Los amantes
- Автор: Коннолли Джон
- Серия: Charlie Parker #8
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los amantes». Краткое содержание книги:
Ya hemos hablado en Lecturalia de los libros anteriores de Parker, así que queda claro que esperamos, sobre todo yo, como agua de mayo cada nueva historia. Connolly ha alcanzado un equilibrio magistral entre el terror y la novela negra, con unos personajes principales de primer orden y unos secundarios más que bien definidos.
Si en la anterior entrega, Los hombres de la guadaña, todo el protagonismo era cedido a Louis y a Angel, tratando de cerrar historias anteriores al mismo tiempo que se convertía en el menos oscuro de sus libros, Connolly retoma con Los amantes la historia de Parker y su peculiar situación personal en la que, todo hay que decirlo, no está en su mejor momento, con la licencia de detective retirada, trabajando en un bar y alejado de lo que le queda de familia.
Los amantes nos lleva a la investigación por parte del detective de la historia de su propio padre, el cual, tras asesinar a una joven pareja, acabó suicidándose en su propia casa. A medida que revuelve el pasado de su padre toda la trama se complica y aparecen detalles que podrían estar conectados con quién es él en realidad y qué sucede a su alrededor, incluyendo el descubrimiento tanto de nuevos enemigos como de protectores en las sombras.
Impresionante la aparición de entidades que parecían haber abandonado la serie como la mujer y la hija de Parker, que dan al libro sus mejores momentos de terror, logrando crear la atmósfera oscura que mejor define estas novelas. Lástima que sean apenas unos momentos, la verdad.
En general el libro deja buenas sensaciones, pero parece más que Connolly ha decidido contarnos pequeñas perlas aclaratorias, definiendo bien el camino que quiere tomar más adelante en la narración. En ese sentido es muy parecido a Los hombres de la guadaña: la preparación y desarrollo se enfrentan a un final brusco, informativo y que deja con ganas de más. En ese sentido es inferior a libros anteriores como El ángel negro, mucho más completo en todos los sentidos. ¿Es esa la idea de Connolly? Lo cierto es que está explicando el mundo y sus personajes con detalle, posicionando las figuras para comenzar a jugar la partida final.
Los amantes es un libro cuyo atractivo estriba en las respuestas que da y las preguntas que plantea, necesario para los seguidores de Charlie Parker pero desaconsejable para iniciarse en la serie con él.
– Ya la tenemos -dijo Jimmy-. Eso es un callejón sin salida. Por ahí sólo se llega a un riachuelo.
Al llegar a Canton se detuvieron, cruzaron una mirada y asintieron. Con las armas en alto, se adentraron en el oscuro pasadizo, entre las dos casas, camino del riachuelo.
Encontraron a la mujer allí de pie, de espaldas a la orilla, iluminada por la luna. Empuñaba aún la navaja. El abrigo le venía un poco largo y las mangas le colgaban hasta el segundo nudillo de los dedos, pero no tanto como para tapar la hoja.
– Suéltala -ordenó Jimmy, pero no le hablaba a ella, todavía no. Sin apartar la mirada de la mujer, apoyó la palma de la mano en el cañón tibio del revólver de Will, obligándolo con delicadeza a bajarlo-. No lo hagas, Will. No lo hagas.
La mujer dio vueltas a la navaja, y Jimmy creyó ver restos de la sangre de Caroline Carr.
– Se ha acabado -dijo ella. Tenía una voz sorprendentemente suave y dulce, pero sus ojos eran dos esquirlas de obsidiana en la palidez de su rostro.
– Así es -convino Jimmy-. Ahora tira la navaja.
– Da igual lo que me hagáis -repuso la mujer-. Yo estoy por encima de vuestra ley.
Soltó la navaja, pero simultáneamente movió la mano izquierda y, al subirse la manga del abrigo, quedó a la vista la pequeña pistola oculta entre los pliegues.
Fue Jimmy quien la mató. La alcanzó dos veces sin darle ocasión a disparar. La mujer permaneció de pie por un segundo todavía; por fin cayó de espaldas a las frías aguas del riachuelo de Shell Bank.
Nunca la identificaron. La recepcionista del hospital confirmó que era la misma persona que se había presentado como hermana de Caroline Carr. En el bolsillo superior del abrigo se halló un carnet de conducir de Virginia falso a nombre de Ann Carr, junto con una pequeña cantidad de dinero. No estaba fichada, y nadie acudió a identificarla incluso después de aparecer su retrato en los noticiarios y los periódicos.
Pero eso sucedió después. De momento, había preguntas que hacer y que responder. Llegaron más policías. Invadieron la clínica. Cortaron la calle Bartlett. Mantuvieron a raya a los periodistas, a los curiosos, a los pacientes nerviosos y a sus familiares.
Entretanto, un grupo de personas se reunió en una habitación en la parte de atrás de la clínica, entre ellas el director de la clínica, el médico y la comadrona que asistieron a Caroline Carr, el subcomisario encargado de asuntos jurídicos del Departamento de Policía de Nueva York, y un hombre pequeño y callado de cuarenta y tantos años, el rabino, Epstein. Ordenaron a Will Parker y Jimmy Gallagher que esperaran fuera, y éstos se sentaron juntos en las duras sillas de plástico, sin hablar. Aparte de Jimmy, sólo una persona había expresado a Will su pesar por lo ocurrido. Era la recepcionista. Se arrodilló ante él mientras aguardaba y lo cogió de la mano.
– No sabe cuánto lo siento -dijo-. Todos lo sentimos mucho.
Aturdido, Will asintió.
– No sé si… -empezó a decir ella, y se interrumpió-. No, sé que no será de gran ayuda, pero quizá quiera ver a su hijo.
Lo llevó a una sala acristalada y señaló a la criatura que dormía entre otras dos.
– Ahí lo tiene. Ese es su hijo.
Minutos después los hicieron pasar a la habitación donde se celebraba la reunión. Les presentaron a los asistentes, a todos salvo a un hombre trajeado, que había entrado detrás de los dos policías y ahora observaba a Will atentamente. Epstein se inclinó hacia Will y susurró:
– Lo siento.
Will no contestó.