El peor remedio
- Автор: Леон Донна
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «El peor remedio». Краткое содержание книги:
Cuando acude, el comisario Brunetti comprueba que el violento manifestante detenido en la escena del crimen no es otro que su esposa, Paola Brunetti. La crisis familiar que desencadena semejante situación somete a Brunetti a una presión extrema también en su trabajo: los jefes exigen resultados inmediatos en el esclarecimiento de un audaz robo y una muerte en extrañas circunstancias que apuntan directamente a la Mafia.
El encontronazo de su vida profesional y su vida privada, ambas en la picota, y esa inexplicable conspiración por la que Paola lo ha arriesgado todo, adoptando el peor remedio posible, le conducen a una dramática encrucijada, al encontrarse ante la historia de una mujer que pasa a la acción y del entramado mundo de la explotación humana y sexual…
– Sí.
– Hubiera buscado otra cosa. Se hubiera servido de otro pretexto.
– Pero se sirvió de eso. -Su voz era firme-. Si yo no hubiera brindado un móvil, quizá ese hombre no hubiera muerto.
– Eso no lo sabes.
– No, ni lo sabré. Eso es lo que no puedo soportar, no saber. Y siempre me sentiré responsable.
Él hizo una pausa, hasta reunir el valor para preguntar:
– ¿Volverías a hacerlo? -Ella no contestaba, y él insistió, porque necesitaba saberlo-: ¿Volverías a tirar aquella piedra?
Ella se quedó pensativa mucho rato, dejando la mano inmóvil bajo la de él. Al fin dijo:
– Si sólo supiera lo que sabía entonces, sí, volvería a hacerlo.
Como él no contestara, ella giró la mano y oprimió la de él interrogativamente. Él miró las manos y luego la miró a ella.
– ¿Qué dices? -preguntó Paola.
Él, con voz átona, respondió:
– ¿Necesitas que yo lo apruebe?
Ella movió la cabeza negativamente.
– No puedo, ¿comprendes? -dijo él no sin cierta tristeza-. Pero sí puedo decirte que no eres responsable de lo que le ocurrió.
Ella meditó sus palabras.
– Ah, Guido, tú siempre empeñado en remediar los males del mundo.
Él tomó la taza con la mano libre y bebió otro sorbo.
– Y no puedo.
– Pero eso es lo que quieres, ¿verdad?
Él se quedó pensativo y al fin dijo, como el que confiesa una debilidad:
– Sí.
Ella sonrió y volvió a oprimirle la mano.
– Creo que basta con querer.
DONNA LEON