Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La Fortuna de Matilda Turpin - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Fortuna de Matilda Turpin

Электронная книга - «La Fortuna de Matilda Turpin». Краткое содержание книги:

Premio Planeta de Novela 2006
Una elegante casa en un acantilado del norte de España, en un lugar figurado, Lobreña, es el paisaje inicial y final de este relato. Ésta es la historia de Matilda Turpin: una mujer acomodada que, después de trece años de matrimonio feliz con un catedrático de Filosofía y tres hijos, emprende un espectacular despegue profesional en el mundo de las altas finanzas. Esta valiente opción, en este siglo de mujeres, tendrá un coste. Dos proyectos profesionales y vitales distintos, y un proyecto matrimonial común. ¿Fue todo un gran error? ¿Cuándo se descubre en la vida que nos hemos equivocado? ¿Al final o al principio?.
1 ... 52 53 54 55 56 57 58 59 60 ... 95
Перейти на страницу:

– Esto que acabas de decirme, Juan, es muy triste, todo esto es muy triste. En realidad yo lo sabía. Lo sabía por Jacobo, no sé, siempre lo supe. Pero no imaginé que tuviera tanta relevancia, tanto significado, esa doble condición, de empleado y de amigo al mismo tiempo. Es como muy triste, Juan, muy triste.

– Sí que lo es, Angélica, lo es. Pero es la verdad, la subverdad. Una de esas insidiosas subverdades que subcirculan por las claras vidas de parejas como Matilda y yo. No hubiera tenido la más mínima importancia, todo hubiera continuado igual que siempre, de no ser porque ahora Antonio, de la noche a la mañana, se me planta y dice que se va.

– ¿De la noche a la mañana? -inquiere Angélica, horrorizada. Sin querer ha hiperacentuado su interrogación que es casi exclamativa y a Juan le da una risa tonta. Por un breve instante, Juan se echa a reír como si acabase Angélica de contarle un chiste rápido, un buen chiste, velocísimo. No puede negar Juan que siente ahora esa sensación de logro que los narradores sienten cuando logran sacar adelante, con toda brillantez, una escena difícil o escabrosa. En este caso, el logro estético de Juan consiste en haber hecho creer a su nuera que los motivos últimos de la decisión de Antonio son serviles.

– Entiéndeme, Angélica de la noche a la mañana es un decir. Aún no ha pasado nada, aún no hay nada en firme. En realidad Antonio sólo dijo que tal vez Emilia mejoraría si dejaran el Asubio y sus recuerdos, eso fue todo. Pero yo estoy, como tú sabes, educado en la posibilidad. Y, claro: la posibilidad nos hace ver fantasmas. Instalarse en la posibilidad es instalarse en la sospecha. Entre lo que pudiera suceder y lo que sucederá (o quizá no), no parece haber, desde la posibilidad misma, apenas distancia. Es posible que Antonio quiera irse, luego se irá, más pronto o más tarde. Y esto me causará un gran trastorno, me incomodará muchísimo. Y no sólo me incomodará, Angélica. También me dolerá. Porque al fin y al cabo Antonio es un amigo, mi mejor amigo, mi único amigo.

– Pues ahí lo tienes, no se irá! No se irá porque es tu amigo. Es más amigo tuyo que sirviente. Por lo tanto, llegado el momento de la decisión, prevalecerá la amistad sobre el deseo de irse dejándote plantado. Nunca te dejará plantado Antonio, Juan.

– Así lo espero, Angélica. Así lo espero. Porque lo contrario sería una gran lata, una molestia absurda y prolongada que, la verdad, después de tantos años no creo merecerme.

Han ido caminando como a saltos. La cima del acantilado está marcada por un senderillo que permite a dos caminar juntos siempre que uno de los dos se adelante y el otro se retrase. Desde la cima de ese acantilado se ve el inmenso mar que llega hasta Inglaterra si se sigue todo recto. Hay una conmovedora extensión fría y profundamente oscura que bifurcan las proas de las naves, las quillas de las parejas que salen a la sardina y al bonito. El mar que al otro lado son las Indias Occidentales, el mar que son los rumbos, los naufragios, los sueños de prosperidad allende el mar, las Américas. Esa extensión hermenéutica que el mar representa para el paseante que se asoma al mar desde lo alto del acantilado en los alrededores del Asubio, se va velando ahora, a medida que Angélica y Juan se apartan del borde del acantilado y descienden por la vaguada erizada de zarzas y moreras que da paso a los praos moteados en la distancia por el tolón de los campanos de las vacas y por las vacas mismas, las tudancas y las suizas.

Han llegado ya los dos al camino vecinal, que cuesta abajo va a Lobreña y cuesta arriba les devolverá al Asubio. Este camino vecinal, mal asfaltado, serpentea hasta alcanzar la casa de los Campos, así que yendo por el acantilado y cruzando por los praos se ataja. Pero Juan y Angélica se hallan a un kilómetro cuesta arriba de la entrada del Asubio ahora. Ya es bien pasado el mediodía ahora. Ahora suben los dos el uno junto al otro y acompasan el paso de los dos, que es lento y pensativo: un paso hermoso, de matrimonio, de pareja de novios que se llevan bien. Angélica está repleta, hasta los bordes de sí misma, de preguntas, todas ellas esenciales. ¿Cuál preguntará primero? La que salga. Y dice:

– Pero claro, Juan, esto con Matilda no era así. Yo recuerdo que Jacobo siempre dijo que la familia erais todos: vosotros dos, Antonio, Emilia, ellos tres, los niños, y Emeterio, y también Boni y Balbanuz. Jacobo decía siempre que lo bueno era eso, lo estupendo, lo divertido del Asubio, los veranos y las navidades y las semanas santas del Asubio, era que estabais juntos la familia, todos por igual. Y estoy segura de que ahora mismo se lo preguntamos a Jacobo y sale con lo mismo igual que siempre: que la familia vuestra sois todos, sin distinción ninguna de clases ni de nada…

– Y así es. Pero… hay un pero, Angélica, que aquí no sé si debiera yo ponerlo u omitirlo… por tu bien.

– ¿Cómo por mi bien? ¿Qué tiene mi bien que ver con esto?

– Pues tiene que ver, hace un rato ya se ha visto, que todo lo que no sea dar por hecho, por indiscutible, esa total familia que nos incluye a todos por igual y a nadie deja fuera, es sacrilegio. Tú no lo has expresado así, pero ese sentimiento es el fuerte sentimiento que subyace al fondo de tu sensación de extrañeza y de escándalo que he detectado yo cuando te dije que además de amigos, Emilia y Antonio y los demás, fueron, son y serán siempre empleados nuestros. Matilda nunca lo aceptó! No sólo no quiso discutirlo ni conmigo ni con nadie, sino que claramente se negó a aceptar la evidencia y murió en brazos de Emilia, prohibiéndome por cierto a mí visitarla en sus últimos momentos, negándose a aceptar lo que era Emilia de verdad, su empleada. Matilda era, en el fondo, un producto de ese socialismo ilustrado aristocrático de la clase alta inglesa, pasados por Bloomsbury, por los Woolf, por Keynes y por todos los demás, que mantenían una absurda ambigüedad en sus vidas domésticas con respecto al servicio. Y esto puedes leerlo todo ello, palabra por palabra, en el libro de Quentin Beil. Ahí se ven las dificultades que Virginia tuvo siempre con el servicio doméstico, para hacerse servir, organizar el servicio, tratar a los criados como criados y a la vez como iguales, puesto que eran sinceros socialistas de la primera hora. Educada en esa tradición anglosajona y, siendo como era una mujer eminentemente práctica, Matilda pretendió vivir un imposible o al menos discutible hermanamiento que suprimía la estratificación social en aras de la amistad verdadera entre las clases. A mí logró arrastrarme en su entusiasmo, pero Hegel derrotó a Matilda con su Aufhebung. Aufhebung es aquella supresión superadora que retiene eternamente lo que eternamente pretende superar. Al final Hegel acertó y Matilda no. Por eso ha reaparecido ahora el problema con el finiquito de Antonio y su mujer… Si es que por fin, como me temo, se confirma.

Han ascendido la cuesta muy deprisa, impulsados los dos, Juan el primero, por la vehemencia de su elocuencia desatada. Doscientos metros más y estarán dentro del jardín.

Lo único que Angélica acierta a decir ahora, a título de resumen, es:

1 ... 52 53 54 55 56 57 58 59 60 ... 95
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)