Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El Beso Perfecto». Краткое содержание книги:

El apuesto Rory Kincaid provoca que los hombres hablen de él… y que las mujeres se desmayen a su paso. Después de estar fuera de circulación por los escándalos de su familia, especialmente los de su padre y su abuelo, que entre ambos suman once viudas, ha decidido volverse respetable.
Jilly Skye no es la mujer que más le conviene… ¡pero le parece tan terriblemente sexy! Está claro que ambos se sienten atraídos, aunque a Jilly no acaba de convencerla el aire anticuado de Rory.
Pero cuando son pillados en una situación, digamos «comprometida», Jilly accede a hacerse pasar por su novia, al menos hasta que la reputación del muchacho vuelva a ser honorable. Grave error: pues Cupido anda suelto repartiendo sus flechas… Un apuesto millonario y una mujer terriblemente sexy, ¿quién da más?
1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 78
Перейти на страницу:

– Había un motivo que te llevó a pedir este trabajo. Tenías un motivo para cada una de las cosas que has hecho. Me refiero a ti y a Kim, tu socia. Fue la séptima esposa de mi abuelo, la mujer que trajo al mundo a Iris. -Rió tan secamente que el sonido resultó doloroso-. ¡Dios mío, qué tonto he sido!

A Jilly le habría gustado taparse los oídos, cerrar los ojos, huir, retrasar el reloj y lograr que el mundo volviese a empezar.

– Tú… -Jilly se humedeció los labios y comenzó otra vez-, tú no lo entiendes.

La joven se preguntó cómo se había enterado y qué sabía, pero tuvo miedo de plantearlo de viva voz.

– Esta mañana os he oído hablar. Dile a tu socia que el audio de la web funciona de maravilla. Nena, antes de que se me olvide, lo entiendo perfectamente. Por si no lo recuerdas, ya he pasado por todo esto.

Jilly se estremeció al recordar la tarde que se quedaron encerrados en el vestidor. Rory le aseguró que ella no era una aprovechada, que no se parecía en nada a la mujer que había dicho que lo quería y que después se había metido en la cama con su padre para lograr ser actriz.

– Eso no es así, no tiene nada que ver con lo que te ocurrió.

– ¿Lo dices porque no te has follado a mi querido papá? -preguntó toscamente. Jilly se sobresaltó-. La diferencia radica en que mi padre no puede darte lo que quieres. Si no me equivoco, solo yo puedo hacerlo. -Kincaid meneó la cabeza-. Querida, has jugado a un juego francamente asqueroso.

Jilly volvió a experimentar escalofríos y se dijo que Rory pensaba… Rory pensaba que se había burlado de él.

– Rory, no es posible que…

Kincaid bufó burlonamente y su expresión violenta fue más aterradora que las palabras que hasta entonces había empleado.

– Cariño, no creeré una sola de tus palabras. Se acabó. Ya no me trago tu montaje de virgen célibe ni tus veladas protestas.

Jilly cerró los ojos. Se dio cuenta de que la situación era grave, mejor dicho, gravísima, y apostilló sordamente:

– Fue idea mía, Kim no tiene nada que ver. -Recordó que reunir a madre e hija había parecido un proyecto correcto, adecuado, una manera fantástica de aliviar sus pesares-. No la censures ni la responsabilices de lo ocurrido.

– ¿Qué es exactamente lo que queréis? -inquirió Kincaid, impasible-. No es necesario que respondas. ¿Queréis dinero a cambio de no vender esta historia a la prensa sensacionalista?

– No…

– Hace diez años, la tarifa habitual ascendía a doscientos cincuenta mil dólares. Ni más ni menos que un cuarto de millón de dólares para que el Enquirer se mantuviese al margen del sórdido trío en el que participamos mi padre y yo. Supongo que Kim no tiene una información tan jugosa, así que os daré la mitad.

Jilly lo miró fijamente.

¡Mierda! Iris había iniciado la intervención quirúrgica en el otro extremo de la biblioteca.

– ¡Oye, Rory, he tenido problemas con el hueso de tu tobillo!

Kincaid ni siquiera parpadeó y dirigió a Jilly una mirada directa, dura y fría.

– Lo tomas o lo dejas -sentenció.

La muchacha tragó saliva.

– Nada de dinero. No queremos dinero. -Parecía que Rory volvería a burlarse o, peor aún, soltaría otra de sus crueles carcajadas, por lo que Jilly se aferró a los reposabrazos del sillón y añadió-: Rory, hablo totalmente en serio. Kim solo quiere ver a su hija.

Finalmente Kincaid lanzó una carcajada, pero otra exclamación por algún problema quirúrgico interrumpió su amarga risa. Una tensa sonrisa curvó los labios de Rory, que ladeó la cabeza hacia Iris.

– Y eso que soy el sobrino preferido de mi tía.

Jilly se frotó las sienes, que latían intensamente. ¿Por qué la situación se había degradado hasta ese extremo? ¿Por qué había estropeado algo emprendido con las mejores intenciones? ¿Por qué había causado dolor si solo pretendía aliviar su propio sufrimiento?

Miró a Rory, que seguía vendado como si estuviera realmente herido. Se dio cuenta de que, en realidad, estaba herido, ya que con su falsedad le había hecho daño.

A la joven se le revolvió el estómago. Ese hombre, el mismo que en dos ocasiones la había rescatado de las garras de la chinchilla, que la había hecho reír y sufrir, al que había atormentado implacablemente hablando de piercings en la lengua y tatuajes ocultos, el que había dado pábulo a mil y una fantasías sobre el jeque y la muchacha del harén, la odiaba.

Y ella… mejor olvidarlo. Otra vez se le revolvió el estómago.

Ella… ella se había enamorado de él.

¡Esas situaciones no debían ocurrir! Cuando por fin le entregaron las cartas de su madre, Jilly supo que el amor nos vuelve muy vulnerables. La abuela había utilizado el afecto de su madre para mantenerlas separadas y su deseo de ser querida para someterla a un férreo control.

Fue entonces cuando Jilly se prometió a sí misma que jamás entregaría su corazón. Pero se había enamorado de Rory. Lo quería por abrirse paso por sí mismo, tal como ella había hecho. Lo quería porque, pese a lo mucho que detestaba Caidwater, se había hecho cargo de sus responsabilidades. Lo quería porque, a pesar de que su tía de cuatro años se seguía mostrando muy poco cooperativa, Rory seguía tratando de entablar una buena relación con ella.

Además, podían contarse con los dedos de una mano los hombres capaces de fulminar con la mirada a una mujer pese a llevar cubierta la cabeza con un vendaje chapucero e innecesario.

A pesar de todo, todavía se estremecía de deseo por él.

En la otra punta de la biblioteca, Iris parloteó consigo misma mientras torturaba a Rory, su pobre paciente. Jilly miró a la pequeña y enderezó la columna. Se volvió insensible a las emociones: el odio, el deseo y el amor. No era el momento de pensar en ello. Ciertamente, jamás lo mencionaría.

En ese instante solo importaba una cuestión: la relación entre Kim e Iris.

– Rory, te lo juro por Dios -declaró fervientemente-. Te juro que Kim no quiere dinero, sino a Iris. Le gustaría pasar, como mínimo, un rato con ella, una especie de régimen de visitas.

A Jilly se le quebró la voz y respiró hondo en un intento de recuperar el dominio. Rory entornó los ojos.

– No puede volver a inmiscuirse en la vida de Iris como si no pasara nada. No se lo permitiré. Es lo que nos ocurrió a Greg y a mí. Las mujeres entraban y salían de la vida de los hombres de nuestra familia, hoy una y mañana otra. Es infernal. -A Jilly le temblaron las manos y se preguntó si Rory la había creído cuando dijo que no se trataba de un asunto de dinero-. Ya está bien de comedia. Nena, ¿cuánto quieres?

Jilly miró a Iris y reprimió el repentino deseo de golpear al Rory de carne y hueso.

– ¿Qué debo hacer para que me creas? -preguntó la joven mientras hacía denodados esfuerzos por mantener la serenidad-. ¿Cómo puedo lograr que, como mínimo, tomes en consideración lo que Kim pide? -Como Rory ya había empezado a negar con la cabeza y su expresión era de fastidio, con la palma de la mano Jilly golpeó el escritorio para llamar su atención-. Kim no eligió dejar a Iris -apostilló apretando los dientes-. Lo puedes comprobar por ti mismo. Firmaron un acuerdo prematrimonial.

Rory la miró fijamente.

– ¿A qué acuerdo prematrimonial te refieres?

– Al que firmó una muchacha de dieciocho años, sin darse cuenta de que todo quedaba en poder de tu abuelo en el supuesto de que el matrimonio se deshiciera. Y cuando digo todo me refiero a absolutamente todo: dinero, casas… hijos.

Rory se recostó en el sillón, se cruzó de brazos y levantó una ceja.

– Tal vez Roderick ya sabía en qué clase de persona se convertiría su séptima esposa. Tenía derecho a protegerse a sí mismo y a sus descendientes.

Jilly cerró los ojos y volvió a abrirlos.

– Rory, no creo que seas injusto, por lo que te ruego que me escuches y lo pienses.

– Francamente, pienso que guardas más ases en la manga, más trampas.

1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 78
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)