sufrir su soberbia y las miradas del joven a mi esposa.
Pero Wang Lung no quiso consentir en seguida, pues no era una cosa tan fácil de hacer y además iba a costar una buena bolsa de plata.
Y probablemente no se habría realizado nunca y hubieran continuado de la misma manera hasta que las aguas retrocediesen, si no hubiese ocurrido una cosa. Y esta cosa era que el hijo del tío de Wang Lung puso los ojos en la hija segunda, que era su prima, y por la sangre, lo mismo que si fuera su hermana. Esta hija de Wang Lung era una muchacha sumamente bonita, parecida al hijo segundo, al comerciante, en su pequeñez y ligereza, pero sin la piel amarilla de aquél, pues la de ella era clara y pálida como flor de almendro. Su nariz era menuda; sus labios, delgados y rojos, y sus pies, chiquitos.
Una noche, cuando salía de la cocina, y atravesaba sola el patio, su primo la cogió con rudeza, sujetándola contra él y apretándole una mano en el pecho. La muchacha se puso a gritar y Wang Lung salió corriendo y golpeó al joven en la cabeza, pero era como un perro que no quiere soltar un trozo de carne robada, y, para libertar a su hija, Wang Lung tuvo materialmente que arrancársela de las manos. Entonces el joven se rió broncamente y dijo:
– Era solamente una broma. ¿No es mi hermana? ¿Y puede un hombre hacer nada malo con su hermana?
Pero, mientras hablaba, los ojos le brillaban de lujuria, y Wang Lung tiró de la muchacha y la mandó encerrarse en su habitación.
Aquella misma noche le contó a su hijo lo sucedido, y el joven se puso muy serio y dijo:
– Tenemos que enviar a la doncella a la ciudad, a la casa de su prometido; aunque el negociante Liu diga que es un año demasiado mala para bodas, tenemos que mandarla, no fuera caso que no pudiéramos conservarla virgen con este tigre ardiente en la casa.
Y Wang Lung lo hizo así. Al otro día fue a la ciudad, a casa del negociante, y le dijo a éste:
– Mi hija tiene trece años, ya no es una niña y puede casarse. Pero Liu dudó y dijo:
– No tengo suficientes beneficios este año para empezar una familia en mi casa.
A Wang Lung le daba vergüenza decir: "Tenemos al hijo de mi tío en casa, y es un tigre", así es que repuso solamente:
– No quisiera tener cuidado de la doncella, porque su madre ha muerto, es bonita, tiene edad de concebir y, como mi casa es grande y llena de esto y de lo otro, me es imposible vigilarla siempre. Ya que ha de ser de vuestra familia, dejad que su virginidad sea guardada aquí y casadla cuando queráis.
Entonces el negociante, que era un hombre blando y bondadoso, replicó:
– Bien, pues si es así, que venga la doncella. Yo hablaré con la madre de mi hijo; aquí estará segura con su suegra, y pasadas las próximas cosechas se podrá casar.
Así pues, quedó convenido y Wang Lung partió contento. Pero a su regreso, al dirigirse hacia la puerta de la ciudad donde Ching le esperaba con una barca, pasó ante una tienda de tabaco donde también vendían opio y entró para comprarse un poco de tabaco picado que poner en su pipa por las noches. Mientras el dependiente lo pesaba, Wang Lung le preguntó involuntariamente:
¿Y cuánto vale vuestro opio, si lo tenéis?
Y el empleado respondió:
– En estos días no está permitido venderlo públicamente, pero si lo queréis comprar y tenéis plata, lo pesamos en el cuarto detrás de éste, a una pieza de plata por onza.
Entonces Wang Lung no quiso pensar más y dijo apresuradamente:
– Me llevaré seis onzas.
XXVIII
Después que hubo partido la hija segunda y Wang Lung se sintió libre de su ansiedad por ella, le dijo un día a su tío:
– Ya que sois el hermano de mi padre, aquí tenéis un buen tabaco.
Abrió el frasco del opio y el viejo cogió la odorífera substancia, la olió, se rió complacido y dijo:
– Alguna vez he fumado un poco de opio, aunque raramente, pues es demasiado caro. Pero me gusta mucho.
Y Wang Lung le respondió con fingida indiferencia:
– Esto es solamente un poco que compré para mi padre cuando se hizo viejo y no podía dormir por las noches. Pero no llegó a utilizarlo y hoy lo encontré y me dije: "Ahí está el hermano de mi padre, y ¿por qué no ha de emplearlo él antes que yo, que soy más joven, y no lo necesito aún?" Tomadlo, pues, y fumadlo cuando lo deseéis o cuando tengáis dolor.
Entonces el tío de Wang Lung lo tomó codiciosamente, pues era cosa grata de oler y algo que solamente los ricos usaban, y se compró una pipa y fumó el opio tendido todo el día sobre su cama. Entonces Wang Lung se ocupó de que se comprasen pipas y fueran dejadas aquí y allá, y fingió que él mismo fumaba, aunque sólo se llevaba una pipa a su cuarto y la dejaba allí hasta que se enfriaba. Y a sus dos hijos y a Loto no les permitía tocar el opio, diciendo como excusa que era demasiado caro, pero lo procuró liberalmente para su tío y para la mujer y el hijo de su tío, y la casa se llenó del dulzón aroma. Pero Wang Lung no escatimó la plata para esto, porque le traía la paz.
Ocurrió un día, cuando el invierno finalizaba y las aguas empezaban a retroceder, de manera que Wang Lung podía andar por su tierra, que el mayor de sus hijos le siguió y le dijo orgullosamente:
– Bueno, pronto habrá otra boca en la casa y será la boca de vuestro nieto.
Al oír esto, Wang Lung volvióse, se rió frotándose las manos y dijo:
– ¡Este es en verdad un gran día!
Y riéndose nuevamente fue a buscar a Ching y le dio orden de ir a la ciudad a comprar pescado y buenos manjares que envió a la esposa de su hijo, diciéndole:
Come y haz fuerte el cuerpo de mi nieto.
Durante toda la primavera, Wang Lung tuvo, para su consuelo, la idea de este nacimiento que se preparaba. Y cuando estaba ocupado en otras cosas pensaba en ello y se sentía confortado.