Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Dinamita - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Dinamita

Электронная книга - «Dinamita». Краткое содержание книги:

En las bulliciosas y estresantes oficinas editoriales del periódico Kvällspressen la periodista Annika Bengtzon intenta conseguir el artículo entre los artículos. Para ello se debate en una constante lucha interior entre las exigencias que le suponen su vida familiar y su ambición profesional. Valiente, compasiva, inteligente, con un lado oscuro y autodestructivo, se obstina por informar sobre la verdad, sin importarle cómo conseguirla.
Durante los meses pre-Olímpicos una bomba estalla en uno de los estadios de la ciudad. Christina Furhage, una de las mujeres más importantes del país, vuela en pedazos. Ésta es la oportunidad de Annika para catapultarse a la fama y el reconocimiento de sus compañeros. Tendrá que averiguar quién intenta sabotear los Juegos y por qué. Tiene una pista como punto de partida: en la explosión se utilizó dinamita de la empleada en la construcción.
1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 ... 88
Перейти на страницу:

Encendió su nuevo y rugoso cigarrillo.

– Una vez experimenté en el garaje con una bomba casera. Explotó antes de tiempo y la puerta del garaje voló por los aires; la metralla me alcanzó en una pierna. Mamá creyó que la haría volar en pedazos con una bomba en el coche; después de eso los coches bomba la volvían histérica.

Rió sin alegría.

– ¿Dónde aprendiste a hacer bombas? -preguntó Annika.

– Había recetas circulando incluso antes de Internet, no es difícil. ¿Quieres que te enseñe?

– No gracias, no lo necesito. ¿Por qué le tenía miedo a Olof?

– En realidad no lo sé, nunca me lo contó. Sólo me dijo que tuviera cuidado con Olle, que era peligroso. Debió de amenazarla de alguna manera.

– ¿Has llegado a conocerlo?

La joven agitó la cabeza y sus ojos quedaron en blanco. Expulsó el humo y se desprendió de la inexistente ceniza en el cenicero.

– No sé dónde está -contestó.

– ¿Pero crees que sigue vivo?

Lena dio una calada profunda y miró a Annika.

– Si no, ¿por qué tenía mamá tanto miedo? -respondió-. Si Olle estuviera muerto no necesitaríamos protección.

«Cierto», pensó Annika. Dudó un instante, pero luego hizo la pregunta desagradable.

– ¿Crees que tu madre conoció a alguien de quien estuviera enamorada?

Lena se encogió de hombros.

– No me importa -respondió-. Pero no lo creo. Mamá odiaba a los hombres. A veces pienso que también odiaba a papá.

Annika abandonó el tema.

– Como ves, no es que fuese una «mujer ideal» -dijo Lena.

– No, no lo era -contestó Annika.

– ¿Vais a escribir eso más veces?

– Espero que podamos evitarlo -replicó Annika-. Pero a mí me suena como si tu madre también fuera una víctima.

– ¿Qué quieres decir? -preguntó Lena, rápidamente a la defensiva.

– También fue abandonada, igual que Olof.

– Hay una diferencia. La abuela no se podía ocupar de ella, el mundo estaba en guerra, y la abuela la quería de verdad. La pena más grande en la vida de la abuela era que Christina no pudiera crecer a su lado.

– ¿Vive tu abuela?

– No, murió el año pasado. Mamá fue al entierro, lo contrario hubiera sido extraño -respondió-. Pero la abuela y mamá se veían todas las fiestas mayores y por vacaciones cuando mamá era pequeña; siempre celebraban el cumpleaños de mamá juntas.

– Suena como si pudieras perdonar a tu abuela pero no a tu madre -dijo Annika.

– ¿Y tú desde cuándo eres una jodida psicóloga?

Annika levantó las manos.

– Perdona -contestó.

Lena la observó expectante.

– Okey -dijo al cabo y le dio el último trago a la cerveza-. Pienso quedarme aquí y emborracharme. ¿Tienes ganas de acompañarme, entrar en la niebla río abajo?

Annika esbozó una sonrisa.

– Lo siento -respondió y comenzó a juntar sus cosas. Se puso el abrigo y se pasó la correa del bolso por el hombro.

Entonces se detuvo y dijo:

– ¿Quién crees que la mató?

Los ojos de Lena se empequeñecieron.

– Yo por lo menos no fui.

– ¿Conocía a un tal Stefan Bjurling?

– ¿La nueva víctima? No tengo ni idea. Ahora no escribáis más mierda -añadió Lena Milander y volvió ostensiblemente la cabeza.

Annika entendió la señal, se fue hacia la camarera, pagó su cuenta y la de Lena y abandonó el local.

La mujer se introdujo en la entrada hipermoderna del Kvällspressen e intentó aparentar que formaba parte del lugar. Vestía un abrigo de lana de tres cuartos recto que oscilaba entre azul y lila dependiendo de la luz, con el pelo oculto bajo una boina marrón. Del hombro izquierdo colgaba un bolso imitación de Chanel y en la mano derecha llevaba un maletín de cuero rojo oscuro. Usaba guantes. Cuando la puerta de entrada volvió a cerrarse detrás de ella, se detuvo y miró a su alrededor; su mirada cayó sobre la recepción acristalada del fondo, en la esquina izquierda. Arregló la delgada correa sobre el hombro y se encaminó hacía la garita de cristal. Ahí dentro estaba sentado el botones Tore Brand, que había reemplazado al recepcionista ordinario, que se había ido a tomar un café y a fumar.

Tore Brand apretó el botón que regulaba el mecanismo de la ventanilla de la garita cuando la mujer casi estaba encima. Puso una mueca oficial y preguntó secamente:

– ¿Sí?

La mujer levantó de nuevo el bolso del hombro y carraspeó un poco.

– Yo… busco a una reportera, se llama Annika Bengtzon. Trabaja en…

– Sí, lo sé -cortó Tore Brand-. No está.

El botones tenía el dedo listo sobre el botón para cerrar la ventanilla. La mujer manoseó desconcertada el asa del maletín.

– Vaya, no está. ¿Cuándo vuelve?

– Nunca se sabe -respondió Tore Brand-. Está trabajando y entonces no se sabe lo que puede ocurrir o cuánto tiempo se tomará.

Se inclinó hacia adelante y dijo confidencialmente.

– Esto es un periódico, ¿sabe?

La mujer rió azorada.

– Sí, gracias, lo sé. Pero necesitaría ver a Annika Bengtzon. Quiero darle algo.

– Sí, ¿qué? -preguntó el botones curioso-. ¿Es algo que yo le pueda entregar?

La mujer dio un paso atrás.

– Es sólo para Annika, es ella quien debe tenerlo. Hablamos ayer, es muy importante.

– Si quiere, puede dejar papeles u otra cosa; yo me encargo de que se los den y que los lea.

– Gracias, pero creo que volveré más tarde.

– Aquí vienen muchos chiflados con cajas llenas de papeles todos los días, fanáticos, víctimas de las compañías de seguros y locos, pero los cogemos todos. Déjeme lo que tenga y yo me encargaré del asunto.

La mujer se dio la vuelta y salió apresuradamente por la puerta. Tore Brand cerró la ventanilla y sintió que necesitaba un cigarrillo con auténtico desespero.

Annika se abría paso a empellones en Götgatan entre la gente acelerada de Navidad cuando de pronto se dio cuenta de que estaba a un par de manzanas del piso de Helena Starke. En lugar de ir contra la corriente que venía del metro de Skanstull, se dio la vuelta y la siguió. Fue dejándose llevar por Ringvägen; aquí, como en Kungsholmen, apenas se retiraba la nieve. Su memoria matemática no le falló; recordó las cifras del código de la puerta número 139. Esta vez Helena Starke abrió después de la primera corta señal.

– No se da por vencida, ¿verdad? -soltó al abrir la puerta.

– ¿Le puedo hacer sólo un par de preguntas? -rogó Annika.

Helena resopló sonoramente.

– ¿Qué le pasa? ¿Qué coño quiere de mí?

– Por favor, aquí en la escalera no…

– Ya no importa, ¡me voy de aquí!

Gritó las últimas palabras para que las viejas chismosas la oyeran. Ahora tendrían algo sobre lo que cotillear.

Annika miró por encima del hombro de la mujer; realmente parecía estar haciendo el equipaje. Helena Starke refunfuñó.

– Bueno, entre, pero que sea rápido. Me voy esta noche.

Annika se decidió a ir directa al grano.

– Sé que mintió sobre el niño, Olof, pero me importa un comino. Simplemente he venido a preguntarle si tenía una relación con Christina Furhage.

– Si así fuera, ¿qué coño le importa a usted? -contestó Helena Starke sosegada.

– Nada, a no ser porque estoy intentando que todo encaje. ¿La tenían?

Helena Starke suspiró.

– Si se lo confirmara, entonces mañana estaría en titulares por todo el país, ¿o no?

1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 ... 88
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)