Un Regalo Extraordinario
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Regalo Extraordinario». Краткое содержание книги:
Ella observó que, por una vez, había usado «a nosotros», en lugar de solo «a mí».
– A lo mejor, todo se soluciona. -No sabía qué otra cosa decir, ni él tampoco. Fue hacia él y lo abrazó, para darle consuelo. El se quedó allí, unos momentos, con los brazos colgando a los lados y luego la abrazó también-. Ven a ver a los niños siempre que quieras -dijo Sarah, generosamente. Todavía no había ido a ver a un abogado para el divorcio. Había tiempo; además, tenía que estar con él en el juicio, de todos modos. Henry Jacobs dijo que su presencia sería un factor positivo, simbólico pero crucial para la defensa de su marido. Habían contratado a otros dos abogados para defenderlo. Henry y ellos trabajarían en equipo. Seth necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir. Las cosas no se presentaban nada bien para él.
– ¿Estarás bien? -preguntó Seth con una mirada de profunda preocupación.
Por primera vez en mucho tiempo, su narcisismo permitía entrar a alguien que no fuera él mismo. Sarah pensó que era un principio, y significaba mucho para ella. Habían pasado unas semanas muy difíciles desde el arresto de Seth.
– Sí, estaré bien -aseguró Sarah, mientras permanecían de pie en el comedor, por última vez.
– Llámame si me necesitas, a cualquier hora, en cualquier momento -dijo Seth con aire de profunda tristeza.
Luego, los dos salieron a la calle. Era el final de su vida juntos, la pérdida de su hogar. El había puesto fin a su vida tal como la conocían. Al volverse a mirar la casa de ladrillo que tanto amaba, Sarah se echó a llorar. Lloraba por su matrimonio y sus sueños perdidos, no por la casa. A Seth se le desgarraba el corazón al ver lo afectada que estaba.
– Iré mañana y me llevaré a los niños de paseo -dijo con voz rota.
Sarah dio media vuelta y asintió, subió al coche y se dirigió hacia Clay. Era el principio de su nueva vida. Por el retrovisor vio que Seth entraba en su nuevo Porsche plateado, que ni siquiera había pagado todavía, y se alejaba. Se le encogió el corazón al mirarlo. Era como si el hombre al que había amado, con el que se había casado y con el que había tenido dos hijos, acabara de morir.
Capítulo 16
El nuevo piso de Sarah en Clay Street estaba en una pequeña casa victoriana que había sido restaurada y pintada recientemente. Era un dúplex, pero no era ni elegante ni bonito; sin embargo, Sarah sabía que tendría mucho mejor aspecto cuando desembalara sus cosas. La primera habitación que preparó fue la de los niños. Quería que cuando llegaran, al día siguiente, se sintieran en casa. Sacó sus posesiones favoritas y sus tesoros, lentamente y con mucho cuidado, temiendo que se hubiera roto algo en el traslado, pero no era así. De momento, todo parecía estar bien. Pasó horas desembalando libros y dos horas organizando la ropa blanca y las camas. Se habían deshecho de tantas cosas que, de repente, su vida parecía muy austera. Todavía resultaba difícil creer que, debido a la increíble traición de Seth, toda su vida hubiera cambiado. Los artículos que habían seguido apareciendo en la prensa local y nacional eran terriblemente humillantes. Pero con humillación o sin ella, lo que más necesitaba en esos momentos era encontrar trabajo. Había llamado a algunos contactos, pero tendría que hacer un enorme esfuerzo en los siguientes días.
De repente, mientras revisaba algunos papeles de la gala benéfica, se le ocurrió una idea. Estaba muy por debajo de sus capacidades, pero en su situación agradecería cualquier trabajo que pudiera conseguir. El miércoles por la tarde, mientras los dos niños dormían, llamó al jefe de la unidad neonatal. Había recortado las horas de Parmani todo lo posible pero, cuando encontrara trabajo, las aumentaría de nuevo. La dulce nepalí había sido muy amable y comprensiva. Sentía lástima por Sarah y los niños y quería hacer todo lo que pudiera por ellos. Para entonces, también ella había leído todos los artículos.
El jefe de la unidad neonatal dio a Sarah el nombre que le pedía y prometió recomendarla. A fin de darle tiempo para hacerlo, esperó hasta la mañana siguiente, pero él le mandó un mensaje diciéndole que ya había hecho la llamada. La mujer se llamaba Karen Johnson. Era la jefa de desarrollo en el hospital, por tanto la responsable de recaudar fondos y realizar cualquier inversión que necesitara el hospital. No era Wall Street, pero Sarah pensaba que podría ser un trabajo interesante, si había un hueco para ella en el departamento. Cuando Sarah la llamó, Karen la citó para el viernes por la tarde. Se mostró muy cálida y cordial, y le agradeció la enorme aportación que había hecho con la gala para la unidad neonatal. Habían recaudado más de dos millones de dólares. Era menos de lo que esperaban, pero seguía siendo una mejora respecto al año anterior.
El viernes por la tarde, Parmani se llevó a los niños al parque mientras Sarah acudía a su cita en el hospital. Estaba nerviosa. Era la primera vez en diez años que iba a una entrevista de trabajo. La última había sido en Wall Street, antes de ir a la escuela de negocios, donde conoció a Seth. Rehízo su currículo e incluyó las galas que había organizado para el hospital. Pero sabía que sería difícil conseguir un empleo, ya que no había trabajado desde que había acabado en la escuela de negocios. Desde entonces, se había casado con Seth y había tenido dos hijos. Estaba fuera del circuito laboral.
Karen Johnson era una mujer alta, esbelta y elegante, con acento de Luisiana, que se mostró amable e interesada durante la entrevista. Sarah fue franca respecto a los reveses que había sufrido, la acusación contra Seth, la circunstancia de que ahora estaban separados y de que necesitaba un empleo por razones obvias. Pero lo más importante era que tenía los conocimientos que necesitaban.
Era perfectamente capaz de encargarse de su cartera de inversiones pero, al decirlo, le entró el pánico, ya que quizá creyeran que era tan poco honrada como su marido. Karen vio la expresión de ansiedad y humillación que apareció en su cara y adivinó la razón. Se apresuró a tranquilizarla y le ofreció su comprensión por los problemas que estaban teniendo.
– Ha sido muy difícil -confesó Sarah, sinceramente-. Fue un choque terrible… Yo no tenía ni idea de lo que estaba pasando, hasta el día del terremoto.
No quería entrar en detalles del caso con Karen, pero habían aparecido en todos los periódicos. No era ningún secreto que Seth iba a ser procesado por fraude y que actualmente estaba en libertad bajo fianza. En todo el país, todos los que leían la prensa o escuchaban las noticias sabían lo que había hecho.
Karen le explicó que una de sus ayudantes se había trasladado recientemente a Los Ángeles, así que había una vacante en el departamento de desarrollo, pero se apresuró a recordarle que los hospitales no eran famosos precisamente por los salarios que pagaban. Mencionó una cifra que a Sarah le pareció maravillosa. Era modesta, pero era algo con lo que podría contar. Además, el horario era de nueve a tres, así que estaría en casa cuando los niños se despertaran de la siesta y podría pasar la tarde con ellos y también el fin de semana, claro. A petición de Karen, Sarah le dejó tres ejemplares de su currículo. Karen le prometió que se pondrían en contacto con ella la semana siguiente y le agradeció cordialmente su interés por el puesto.
Cuando salió del edificio, Sarah estaba entusiasmada. Le gustaba tanto Kami como el trabajo. El hospital significaba mucho para ella y el tipo de cartera de inversiones que Karen había descrito era ideal en su caso. Lo único que cabía hacer ahora era esperar que le dieran el trabajo. Incluso el lugar le parecía bien. El hospital estaba a poca distancia, a pie, de su nueva casa. Y el horario le permitiría pasar tiempo con sus hijos. El único inconveniente era el salario, que no era nada del otro mundo, pero tendría que bastar. De camino a casa, a Sarah se le ocurrió algo.
Fue en coche hasta Presidio y buscó a la hermana Maggie en el hospital de campaña. Le habló de la entrevista que acababa de tener en el hospital. Maggie se alegró mucho por ella.