Cincuenta Sombras De Grey
- Автор: Джеймс Эрика Леонард
- Серия: Cincuenta Sombras #1
- Год: 2011
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Cincuenta Sombras De Grey». Краткое содержание книги:
La idealista e inocente Ana se queda asombrada cuando se da cuenta de que desea con todas sus fuerzas a ese hombre, y el que él la advierta de que se mantenga alejada sólo hace que su desesperación por estar con él aumente.
Incapaz de resistirse a la inteligencia y serena belleza de Ana y a su espíritu independiente, Grey termina por admitir que también la desea… pero con sus propias condiciones.
Consternada, aunque excitada, por las preferencias sexuales de Grey, Ana duda sobre si entablar con él una relación o no. A pesar de todos su éxitos -tanto en el ámbito profesional como en el familiar-, Grey es un hombre lleno de demonios interiores, dominado por la necesidad de tomar el control. Y cuando ambos se embarcan en una apasionada relación física, Ana se da cuenta de que está aprendiendo más sobre sus propias y secretas necesidades de lo que se imaginaba.
¿Podrá esa relación trascender de la pasión física? ¿Podrá Ana someterse a un Amo como Christian? Y, si lo hace, ¿le gustará?
[El argumento de «Cincuenta sombras de Grey» es una fantasía erótica de manual. Anastasia Steele una universitaria virgen y risueña, conoce al atractivo y multimillonario Christian Grey, y tras un intenso tira y afloja, inician una relación sadomasoquista descrita por la autora con pelos, señales, azotes y esposas a lo largo de tres volúmenes de unas 500 páginas.]
Abro los mensajes de texto.
*Has llegado bien?*
*Llamame*
Los dos son de Christian. ¿Por qué no me llamó a casa? Voy a mi habitación y enciendo el cacharro infernal.
De: Christian Grey
Fecha: 25 de mayo de 2011 23:58
Para: Anastasia Steele
Asunto: Esta noche
Espero que hayas llegado bien a casa en ese coche tuyo.
Dime si estás bien.
Christian Grey
Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.
Dios… ¿Por qué le preocupa tanto mi Escarabajo? Me ha servido lealmente durante tres años, y José siempre me ha ayudado a ponerlo a punto. El siguiente e-mail de Christian es de hoy.
De: Christian Grey
Fecha: 26 de mayo de 2011 17:22
Para: Anastasia Steele
Asunto: Límites tolerables
¿Qué puedo decir que no haya dicho ya?
Encantado de comentarlo contigo cuando quieras.
Hoy estabas muy guapa.
Christian Grey
Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.
Quiero verlo, así que pulso «Responder».
De: Anastasia Steele
Fecha: 26 de mayo de 2011 19:23
Para: Christian Grey
Asunto: Límites tolerables
Si quieres, puedo ir a verte esta noche y lo comentamos.
Ana
De: Christian Grey
Fecha: 26 de mayo de 2011 19:27
Para: Anastasia Steele
Asunto: Límites tolerables
Voy yo a tu casa. Cuando te dije que no me gustaba que llevaras ese coche, lo decía en serio.
Nos vemos enseguida.
Christian Grey
Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.
Maldita sea… Viene hacia aquí. Tengo que prepararle una cosa. Las primeras ediciones de los libros de Thomas Hardy siguen en las estanterías del comedor. No puedo aceptarlas. Envuelvo los libros en papel de embalar y escribo una cita de Tess:
Acepto las condiciones, Angel, porque tú sabes mejor cuál tiene que ser mi castigo. Lo único que te pido es… que no sea más duro de lo que pueda soportar.
15
Hola.
Me siento terriblemente cortada cuando abro la puerta. Christian está en el porche, con sus vaqueros y su cazadora de cuero.
– Hola -dice, y su radiante sonrisa le ilumina el rostro.
Me detengo un instante para admirar su belleza. Madre mía, está buenísimo vestido de cuero.
– Pasa.
– Si me lo permites -contesta, divertido. Cuando entra, le veo una botella de champán en la mano-. He pensado que podríamos celebrar tu graduación. No hay nada como un buen Bollinger.
– Interesante elección de palabras -comento con sequedad.
Él sonríe.
– Me encanta la chispa que tienes, Anastasia.
– No tenemos más que tazas. Ya hemos empaquetado todos los vasos y copas.
– ¿Tazas? Por mí, bien.
Me dirijo a la cocina. Nerviosa, sintiendo las mariposas en el estómago; es como tener una pantera o un puma en mi salón.
– ¿Quieres platito también?
– Con la taza me vale, Anastasia -me responde Christian distraídamente desde el salón.
Cuando vuelvo, está escudriñando el paquete marrón de libros. Dejo las tazas en la mesa.
– Eso es para ti -murmuro algo ansiosa.
Mierda… Seguro que esto termina en pelea.
– Mmm, me lo figuro. Una cita muy oportuna. -Pasea ausente el largo índice por el texto-.Pensé que era d’Urberville, no Angel. Has elegido la corrupción. -Me dedica una breve sonrisa lobuna-. Solo tú podías encontrar algo de resonancias tan acertadas.
– También es una súplica -le susurro.
¿Por qué estoy tan nerviosa? Tengo la boca seca.
– ¿Una súplica? ¿Para que no me pase contigo?
Asiento con la cabeza.
– Compré esto para ti -dice él en voz baja y con mirada impasible-. No me pasaré contigo si lo aceptas.
Trago saliva compulsivamente.
– Christian, no puedo aceptarlo, es demasiado.
– Ves, a esto me refería, me desafías. Quiero que te lo quedes, y se acabó la discusión. Es muy sencillo. No tienes que pensar en nada de esto. Como sumisa mía, tendrías que agradecérmelo. Limítate a aceptar lo que te compre, porque me complace que lo hagas.
– Aún no era tu sumisa cuando lo compraste -susurro.
– No… pero has accedido, Anastasia.
Su mirada se vuelve recelosa.
Suspiro. No me voy a salir con la mía, así que pasamos al plan B.
– Entonces, ¿es mío y puedo hacer lo que quiera con ello?
Me mira con desconfianza, pero cede.
– Sí.
– En ese caso, me gustaría donarlo a una ONG, a una que trabaja en Darfur y a la que parece que le tienes cariño. Que lo subasten.
– Si eso es lo que quieres hacer…
Aprieta los labios. Parece decepcionado.
Me sonrojo.
– Me lo pensaré -murmuro.
No quiero decepcionarlo, y entonces recuerdo sus palabras. «Quiero que quieras complacerme.»
– No pienses, Anastasia. En esto, no.
Lo dice sereno y serio.
¿Cómo no voy a pensar? Te puedes hacer pasar por un coche, ser otra de sus posesiones, ataca de nuevo mi subconsciente con su desagradable mordacidad. La ignoro. Ay, ¿podríamos rebobinar? El ambiente es ahora muy tenso. No sé qué hacer. Me miro fijamente los dedos. ¿Cómo salvo la situación?
Deja la botella de champán en la mesa y se sitúa delante de mí. Me coge la cara por la barbilla y me levanta la cabeza. Me mira con expresión grave.
– Te voy a comprar muchas cosas, Anastasia. Acostúmbrate. Me lo puedo permitir. Soy un hombre muy rico. -Se inclina y me planta un beso rápido y casto en los labios-. Por favor.
Me suelta.
Vaya, me susurra mi subconsciente.
– Eso hace que me sienta ruin -musito.
– No debería. Le estás dando demasiadas vueltas, Anastasia. No te juzgues por lo que puedan pensar los demás. No malgastes energía. Esto es porque nuestro contrato te produce cierto reparo; es algo de lo más normal. No sabes en qué te estás metiendo.
Frunzo el ceño, tratando de procesar sus palabras.
– Va, déjalo ya -me ordena con delicadeza, cogiéndome otra vez la barbilla y tirando de ella suave para que deje de morderme el labio inferior-. No hay nada ruin en ti, Anastasia. No quiero que pienses eso. No he hecho más que comprarte unos libros antiguos que pensé que te gustarían, nada más. Bebamos un poco de champán. -Su mirada se vuelve cálida y tierna, y yo le sonrío tímidamente-. Eso está mejor -murmura.
Coge el champán, le quita el aluminio y la malla, retuerce la botella más que el corcho y la abre con un pequeño estallido y una floritura experta con la que no se derrama ni una gota. Llena las tazas a la mitad.
– Es rosado -comento sorprendida.
– Bollinger Grande Année Rosé 1999, una añada excelente -dice con entusiasmo.
– En taza.
Sonríe.
– En taza. Felicidades por tu graduación, Anastasia.
Brindamos y él da un sorbo, pero yo no puedo dejar pensar de que, en realidad, celebramos mi capitulación.
– Gracias -susurro, y doy un sorbo. Desde luego está delicioso-. ¿Repasamos los límites tolerables?