Una Aventura Secreta
- Автор: Бэлоу Мэри
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Una Aventura Secreta». Краткое содержание книги:
Su nombre es Hannah Reid. Nacida plebeya, se convirtió en la duquesa de Dunbarton desde que a los diecinueve años se casó con el anciano duque al que, según los rumores, le fue constantemente infiel. Y ahora que su marido ha muerto, Hannah, más femenina y bella que nunca a sus treinta años, ha obtenido la libertad que tanto deseaba y sabe muy bien lo primero que va a hacer con ella: buscarse un amante; no cualquier amante, sino el más peligroso y atractivo de toda la alta sociedad londinense, Constantine Huxtable.
Siendo un hijo ilegítimo, Constantine no ha podido acceder al título de conde, así que nunca se ha negado ningún placer que pudiera manchar su reputación. Se dice de él que lleva una vida de asueto y placer carnal en su villa del campo y que siempre elige como amantes a las viudas más recientes. Con lo que Hannah parece entrar dentro de sus expectativas.
Pero una vez que estos dos apasionados y escandalosos personajes cruzan sus vidas, se dan cuenta de que no es tan fácil liberar las llamas del deseo… sin salir chamuscado, y que ambos guardan secretos que, cuando sean revelados, nadie será capaz de decidir quién de los dos se enamorará primero, quién domará a quién y quien saldrá ganador de este juego de corazones.
Hannah lo encontró allí mismo cuando salió del salón por las puertas francesas. Su intención era ir al lago para ver cómo iban los preparativos.
Con la miró con una sonrisa y dobló la carta.
– ¿Tu cocinera lo tiene todo bajo control? -preguntó.
– Por supuesto. Me ha ofrecido un cálido recibimiento y me ha invitado a quedarme siempre y cuando no me internara demasiado en sus dominios ni estorbara. -Soltó una carcajada y lo miró. Después miró al ajetreado grupo que se encontraba un poco alejado de la casa. Y luego clavó la vista en la carta-. ¿Ha pasado algo?
– No, nada. -Volvió a sonreír. Hannah se sentó en el banco, a su lado.
– Constantine -dijo-, ¿qué ha pasado? Insisto en que me lo cuentes.
– ¿Ah, sí, duquesa? -replicó, mirándola con los ojos entrecerrados.
Ella se limitó a mirarlo en silencio.
– Así es imposible mantener una relación -dijo a la postre.
– ¿Lo nuestro es una relación? -respondió él-. Nos acostamos y nos satisfacemos el uno al otro. No creo que eso pueda catalogarse como una «relación».
Hannah lo miró con expresión inescrutable durante un buen rato.
– Nos acostábamos -puntualizó ella-. Nos satisfacíamos el uno al otro. En pasado. -Se puso en pie y echó a andar en dirección al lago sin pronunciar otra palabra más y sin mirar atrás.
Lo llevaba grabado en la médula de los huesos, ¿verdad?, se preguntó. Llevaba grabada la profunda necesidad de protegerse de cualquier daño recurriendo a la introversión. Desde su más tierna infancia, según recordaba, había sido consciente de que no cumplía las expectativas, de que no era adecuado. Había abandonado el vientre de su madre demasiado pronto, dos semanas antes de lo esperado, dos días antes de que su padre pudiera comprar una licencia especial y se casara con su madre. Su madre le había reprochado, tal vez con el convencimiento de que era demasiado pequeño como para entenderla, que si hubiera esperado un poco para nacer cuando debía, sus embarazos anuales, sus abortos y sus partos prematuros no habrían sido necesarios. Su padre le había reprochado, cuando era más que evidente que era lo bastante mayor como para entenderlo, que los fracasos de su esposa no serían tan fastidiosos si hubiera esperado unos días más para nacer como hijo legítimo. Hasta su buena salud había resultado un defecto. Porque responsabilizaba a sus padres de sus continuos fracasos para engendrar un heredero sano y legítimo.
Y luego estaba Jon, a quien había odiado porque él habría hecho mejor papel como conde de Merton a la muerte de su padre.
Y el inconmensurable amor que sentía por él. Y la culpa de sentir odio cuando Jon solo quería amor. Cuando él solo daba amor.
Y luego llegó la necesidad de proteger el ambicioso plan de Jon para Ainsley Park, de asegurarse que nada ni nadie lo detenía por el simple motivo de que a los ojos del mundo era un imbécil.
Y la negativa de incluir a Elliott en el secreto porque su primo, sorprendido por la precipitación con la que había heredado el título de su padre y sus responsabilidades, seguramente habría elegido proteger a Jon de él.
Y luego se produjo la terrible traición de Elliott, sus acusaciones en vez de sus preguntas.
Claro que, ¿habría respondido dichas preguntas con sinceridad si se las hubiera formulado? Tal vez no. Probablemente no. De todas formas, Elliott habría sentido la necesidad de ponerle fin al plan de Jon. Habría considerado oportuno proteger la propiedad, mantenerla intacta. En eso consistía la labor de los tutores legales. El problema no era que Elliott careciera de corazón, sino que después de la repentina muerte de su padre, había sometido dicho corazón al deber. Al menos en aquella época. Porque desde que se casó con Vanessa parecía haberlo redescubierto. Claro que el daño ya estaba hecho. Jon estaba muerto, y una amistad de toda la vida había acabado destrozada.
De modo que el secretismo y la introversión se convirtieron en parte de su naturaleza. Y en ese momento acababa de ser cruel con alguien que no se merecía su crueldad.
¡Dios santo, la amaba!
Menuda forma de demostrárselo. ¿Formarían también parte de su naturaleza la crueldad y el desapego? ¿Tanto se parecía a su padre?
Se puso en pie para seguirla. Sin embargo, no se había percatado de que Hannah había dado media vuelta y estaba casi delante de él.
– Lo siento -se disculpó.
– No solo nos acostamos, Constantine -lo corrigió ella-. No solo nos satisfacemos el uno al otro. Hay mucho más, lo quieras admitir o no. No voy a ponerle un nombre. No estoy segura de poder hacerlo. Pero hay más, y no soporto que me mantengas a ciegas cuando se trata del dolor más arraigado en tu corazón. Tú conoces el mío. Pero en caso de que no haya sido demasiado explícita al respecto, te lo aclaro ahora. Crecí odiando mi belleza porque me distanciaba de la gente a la que solo quería amar. Mi hermana me envidiaba, aunque me pasé la vida intentando no darle motivos y al final me hizo un daño terrible, tal vez porque yo se lo había hecho antes a ella. Tal vez siempre quiso a Colin. O tal vez le quería solo porque yo lo amaba y lo conseguí. Mi padre se encontraba entre las dos y no supo qué hacer después de que mi madre muriera, así que acabó defraudándome de una forma espantosa al ponerse de parte de Dawn cuando debería haberle resultado obvio que era ella la que se había comportado mal, que acababa de destrozarme el corazón. ¡Sí, lo reconozco, a lo mejor no son villanos de libro, ni siquiera Colin! A lo mejor todos creían estar haciendo y diciendo lo correcto. ¿Quién sabe? Pero deberían haber tenido en cuenta mis sentimientos, deberían haber considerado que yo era tan frágil como la muchacha más fea del mundo, porque la belleza no es un repelente contra el dolor y el sufrimiento. Le estoy agradecida a Dios, y no pronuncio su nombre en vano, por haberme dado a Barbara, que me ha apoyado y querido durante toda mi vida; y por haberme dado al duque, que fue capaz de ver más allá de mi físico y de reconocer a la niña asustada y destrozada que perturbaba la paz que había buscado en aquella biblioteca con sus indignos y escandalosos sollozos.
– Duquesa… -dijo.
– Me enseñó a rescatar, a cuidar y a fortalecer a la persona destrozada que vivía en mi interior para que volviera a ser fuerte -siguió ella-. Me ayudó a volver a valorarme y quererme, sin vanidad, sino aceptando a la persona que existía en realidad detrás de ese físico que siempre había atraído a los demás de una forma tan superficial. Me aseguró que podía volver a amar, y de hecho lo amé, y que podía confiar en el amor, como acabé confiando en el suyo. Aún soy un poco frágil, pero estoy lista para extender otra vez las alas. Ese era mi dolor, Constantine. Sigue siendo mi dolor. Detrás de la invulnerable armadura de la duquesa de Dunbarton, hay una persona que aletea con inseguridad.
Con tragó saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
– El sueño de Jon está a punto de convertirse en una pesadilla -dijo al tiempo que sostenía en alto la carta, que aún tenía en la mano-. Jess Barnes, uno de los trabajadores de Ainsley Park que sufre un retraso mental, dejó abierta una noche la puerta del gallinero con la mala suerte de que entró un zorro y mató diez o doce gallinas. Mi administrador asegura que la reprimenda no fue demasiado dura; Jess se esfuerza todo lo que puede para hacer las cosas bien y es uno de los trabajadores más diligentes de la granja. Pero Wexford le dijo que me llevaría una decepción al enterarme de su descuido. De modo que a la noche siguiente Jess entró en el gallinero de mi vecino más cercano y robó catorce gallinas. Y ahora está consumiéndose en la cárcel, a pesar de que las gallinas se han devuelto sanas y salvas, junto con su valor monetario a modo de compensación, y a pesar de que Jess se ha disculpado entre lágrimas. Ese vecino en particular no nos ha visto nunca con buenos ojos ni a mi proyecto ni a mí. Jamás pierde la oportunidad de quejarse por algo. Y ahora tiene las pruebas que necesita para demostrar que el proyecto supone un gran riesgo y que está condenado al fracaso.