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La llamada de la Tierra [The Call of Earth - es]

Электронная книга - «La llamada de la Tierra [The Call of Earth - es]». Краткое содержание книги:

Desde hace cuarenta millones de años, la colonia humana del planeta Armonía ha sido gobernada por un poderoso ordenador conocido como Alma Suprema, que es venerado casi como un dios. Su misión ha sido mantener alejado al hombre de la capacidad destructiva que le obligó a abandonar la Tierra. Pero su influencia ha ido menguando con el tiempo y ahora un general rebelde, Moozh, se atreve incluso a utilizar tecnologías prohibidas. Nafai, un habitante de la ciudad de Basílica, es designado por Alma Suprema para salvar al planeta de la catástrofe y preparar en secreto un viaje, quizá imposible, de regreso a la Tierra.
El general Moozh, del ejército de los gorayni, tiene unas ansias implacables de conquistar territorios y muchos han sido sus esfuerzos para ganarse una buena reputación. Pero, sus verdaderos motivos son más oscuros, pues pretende traicionar al imperátor, la máxima autoridad de los gorayni, porque éste conquistó, humilló y erradicó su pueblo y quiere venganza. Pese a que Alma Suprema le hace olvidarse de muchos de sus planes, está consiguiendo que cada vez sea vea menos influido por su poder de persuasión, lo que le convierte en un gran peligro para la paz. Además, ha conseguido una valiosa información sobre la ciudad de Basílica: ésta se encuentra indefensa y desconcertada tras la muerte del tirano que pretendía dominarlo. Así que elabora un ambicioso plan para tomar la ciudad con mil hombres y sin tener que usar la fuerza.
Por otro lado, Nafai y sus hermanos, que se encontraban exiliados en el desierto junto a su padre, reciben un sueño de Alma Suprema que les insta a volver a Basílica para desposar a sus amadas, regresar al desierto con ellas y crear así una pequeña colonia de elegidos en la casi imposible misión de llegar al planeta Tierra. Pero lo que de por sí ya no es una tarea fácil, es cada vez más complicado y peligroso, pues Nafai es buscado por asesinato, la ciudad ha sido tomada por Moozh y sus hermanos, codiciosos y llenos de ira porque Nafai tiene revelaciones, ansían la mínima oportunidad para acabar con su vida.
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—Si el Alma Suprema te ha dicho que es más fuerte en mí que en la mayoría de la gente, tu ordenador miente —declaró Moozh.

—No, mira, el Alma Suprema no se interesa en la vida de los individuos, salvo por el hecho de que está ejecutando una especie de programa de crianza para tratar de engendrar personas como yo, y como tú. No me gustó cuando me enteré de ello, pero es la razón por la cual vivo, o al menos la razón por la cual se unieron mis padres. El Alma Suprema manipula a la gente. Es su función. Te ha manipulado desde el principio.

—Sé que lo ha intentado. Yo la llamaba Dios, para ti es el Alma Suprema, pero no me ha controlado.

—En cuanto advirtió que intentabas resistirte, se limitó a invertir el proceso —prosiguió Nafai—. Te prohibía hacer lo que deseaba que hicieras. Luego se aseguraba de que lo recordaras, e infaliblemente obedecías.

—Pamplinas —jadeó Moozh.

Nafai se sorprendió al ver cómo las emociones dominaban a ese hombre. El general no estaba acostumbrado a experimentar sentimientos que no podía controlar; tal vez conviniera calmarlo antes de seguir.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Nafai.

—Adelante —dijo ácidamente Moozh—. Puedo oír cualquier cosa que diga un muerto.

Esa frase revelaba tanta debilidad que Nafai sintió repulsión.

—¿Crees que voy a cambiar mi historia porque me amenazas con la muerte? Si tuviera miedo de morir, ¿habría venido aquí?

Nafai notó un cambio en Moozh, como si hiciera un esfuerzo por contenerse.

—Me disculpo —dijo el general—. Por un instante me he comportado como la clase de hombre que más desprecio, profiriendo amenazas para alterar el mensaje de un mensajero que cree decir la verdad. Te prometo que me controlaré. Si mueres hoy, no será por las palabras que hayas dicho. Continúa, por favor.

—Escúchame bien —dijo Nafai—. Si el Alma Suprema desea que olvides algo, lo olvidarás. Mi hermano Issib y yo nos creíamos muy listos cuando franqueamos las barreras. Pero no las franqueamos. Simplemente, resistirse a nosotros resultó más problemático de lo conveniente. El Alma Suprema prefirió darnos a conocer sus planes en vez de manipularnos. Por eso estoy aquí: porque la hermana de mi esposa vio en un sueño cuan fuerte es tu vínculo con el Alma Suprema, y cómo te esfuerzas en un vano intento por resistir. He venido a decirte que el único modo de liberarte de ese control es prestarte a su plan.

—¿El camino de la victoria es la rendición? —rezongó Moozh.

—El camino de la libertad es dejar de resistirse y comenzar a hablar. El Alma Suprema es la servidora de la humanidad, no su amo. Es posible persuadirla. Es capaz de escuchar. A veces necesita nuestra ayuda. Te necesitamos, general, si estás dispuesto a venir con nosotros.

—¿Ir con vosotros?

—Mi padre fue llamado al desierto como primera etapa de un gran viaje.

—Tu padre escapó al desierto debido a las intrigas de Gaballufix. He hablado con Rashgallivak y no podrás engañarme.

—¿De verdad crees que hablar con Rashgallivak es un modo de evitar que te engañen?

—Si me mintiera, yo lo sabría.

—¿Y si él creyera en lo que dice, y sin embargo no fuera verdad?

Moozh aguardó en silencio.

—Te digo que, al margen de las circunstancias inmediatas que nos obligaron a partir a una hora determinada de un día concreto, el propósito del Alma Suprema era llevarnos a Padre, a mis hermanos y a mí al desierto, como primera etapa de un viaje.

—Pero ahora estás en la ciudad.

—Te he dicho que esta noche me he casado. También mis hermanos se han casado.

—Elemak, Mebbekew e Issib.

Nafai sintió asombro y temor al comprobar que Moozh sabía tanto sobre ellos. Pero había decidido atenerse a la verdad, y eso haría.

—Issib está con Padre. Él quería venir, y yo también quería que viniera, pero Elemak no lo permitió, y Padre respetó su voluntad. Vinimos a buscar esposa. Y a la esposa del Padre. Cuando llegamos, Madre se rió y dijo que jamás iría al desierto siguiendo los descabellados proyectos de Wetchik. Pero luego la arrestaste y difundiste esos rumores sobre ella. La aislaste de Basílica, y ahora ella ha comprendido que aquí no le queda nada y ha resuelto venir con nosotros al desierto.

—¿Estás diciendo que lo que hice formaba parte del plan del Alma Suprema para que tu madre se reuniera con su esposo en una tienda del desierto?

—Estoy diciendo que tus propósitos se acomodaron a los planes del Alma Suprema. Siempre será así, general. Siempre ha sido así.

—¿Y si no permito que tu madre abandone su casa? ¿Y si mantengo a tus hermanos y sus esposas bajo arresto domiciliario? ¿Y si envío soldados para impedir que Shedemei junte semillas y embriones para ese viaje?

Nafai se quedó atónito. ¿El general sabía lo de Shedemei? Imposible. Ella no se lo habría contado a nadie. ¿De qué era capaz Moozh, si podía entrar en una ciudad extraña y ponerse tan pronto al corriente de las cosas como para entender que las semillas de Shedemei guardaban alguna relación con el exilio de Wetchik?

—Como ves —prosiguió Moozh—, el Alma Suprema no ejerce poder donde yo mando.

—Puedes hacernos arrestar. Pero cuando el Alma Suprema decida que es hora de irnos, descubrirás una razón de peso para soltarnos; y nos dejarás ir.

—Si el Alma Suprema desea que te vayas, muchacho, ten la seguridad de que no te irás.

—No lo comprendes. Aún no te he contado lo principal. Al margen de la guerra que crees estar librando con eso que llamas Dios, lo que importa es tu sueño. El sueño de las bestias voladoras y las ratas gigantes.

Moozh aguardó y Nafai advirtió que estaba profundamente perturbado.

—El Alma Suprema no envió ese sueño. El Alma Suprema no lo comprendió.

—Ya. Entonces fue un sueño sin sentido, un sueño más.

—En absoluto, pues mi esposa también soñó con esas criaturas, y lo mismo le ocurrió a su hermana. Los tres tuvisteis esos sueños, que no son sueños comunes. Los tres sentisteis que eran importantes. Tú supiste que significaba algo. Sin embargo, no procedía del Alma Suprema.

De nuevo Moozh aguardó.

—Hace cuarenta millones de años que los seres humanos abandonaron la Tierra después de devastarla —explicó Nafai—. Ha sido tiempo suficiente para que la Tierra haya sanado, para que la vida haya crecido de nuevo, para que allí haya un sitio para la humanidad. Muchas especies se han perdido, y por eso Shedemei está juntando semillas y embriones para el viaje. Nosotros somos los que tenemos el don de hablar fácilmente con el Alma Suprema. Somos los que el Alma Suprema ha reunido en Basílica, este día, a esta hora, para iniciar el viaje que nos conducirá de regreso a la Tierra.

—Aparte de que la Tierra, siempre que exista, es un planeta que gira en órbita de una estrella remota, adonde los pájaros no pueden llegar volando, aún no me has aclarado qué tiene que ver ese viaje con mi sueño.

—No lo sabemos. Sólo tenemos conjeturas, pero el Alma Suprema también cree que puede ser cierto. El Guardián de la Tierra nos está llamando. Su mensaje ha atravesado los años luz que nos separan de la Tierra para pedirnos que regresemos. Por lo que sabemos, tal vez alteró la programación del Alma Suprema y le ordenó que nos reunirá. El Alma Suprema creía saber por qué lo hacía, pero no averiguó el auténtico motivo hasta hace poco. Tal como tú sólo ahora comprendes el motivo de todo lo que has hecho en tu vida.

—¿Un mensaje en un sueño, y procede de alguien que está a miles de años luz de aquí? Entonces el sueño fue enviado treinta generaciones antes de mi nacimiento. No me hagas reír, Nafai. Eres demasiado inteligente para creer en esto. ¿No has pensado que tal vez el Alma Suprema te esté manipulando a ti?

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