Un Romance Imprevisto
- Автор: Д'Алессандро Джеки
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Romance Imprevisto». Краткое содержание книги:
Al quedar viuda como consecuencia de un escandaloso duelo, lo único que le resta a Alberta Brown es un alijo de objetos mal habidos. Decidida a reparar las ofensas de su inescrupuloso marido, Allie se embarca hacia Inglaterra en busca del dueño de un anillo masculino adornado con un misterioso sello. Una serie de extraños episodios a bordo la convencen de que se encuentra envuelta en un juego peligroso. Sin embargo, nada será más peligroso -y tentador- que el atractivo desconocido que la espera en el muelle.
Lord Robert Jamison deseaba contraer matrimonio con una mujer que despertara en él algo especial, pero nunca imaginó encontrarla en esa americana de belleza peculiar y espíritu independiente que le habían encomendado llevar a una espléndida mansión en la campiña inglesa. Allie, por su parte, se había jurado a sí misma no volver a casarse…
Todos los ingredientes están servidos para un apasionante -e imprevisto- romance, con todo el sabor de las maravillosas historias urdidas por Jacquie D'Alessandro.
El calor que sentía en las mejillas aumentó hasta igualar las llamas del infierno.
– Sí.
Elizabeth la miró directamente a los ojos. -Es todo un caballero.
La mente de Allie trabajaba a toda velocidad. ¿Sabría Elizabeth qué secretos ocultaba Robert?
«No debería importarme. Su pasado no es de mi incumbencia.» Pero no podía desoír la curiosidad que la apremiaba, y ésa podía ser una oportunidad perfecta para saciarla.
– Todo un caballero quizá lo sea -dijo, adoptando lo que esperaba que fuera un tono indiferente-, pero tiene sus secretos.
La expresión de Elizabeth era indescifrable.
– Sí, yo también lo he notado. ¿Te ha hablado de ello?
Así que tenía razón. Esos secretos existían. Había estado segura, pero que Elizabeth se lo confirmara fue como un golpe.
– No, no lo ha hecho.
– Pero tú quieres saber de qué se trata -afirmó Elizabeth tranquilamente.
– No. Sí. -Allie sacudió la cabeza-. No lo sé. No importa lo que sea. Es el hecho de que, al igual que David, tiene secretos, y eso ya me dice algo acerca de él. -Buscó en los ojos de Elizabeth-. ¿Sabes lo que oculta Robert?
– No creo que nadie sepa toda la historia excepto Robert, por lo tanto es él quien te la debería explicar. Te sugiero que se lo preguntes.
Elizabeth apretó con más fuerza las manos de Allie y un ceño de preocupación se formó en su frente.
– ¿Algo va mal? -preguntó Allie, al ver esa expresión.
– Percibo… peligro. Nada concreto, pero lo siento. -Apretó aún más las manos-. Debes tener cuidado, Allie. Prométeme que no saldrás sola. Prométemelo.
Preocupada por la agitación de su amiga, Allie la agarró por el hombro.
– Te lo prometo. Por favor, no te preocupes.
– Acabo de ir a ver a Lily-se oyó la voz del duque desde la puerta-, y sigue durmiendo como un ángel.
Allie sacó suavemente la mano de entre las de Elizabeth y se levantó de la cama.
– Gracias por tu comprensión y tu perdón -le susurró. Elizabeth la miró con ojos preocupados. -Los tienes ambos. Siempre. Y mi amor.
– Es mucho más de lo que me merezco, pero lo acepto agradecida.
– ¿Vendrás a verme mañana?
– Si te encuentras con fuerzas, claro.
– ¿Y recordarás tu promesa?
– Sí. -Allie se inclinó y besó a Elizabeth en la frente-. Buenas noches. -Se despidió también del duque y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Inmediatamente, Austin cruzó la habitación y tomó las frías manos de Elizabeth entre las suyas. Se sintió intranquilo al ver su expresión.
– ¿Algo va mal? -preguntó-. ¿No te encuentras bien?
– No, estoy bien.
– Pero algo no va como debiera. -Le observó fijamente el rostro y se tensó-. Has tenido una visión. Elizabeth asintió lentamente.
– Sí, al tocar las manos de Allie. -Le apretó las manos y lo miró inquisitivamente. Sabes el peligro que han corrido Allie y Robert.
– Robert me ha informado, sí.
– Y me lo has ocultado.
– Me lo ha explicado esta tarde, Elizabeth.- Se llevó a los labios la mano de su esposa y le besó los dedos-. Y tú estabas un poco ocupada.
– El peligro no ha pasado, Austin -susurró-. No sé cómo, pero algo va a ocurrir pronto…
Austin se sentó sobre la cama y la sujetó por los hombros.
– ¿Qué es lo que va a pasar? ¿Qué has visto? -Elizabeth tragó saliva, con los ojos cargados de lágrimas.
– Muerte.
Austin sintió como si el corazón dejara de latirle. Cuando la había conocido, había dudado de la increíble habilidad de su esposa para ver el pasado y el futuro, pero ya no dudaba. Ese don no sólo le había salvado la vida, sino también las de William, Claudine y Josette. Austin sabía que la terrible palabra que ella había pronunciado se convertiría en verdad a no ser que se tomaran medidas para evitar que sucedieran los acontecimientos que había visto.
– ¿Quién va a morir?
– No lo sé… no lo vi claramente. Pero he sentido muerte. Muy intensamente.
– ¿Se lo has dicho a Allie?
– Le he hablado de mis visiones, sí. Le he dicho que presentía peligro y que tuviera cuidado. -Cerró los ojos un instante y movió la cabeza, evidentemente asustada y frustrada-. Se aproxima una amenaza… No puedo determinar su carácter exacto. Pero se acerca. Y lo que sí sé… -Extendió los brazos y agarró a Austin por el brazo-. Austin, Allie está en un grave peligro. Y Robert también.
Robert se hallaba en el oscuro salón, mirando a través de la vidriera. Las nubes ocultaban la luna y, por las ráfagas de viento que hacían temblar los cristales, supuso que se avecinaba una tormenta. Removió lentamente el coñac en la copa que tenía en la mano, luego inclinó la cabeza y se tragó el fuerte licor. El reloj de la chimenea dio la hora. Las dos de la madrugada. Hacía rato que debía haberse retirado, como habían hecho todos los otros hacía horas. Pero sabía que no podría dormir, y no podía soportar la idea de estar en la cama, excitado, pensando en ella en su lecho a sólo dos puertas de distancia. Era mejor que se quedara abajo, a una distancia segura. Cerca del coñac. De hecho, otra copa parecía una gran idea.
Mientras se servía, la voz de Austin se alzó desde el umbral en sombras.
– También me tomaré uno, si me lo sirves.
Robert contuvo un suspiro. Demonios, había más de cincuenta habitaciones en Bradford Hall. ¿Por qué tenía Austin que escoger ésa para rondar? Sólo había una persona cuya compañía anhelaba, y no era Austin. Por mucho que quisiera a su hermano, prefería estar a solas con sus pensamientos. Sin hablar, sirvió otro trago.
– Por Lily. Y por su madre -dijo Austin en voz baja, alzando la copa. Sintiéndose grosero por desear que su hermano se fuera de su propio salón, Robert tocó con su copa la de Austin, y el tintineo del cristal resonó en la habitación.
– Por Lily y por Elizabeth -repitió. Y vació la copa de un trago, luego regresó al ventanal y miró hacia la oscuridad-. Una hermosa esposa, una hija, un hijo sano… Eres un hombre afortunado, Austin.
– Lo soy. -Robert lo oyó avanzar por la sala. Segundos después Austin estaba junto a él en la ventana-. Afortunado… y preocupado. -Robert se volvió hacia él rápidamente.
– ¿Elizabeth? ¿Lily?
– No. Tú. Y la señora Brown.
– ¿Ha pasado algo que desconozco?
– No exactamente…
– Noto que hay un «pero».
– Me temo que sí. Elizabeth ha tenido una de sus visiones. Cuando tocó a la señora Brown.
La seria mirada de Austin y su tono grave hicieron que todos los músculos de Robert se tensaran.
– ¿Qué ha visto?
La expresión de Austin se volvió aún más seria.
– Muerte. Y peligro. Alguien va a morir, Robert. No sabe quién. Pero sabe que tanto tú como la señora Brown estáis en peligro.
Robert se quedó helado. Allie en peligro. Las palabras de Austin resonaron en su cabeza. «Alguien va a morir.»
Antes de que Robert pudiera contestar, Austin fue hasta el sofá, recogió algo y regresó a la ventana. Alzó la mano y le mostró una pistola.
– No te separes de esto. ¿Llevas un cuchillo?
– Siempre.
– Bien. No vayas a ninguna parte solo. Si Elizabeth ve alguna cosa más, te informaré inmediatamente.
Robert tomó la pistola y la sopesó. «Alguien va a morir»
Una torva determinación lo invadió.
«Ese alguien vas a ser tú, canalla, quien quiera que seas.» Se aclaró la garganta y miró a Austin.
– Te agradezco el aviso. Y el arma. Tienes mi palabra de que nada malo le pasará a Allie.
Austin alzó las cejas lentamente.
– ¿Allie?
Era imposible interpretar incorrectamente la pregunta formulada con esa palabra. Robert no parpadeó.
– Sí. Allie. Confío en que no tengas ninguna objeción. -Era una afirmación, no una pregunta.
– No. Ninguna objeción. Creo que yo, más que nadie, puedo entender el atractivo de una hermosa mujer americana. Sólo estoy un poco sorprendido, porque no hace mucho que la conoces.