Velo de Medianoche
- Автор: Эдриан Лара
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Velo de Medianoche». Краткое содержание книги:
Un adicto a la adrenalina y los combates, Nikolai imparte con mano dura su propia justicia a los enemigos de la Estirpe y ahora ha puesto su mira en una mujer de armas tomar, seductora y fría como el hielo. Ella no está dispuesta a someterse pero sus poderes serán puestos a prueba cuando la vida de un niño se ve amenazada y se ve obligada a pedir ayuda a Niko.
Ahora, unidos en una causa común, y mientras el deseo se hace mucho más profundo y ardiente, Renata se verá asediada por un hombre que le ofrece el exquisito placer de un lazo de sangre… y una pasión que puede salvarlos o condenarlos para siempre.
El hizo un pequeño ruido, un rechazo sin palabras a su culpabilidad. “No podías saber que ella estaba en peligro. No podías evitar nada de lo que ocurrió, Renata”.
“¡Nunca debería haber abandonado el edificio!” gritó ella, el propio desprecio quemándola como acido. “Huí lejos, cuando debería haberme quedado aquí todo el tiempo y conseguir que Lex me dijera donde estaba ella”.
“No huiste. Fuiste a pedirme ayuda. Si no lo hubieras hecho, estaría muerto.” Sus pisadas se movían más cercanas, viniendo con cuidado detrás de ella. “Si te hubieras quedado aquí todo este tiempo, Renata, entonces habrías muerto esta noche junto a Lex y los otros guardias. Lo que ocurrió aquí fue un plan ejecutado a sangre fría, y lleva escrito el nombre de Fabien”.
El tenía razón. Ella sabía que el tenía razón, en todo. Pero eso no hizo que la doliera menos.
Renata miraba fijamente, sin mirar, hacia el abismo lleno de pólvora de la granja. “Tenemos que volver a la ciudad y comenzar a buscarla. Puerta a puerta, si es necesario”. “Sé lo que sientes” dijo Nikolai. El tocó su nuca y ella se obligó a alejarse de su ternura. “Maldita sea, Renata, ¿no crees que si pensara tirar a patadas todas las puertas de aquí al Puert Viejo para acercarnos más a Fabien, estaría contigo? Pero eso no nos ayuda. Especialmente no con el amanecer justo a unas horas y escalando justo sobre nuestros talones”.
Ella agitó su cabeza. "No necesito preocuparme sobre la luz del día. Puedo volver a la ciudad por mí misma."
"Como demonios lo harás." Sus manos estaban asperas mientras el la hizo girar para verla la cara.
Sus ojos brillaban con destellos ambar, y una emoción que se parecía remarcablemente al miedo, incluso en la oscuridad. “No vas a ningún lado donde esté cerca Fabien sin mí." El acarició su ceja, sus fieros ojos quemando dentro de los de ella. “Estamos juntos en esto, Renata. Sabes eso, ¿no? ¿Sabes que puedes confiar en mí?"
Ella miró fijamente la cara de Nikolai y sintió una emoción que comenzaba a crecer dentro de ella, sintiendo como se alzaba sobre ella como una enorme ola que no podía hacer retroceder si lo intentaba. Las lágrimas corrieron por sus ojos, entonces les inundaron. Antes de que pudiera parar la inundación, ella estaba frotándose los ojos mientras un dique había estallado dentro de ella y todos las heridas que había sentido- todo el dolor y vacío de su completa existencia- salió veloz fuera de ella en grandes y pesados sollozos.
Nikolai la rodeó con sus brazos y la sostuvo cerca. El no intentó hacer que sus lágrimas pararan. El no alimentó sus suaves mentiras para hacerla sentir mejor, o darlas falsas promesas para acomodar su desesperación.
El solo la sostuvo.
La sostuvo y la dejó sentir que ella era entendida. Que ella no estaba sola y que quizás, de alguna pequeña manera, ella merecía la pena ser querida.
El la cogió, levantándola en sus brazos, y comenzó a alejarla de la granja. “Busquemos un lugar para que descanses un rato”, dijo el, su relajante voz vibrando en su pecho, vibrando contra ella mientras ella se aferraba a él.
“No puedo volver al edificio, Nikolai. No me quedaré allí”.
“Lo sé” murmuró el, adentrándose más en los bosques. “Tengo otra idea”.
El la dejó sobre un lecho de hojas secas entre dos altísimos pinos. Renata no sabía que esperar, pero ella nunca habría imaginado de lo que sería testigo en esos próximos momentos.
Nikolai se arrodilló junto a ella y esparció sus brazos, su barbilla baja, su inmenso y musculoso cuerpo situado en un estudio de tranquila concentración. Renata sintió la energía alrededor de ellos crujir. Ella olía a rica y fértil tierra, como el bosque después de una tormenta. Una brisa cálida cosquilleaba en su nuca mientras Nikolai posaba sus yemas sobre el suelo a cada lado de él.
Había un tranquilo susurro de movimiento en el césped cercano-un susurro de vida. Renata vio algo serpentear de arriba abajo de las manos de Nikolai y no pudo evitar jadear asombrada cuando se dio cuenta de lo que estaba viendo.
Diminutas parras, disparando a través del suelo, corriendo hacia los pinos gemelos a cada lado de ella.
“Oh, dios mío”, murmuró ella, embelesada. “Nikolai…¿qué está ocurriendo aquí?”
“Está bien” dijo el, mirando las parras- ordenándolas, díficil como era de creer.
Los zarcillos hacían espirales alrededor de los troncos de los árboles y escalaban más alto, llenándolos con hojas que multiplicaban exponencialmente mientras ella miraba. Por encima de su cabeza a unos dos metros y medio de altura, las parras saltaban el espacio entre los pinos. Se retorcían juntas, entonces enviaban disparos largos de vegetación, creando un vívido dosel que se extendía por todo el camino hasta el suelo donde Renata y Nikolai estaban sentados.
“¿Estás haciendo tu esto?” preguntó ella, incredula.
El la dio un asentimiento pero mantuvo su concentración en ello, más y más hojas desdoblandose sobre las parras. Gruesas paredes de fragrante aroma formaban un refugio alrededor de ellos, el exuberante follaje intercalaba con las diminutas flores blancas que Renata había encontrado en la habitación de Mira.
"Está bien…¿cómo estas haciendo esto?"
El crujido de plantas creciendo se ralentizó y Nikolai giró una mirada despreocupada sobre ella. "Regalo de mi madre, heredado a sus dos hijos."
"¿Quién es tu madre, la Madre Naturaleza?" dijo Renata, riendo, sorprendida a pesar de saber cnocimiento de que las bellas flores y parras eran solo un velo temporal. Afuera, toda la fealdad y violencia permanecían.
Nikolai sonrió y agitó su cabeza. "Mi madre era una compañera de raza, como tu. Tu talento es el poder de tu mente. Este era su talento."
"Es increible." Renata pasó su mano sobre las frescas hojas y delicados petalos.
"Dios, Nikolai, tu habilidad es…Quiero decir es sorprendente, pero eso ni siquiera se acerca."
El se encogió de hombros. "Nunca lo usé mucho. Dame un fragmento lleno de agujeros o unos bloques de C-4 cualquier día. Entonces te mostraré algo sorprendente.”
El estaba presumiendo, pero ella sentía que su labia ocultaba algo más oscuro. “¿Qué hay sobre tu hermano?”
"¿Qué sucede con el?"
"¿Tú dijiste que el tambien puede hacer esto?"
"El puede, sí," dijo Nikolai, las palabras sonaron algo huecas. "Dmitri era más joven que yo. El está muerto. Sucedió hace mucho tiempo, en Rusia.”
Renata se estremeció. "Lo siento."
El asintió, arrancó una hoja de la masa de vegetación, y la hizo pedazos. "El era solo un niño-un niño bueno. El era un par de decadas mas joven que yo. Solía seguirme como un maldito cachorro, queriendo hacer todo lo que yo hacía. No tenía mucho tiempo para él. Me gustaba vivir al límite, supongo que todavía me gusta. De todos modos, a Dimitri se le metió en la cabeza que necesitaba impresionarme.” El exhaló una maldición ahogada. “Estúpido niño. El habría hecho cualquier cosa para que me diera cuenta de su presencia, ¿sabes? Para oírme decir que lo aprobaba, que estaba orgulloso de él”.
Renata le miró en la oscuridad, viéndole con la misma culpabilidad que ella sentía cuando pensaba en Mira. Ella vio el mismo terror en el, la misma condena interior que un niño que esta en grave peligro- que podría incluso estar muerto ya- todo porque alguien en quien ellos confiaban les había fallado.
Nikolai conocía ese tormento. El mismo lo había vivido.
"¿Que le ocurrió a Dmitri?" Renata le preguntó con cuidado. Ella no quería abrir viejas heridas, pero necesitaba saber. Y ella podía ver el peso que le había costado llevar a Nikolai ese dolor durante tanto tiempo. "Puedes contármelo, Nikolai. ¿Que le ocurrió a tu hermano?"
"El no era como yo," dijo el, las palabras contemplativas, como si se hundiera por su historia. “Dimitri era inteligente, un estudiante modelo. Amaba sus libros y la filosofía, le encantaba quitar las capas a las cosas, descubrir como funcionaba todo alrededor de el para poder unirlo de Nuevo. El era brillante, verdaderamente superdotado, pero el quería ser como yo.”