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Электронная книга - «Un Año En Truly». Краткое содержание книги:

QUERER… Cuando la bonita peluquera Delaney Shaw regresó a su hogar de la infancia en Truly, Idaho, para asistir a la lectura del testamento de su padrastro, sólo quería una cosa: presentar sus respetos y alejarse lo más rápido posible de allí. Hasta que escuchó algunas de las inesperadas estipulaciones que contenía el documento: como aquella que decía que si quería la herencia tenía que permanecer allí y no tener absolutamente nada que ver con el atractivo Nick Allegrezza… ¡durante todo un año! …NO SIEMPRE ES PODER. Diez años antes, Delaney perdió literalmente la cabeza por Nick y por su Harley, e hizo lo que se espera de toda adolescente enamorada… se dejó llevar. Pero en esa época Nick también era un muchacho con las hormonas revolucionadas que creía en el lema de aprovecha el momento y vive la vida, y Delaney aprendió la lección de la manera más dura posible -para su Príncipe Azul tan sólo había sido una amiguita más. Ahora, Nick sigue tan irresistible como siempre, y en el momento en que se vuelven a encontrar las chispas saltan entre ellos. Va siendo hora de que Delaney decida si Nick es realmente el hombre de su vida.
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– ¿Qué? ¿Está tu madre fastidiándote todavía sobre lo de ser peluquera?

– No, de hecho me preguntó si quería peinar en el Desfile de Moda de Navidad-. Delaney miró hacia arriba desde el botón de sus pantalones-. Pensó que ella me podría engatusar y obligarme a hacer esa cosa de madre e hija que tuve que hacer cuando crecía.

Lisa se rió-. ¿Recuerdas el vestido del lamé dorado con la banda ancha y esa inmensa abertura?

– Cómo podría olvidarlo-. Se pasó el suéter de angora por la cabeza y se sentó en el borde de la cama para ponerse los Doc Marten-. Y luego mi madre me dijo que se va al caribe en Navidad con Max Harrison.

– ¿Tu madre y Max?- Lisa se sentó al lado de Delaney-. Eso es extraño. No puedo pensar en tu madre con nadie que no sea Henry.

– Creo que Max es bueno para ella-. Se ató una bota, luego la otra-. De cualquier manera, ésta es la primera vez que paso las navidades en casa, en diez años, y ella se va. La verdad es que es típico, ahora que lo pienso.

– Puedes venir a mi casa. Ya viviré con Louie y Sophie, y pasaremos la Navidad allí.

Delaney se levantó y cogió el vestido-. Realmente no me veo comiendo con los Allegrezza.

– Ya lo harás en el banquete de boda.

La aprensión se reacomodó en el estómago de Delaney mientras lentamente ponía el vestido en la percha-. Es un buffet, ¿no?

– No. Es cena sentada en el Lake Shore Hotel.

– Pensaba que la cena era después del ensayo.

– No, eso es el buffet.

– ¿Cuántas personas asistirán a la cena?

– Setenta y cinco.

Delaney se relajó. Con tantos invitados, sería realmente fácil evitar a ciertos miembros de la familia de Louie-. Por favor no me sientes cerca de Benita. Probablemente me apuñalaría con el cuchillo de la mantequilla-. ¿Y Nick? Era tan imprevisible, que no podía adivinar lo que podía hacer.

– No es tan mala.

– No para ti-. Delaney recogió su abrigo y se dirigió a fuera.

– Piensa en lo de Navidad, – recordó Lisa.

– De acuerdo, – prometió poco antes de que se fuese en el coche, pero no existía ni una pequeña probabilidad de que se sentara a la misma mesa que Nick. Qué pesadilla. Tendría que estar todo el tiempo intentando no derretirse por él, mirando a cualquier sitio menos a sus ojos y su boca y sus manos. Será mejor que no estés cerca de mí después del cuatro de junio, de otra manera me cobraré la deuda que tienes conmigo desde hace diez años.

Ella no le debía nada. Él la había usado vengarse de Henry, y los dos lo sabían. ¿Cuándo exactamente? ¿Cuándo me rogabas que te tocara? Ella no le había rogado. Más bien lo había pedido. Y había sido tan joven e ingenua.

Delaney aparcó su pequeño coche detrás del Jeep de Nick y subió corriendo las escaleras. No estaba preparada para verle. A cada momento pensaba en su boca, en su pecho y en su mano entre sus muslos, y le ardían las mejillas. Ella habría tenido relaciones sexuales con él allí mismo en su sofá, sin lugar a dudas. Todo lo que tenía que hacer era mirarla y la succionaba como una aspiradora. Todo lo que tenía que hacer era tocarla y ella quería succionarle como una aspiradora. Él tenía la habilidad de hacerla olvidar quién era él. Y quien era ella, y su pasado en común. Te dije que no te preocuparas y que te cuidaría, pero me miraste como si fuera una especie de violador y te fuiste con Henry. Realmente no creía más en él ahora que aquella noche. Él tenía que mentir. ¿Pero por qué mentiría? No era como si hubiera estado tratando de convencerla de que se quitara la ropa. Ella había abandonado ya toda modestia en ese momento.

Colocó el vestido sobre el sofá y cogió la txapel de Nick que estaba sobre la mesa para café donde la había dejado. Las puntas de sus dedos tocaron la banda de cuero y la lana suave. No importaba ahora. Nada había cambiado. Esa noche en Angel Beach era historia pasada y mejor dejarla en el pasado. Incluso si no existiera el testamento de Henry, no habría futuro para ellos. Él era un mujeriego y ella quería marcharse tan pronto como fuera posible.

Con la boina en la mano, Delaney caminó hasta el aparcamiento. El Jeep de Nick estaba todavía allí y abrió la puerta del conductor. El interior de cuero beige estaba todavía caliente como si hubiera llegado poco antes de que ella hubiera regresado a su apartamento. La llave del Jeep estaba puesta, y su cruz vasca colgada en el espejo retrovisor. Una gran caja de herramientas, un cable extensible y tres botes de masilla de madera estaban en la parte trasera. Él obviamente llevaba viviendo en Truly demasiado tiempo para preocuparse, de todas maneras supuso que si ella fuera una ladrona, se lo pensaría dos veces antes de robar a un Allegrezza. Colocó su boina en el asiento del cuero, luego giró y volvió rápidamente a su apartamento. No quería que tuviera ninguna razón para subir sus escaleras. Obviamente, ella no tenía fuerza de voluntad cuando él andaba cerca, y lo más conveniente era evitarle todo lo posible.

Delaney estaba sentada en el sofá, tratando de convencerse de que no debía escuchar los sonidos que venían de fuera. No quería escuchar el traqueteo de las llaves o el crujido de la grava bajo las pesadas botas. No escuchaba, pero lo oyó salir de la puerta de su oficina, sus llaves y el arrastrar de las botas. Sólo oyó el silencio cuando él descubrió su txapel y lo imaginó haciendo una pausa y mirando las escaleras que subían a su apartamento. El silencio se rompió cuando escuchó un ruido de pasos. Finalmente, el motor del Jeep retumbó al encenderse y comenzó a salir del aparcamiento.

Delaney lentamente dejó escapar el aire y cerró los ojos. Ahora todo lo que tenía que hacer era sobrevivir a la boda de Lisa. Con setenta y cinco invitados, fácilmente podría ignorar a Nick. No podía ser tan difícil.

Capítulo Catorce

Era una pesadilla. Pero esta vez, Delaney estaba definitivamente despierta. La tarde había comenzado maravillosamente. La ceremonia de la boda había ido sobre ruedas. Lisa estaba preciosa, y las fotos posteriores no habían llevado demasiado tiempo. Había dejado el Cadillac de Henry en la iglesia y se acercó al Lake Shore con el primo de Lisa, Ali, que tenía una peluquería en Boise. Por primera vez en mucho tiempo, Delaney había podido hablar sobre diferentes estilos con otro profesional, pero más importante, había podido evitar a Nick.

Hasta ahora. Había sabido de la cena de bodas por supuesto, pero no había sabido que las mesas estarían dispuestas en un rectángulo abierto grande con todos los invitados sentados por fuera para que todo el mundo pudiera ver a los demás. Y no había sabido nada de la distribución de los asientos asignados o habría cambiado su nombre para evitar la pesadilla que vivía.

Bajo la mesa, algo acarició el lateral del pie de Delaney, y apostaría lo que fuera a que no era un ratoncito amoroso. Metió los dos pies bajo la silla y miró fijamente los restos de su filete de solomillo, arroz silvestre y rollitos de espárrago. De alguna manera, se había sentado en el lado del novio, entre Narcisa Hormaechea, qué claramente pasaba de ella, y el hombre que se negaba a cooperar a ignorarse mutuamente. Cuanto más seria intentaba estar delante de Nick, más placer tenía él provocándola. Como cuando accidentalmente rozaba su brazo y hacía que se le cayera el arroz del tenedor.

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