Diosa Por Derecho
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Derecho». Краткое содержание книги:
los siguientes dieciocho años de su vida como cualquier chica normal de Oklahoma. Cuando descubrió la verdad de su origen, la rabia y la pena se apoderaron de ella y la llevaron de vuelta al mundo de Partholon. Pero allí, en vez de ser respetada como hija de la encarnación de una diosa, Morrigan se sintió como una intrusa rechazada. En su desesperación por formar parte de Partholon, se enfrentará a fuerzas que no podía comprender ni controlar por entero. Y pronto empezaría a sufrir el acecho de una extraña oscuridad…
– Ella no va a presidir el funeral de Kai. Ni siquiera asistirá. Su presencia sería un insulto para el alma del Maestro de la Piedra.
Birkita palideció, y todo el mundo comenzó a murmurar con inquietud.
– Deberíamos mantener esta conversación en privado.
– No. Esta conversación debe ser pública -dijo Morrigan con firmeza. Sin embargo, titubeó al ver a la Señora de los Sidethas. Shayla tenía los ojos hinchados y enrojecidos, el pelo enmarañado y el vestido lleno de manchas-. En realidad, estoy de acuerdo con Shayla. Yo no debo celebrar el funeral de Kai. Debes hacerlo tú, Birkita.
– No, Morrigan. Tú eres la Suma Sacerdotisa de los Sidetha. Ahora, ésa es tu obligación -dijo Birkita-. La única alternativa sería que la presidiera Kegan. Dado que es un Sumo Chamán, y era amigo de Kai, eso sí sería aceptable.
– ¡El funeral de Kai se celebrará según los ritos de los Sidethas! Éste era el segundo hogar del Maestro de la Piedra. Su pira se preparará conforme a nuestras tradiciones, y lo honraremos como a uno de los nuestros -Shayla terminó de hablar con un sollozo, y Morrigan sintió verdadera pena por ella, hasta que la Señora de los Sidethas añadió con desprecio-: Pero ella no estará presente.
«¡Nadie debería hablarte así!».
Morrigan intentó hacer caso omiso de la voz que oía en su mente, pero su ira no le permitió callar.
– ¿Dónde está tu marido, Shayla? ¿No debería estar contigo en un momento tan triste?
Shayla retrocedió como si Morrigan la hubiera abofeteado, y entornó los ojos. Abrió la boca para arrojar más veneno, pero Morrigan le dio la espalda y se dirigió a Birkita.
– El motivo por el que tienes que dirigir tú la ceremonia es que todavía eres la Suma Sacerdotisa de los Sidethas -le dijo. Al oír aquello, todo el mundo quedó en silencio. Cuando Morrigan continuó hablando, todos estaban escuchándola con atención-. He estado hablando con Kegan sobre esto y, bueno, sabes que en Oklahoma las cosas son distintas a como se hacen aquí, ¿verdad?
– Sí, tú y yo ya hemos hablado de eso.
– Pero no te había contado que nunca tuve una ceremonia de ascensión.
Birkita pestañeó.
– ¿No te has puesto formalmente al servicio de Adsagsona?
– No, nunca. Así que en realidad, todavía no soy Suma Sacerdotisa.
Birkita frunció el ceño con desconcierto.
– Pero eres Portadora de la Luz, y ésa es una posición mucho más poderosa que la de Suma Sacerdotisa.
– Lo cual no significa que Morrigan sea también Suma Sacerdotisa -intervino Kegan-. Es cierto que ser Portadora de la Luz es un gran don. Y también que la Sacerdotisa que tiene un poder así, concedido por una divinidad, se convierte por derecho en Suma Sacerdotisa para servir a su dios o a su diosa. Sin embargo, Morrigan ha venido de un lugar donde el orden natural de las cosas es distinto.
– Eso quiere decir que no tiene derecho a ser la Suma Sacerdotisa -dijo Shayla.
– Como Sumo Chamán puedo asegurarle, Señora, que no quiere decir eso -respondió Kegan con frialdad.
Morrigan ninguneó a Shayla y siguió hablando con Birkita.
– Lo que quiere decir es que tengo que ir despacio. Comenzar por el principio y aprender cómo se hacen las cosas aquí, para ganarme el derecho a ser Suma Sacerdotisa de Adsagsona. Y tú serás mi profesora.
Morrigan se sintió gratificada al oír que las Sacerdotisas de la sala murmuraban con aprobación.
– ¡Prohíbo que os convirtáis en Suma Sacerdotisa! -gritó Shayla.
Morrigan se volvió hacia ella.
– Tú no eres Adsagsona. Sé que te has estado comportando como si fueras una diosa, pero el hecho de representar ese papel no te convierte en diosa. Yo lo sé bien, porque he estado representando el papel de Suma Sacerdotisa cuando todavía no me he ganado ese derecho. Pero te prometo que será la diosa quien decida cómo y cuándo recibo ese título. No tú. Shayla, entiende esto de una vez por todas: tú estás a cargo del trabajo cotidiano del Reino de los Sidethas, no a cargo de los espíritus de la gente de tu pueblo.
– ¡No me habléis en ese tono!
Morrigan se puso furiosa. Con un gesto automático, elevó un brazo.
– ¡Luz! -ordenó.
De su mano alzada irradió una llama blanca hacia el techo de Usgaran, donde fue absorbida, y entonces, todos los cristales de selenita de la cámara, incluido el Cristal Sagrado, se encendieron con un resplandor poderoso. Aquel poder también encendió a Morrigan, calentó su sangre e hizo brillar su cuerpo. Se acercó a Shayla, con el cuerpo vibrante de fuerza, y dijo:
– Te hablaré como quiera si sigues entrometiéndote en los asuntos de la diosa. Los tiempos cambian, y será mejor que no te interpongas en mi camino o pasaré por encima de ti.
– Morrigan, ya es suficiente.
La voz de Kegan atravesó el muro de calor y furia que la rodeaba. Morrigan se apartó de Shayla. Y, extrañamente, la Señora de los Sidethas no parecía muy afectada por la amenaza de Morrigan. En vez de eso, sonreía.
– Gracias por la advertencia, Portadora de la Luz. La tendré en cuenta.
Shayla se atusó el pelo enmarañado, se dio la vuelta y salió majestuosamente de la cámara.
– La ira no es el camino, hija -dijo Birkita.
Morrigan miró a la frágil Suma Sacerdotisa, cuyos ojos estaban llenos de sabiduría y compasión, y supo que Birkita tenía razón. Tal y como le había dicho Rhiannon, la furia era destructiva y no iba a conducirla por el buen camino. Morrigan hizo un gran esfuerzo y ordenó al calor de su cuerpo que volviera a los cristales a los que pertenecía. Después, sonrió a Birkita con cansancio.
– Supongo que es una de las lecciones que vas a tener que enseñarme.
– Alguien deberá hacerlo -añadió Kegan.
Morrigan se echó a reír inesperadamente, y el calor que todavía permanecía en su cuerpo se enfrió. Ella se sintió un poco tonta, en mitad de la sala, con todo el mundo mirándola.
Carraspeó y dijo:
– Bueno, entonces, ¿queda decidido que tú presidirás el funeral de Kai?
– Sí -dijo Birkita-. Y también que, cuando terminemos con los funerales, te prepararás para la ceremonia de ascensión y el comienzo de tu servicio formal a la diosa.
– Muy bien -respondió Morrigan con una sonrisa.
– Y hay otra ceremonia más para la que debemos prepararnos -dijo Kegan.
Morrigan y Birkita miraron al centauro.
Kegan sonrió a Morrigan.
– Tal vez no. Quizá haya hablado demasiado pronto.
Entonces, hizo algo que dejó perpleja a Morrigan y a todos los presentes. La tomó de la mano, se inclinó con solemnidad ante ella y se posó la mano sobre el corazón.
– Morrigan, en este día proclamo mi amor por ti ante tu diosa, la Suma Sacerdotisa y tu gente. Te pido que me concedas el honor de casarte conmigo. Que seas mi compañera para toda la vida, y si la diosa lo permite, durante toda la eternidad. ¿Quieres casarte conmigo, Morrigan, Portadora de la Luz de los Sidethas?
Morrigan pensó que se le iba a escapar el corazón del pecho. Miró a Kegan a los ojos y vio en ellos un futuro de amor y felicidad. También vio que, con él, nunca volvería a ser una intrusa en ningún sitio. Vio al compañero de su alma.
– Sí, Kegan.
Con un grito de alegría, Kegan la tomó en brazos y la besó.
La risa de Birkita se mezcló con los vítores de las Sacerdotisas.
– Y así debe ser -dijo Birkita-. La vida equilibrando la muerte. La alegría iluminando la oscuridad de la tristeza.
Morrigan cerró los ojos, besó a Kegan y deseó que aquel momento nunca terminara.
Capítulo 22
– A Kai le gustaría este lugar -dijo Kegan-. Adoraba las texturas y los colores diferentes. Sé que las Salinas le parecían un paisaje muy bello. Su espíritu estará satisfecho.
– Eso espero -dijo Morrigan, que estaba a su lado.