El despertar de los héroes
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #2
- Год: 2004
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «El despertar de los héroes». Краткое содержание книги:
Аннотация
Las fuerzas del mal se agitan y tienden sus garras sobre el mundo, al mismo tiempo que surgen señales que auguran la proximidad de la Ultima Batalla, donde ha de decidirse la suerte de la humanidad.Según afirman las profecías, en ella tendrá que luchar el Dragón Renacido para proteger a la Luz del avance de las Tinieblas. Padan Fain, un siniestro seguidor del señor de la Oscuridad, ayudado por las abominables criaturas que componen sus ejércitos, roba el Cuerno de Valere, un objeto decisivo para decantar la supremacía en el combate. Rand y sus amigos parten en su persecución en compañía de un pelotón de soldados del reino de Shienar. El largo y azaroso viaje los llevará hasta los confines del continente, donde al fin recuperan el Cuerno, y a cuya llamada acuden los héroes de todas las eras. Entretanto, Rand averiguará inquietantes detalles acerca de su origen y de su verdadera identidad, y la vorágine de los acontecimientos lo obligará a ocupar un lugar fundamental en el desenlace de la historia del mundo.
—Pero esta vez he aceptado su oferta —murmuró.
—Eso no es todo, capitán —añadió Yarin—. Han acuchillado a Carn en diferentes puntos, como si pretendieran hacerle revelar algo. Y otros hombres han tratado de deslizarse a bordo del Spray hace menos de una hora. La guardia de los muelles los ha ahuyentado. Es la tercera vez en diez días, y nunca he visto a ningún ratero de puerto que muestre tanta insistencia. Suelen dejar que la alarma aminore antes de volver a intentarlo. Y alguien me revolvió la habitación en el Delfín Plateado la pasada noche. Se llevaron algunas piezas de plata, por lo que pensé que eran ladrones, pero dejaron la hebilla de ese cinturón que tengo, la que tiene engastados granates y piedras de la luna, que estaba a plena vista. ¿Qué está pasando, capitán? Los hombres tienen miedo y yo también estoy algo inquieto.
—Reúne a la tripulación, Yarin —ordenó Domon, poniéndose en pie—. Búscalos y diles que el Spray zarpará tan pronto como haya a bordo los suficientes hombres para navegar. —Tras introducir el pergamino en el bolsillo de su chaqueta, agarró la bolsa de oro y empujó a su contramaestre hacia la puerta—. Dales prisa Yarin, porque voy a dejar aquí a todo el que no llegue a tiempo, aunque se quede de pie en el muelle.
Domon dio un empellón a Yarin para impulsarlo a correr y luego se encaminó al puerto. Aun los maleantes que oían el tintineo de las monedas se apartaban de él, pues ahora andaba como un hombre dispuesto a cometer un asesinato.
Ya había marineros trajinando a bordo del Spray cuando llegó y otros más que corrían con los pies descalzos sobre el pavimento de piedra de los muelles. Ellos ignoraban que Domon fuera objeto de una persecución, pero sabían que obtenía pingües beneficios y que compartía las ganancias siguiendo el sistema illiano.
El Spray tenía doscientos metros de eslora y dos mástiles, y sus amplios baos dejaban abundante espacio para la carga de cubierta y la de las bodegas. A pesar de lo que Domon había dicho a los cairhieninos —suponiendo que lo fuesen— lo consideraba capaz de navegar en mar abierto. El Mar de las Tormentas era más apacible en verano.
—Deberá resistir —murmuró para sí mientras bajaba a su cabina.
Allí arrojó el portamonedas sobre la cama, pulcramente adosada al casco, al igual que el restante mobiliario de la cabina de popa, y tomó el pergamino. Después de encender una linterna, colgada del techo, examinó el documento lacrado, haciéndolo girar como, si pudiera leer lo que en él estaba escrito sin abrirlo. Un golpe en la puerta le hizo fruncir el entrecejo.
—Adelante.
—Están todos a bordo menos tres que no he podido localizar, capitán —le dijo Yarin, asomando la cabeza— Pero he dejado el mensaje en todas las tabernas, garitos y cuadras del barrio. Estarán en el barco antes de que haya la luz suficiente para zarpar río arriba.
—El Spray zarpará ahora. Hacia el mar. —Domon atajó las protestas de Yarin referentes a la luz y las amarras y al hecho de que el Spray no estaba construido para navegar en mar abierto—. ¡Ahora mismo! El Spray puede sortear los obstáculos con marca baja. No habrás olvidado cómo orientarte por las estreno, ¿verdad? Llévalo hacia el mar. Zarpa ahora y vuelve a verme cuando nos encontremos más allá del rompeolas.
El contramaestre titubeó —Domon nunca navegaba por aguas traidoras sin estar presente en cubierta impartiendo órdenes, y sacar al Spray del puerto de noche no era sencillo, con o sin calado profundo— y luego asintió antes de marcharse. A los pocos momentos los sonidos de los gritos de Yarin y el martilleo de los pies desnudos sobre las planchas penetraron en la cabina de Domon. Hizo caso omiso de ellos, incluso cuando el barco se bamboleó con el contacto de la corriente.
Finalmente levantó la camisa exterior de la linterna y puso un cuchillo en la llama. El humo se elevó en espiral mientras el aceite calentaba el metal, pero, antes de que éste enrojeciera, apartó los mapas de la mesa y alisó el pergamino sobre ella, haciendo deslizar lentamente el acero candente bajo el sello de cera. El pliegue exterior se levantó.
Era un documento simple, sin preámbulos ni saludos, que hizo brotar el sudor de la frente de Domon.
«El portador de esto es un Amigo Siniestro buscado en Cairhien por asesinatos y otros espantosos delitos, entre los menos reprochables de los cuales se cuenta el robo contra Nuestra Persona. Os exhortamos a apoderaros de este hombre y de todo cuanto se halle en su poder, hasta los más insignificantes objetos. Nuestro representante acudirá a recoger lo que nos ha sido sustraído. Todas sus posesiones, salvo las que Nosotros reclamamos, pasarán a vos como recompensa por su captura. Que el vil bellaco sea ahorcado de inmediato para que su Sombra esparcida villanamente no ensombrezca más la Luz».