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Электронная книга - «El Tesoro». Краткое содержание книги:

Una ex esclava de un harem… Un sicario arrepentido…
Una carrera por encontrar el artefacto religioso más poderoso de todos los tiempos…
Lady Selene Ware tan solo había sido una esclava de un harem cuando Kadar Ben Arnaud, un hombre entrenado en las artes oscuras de la muerte y la seducción, la ayudó a escapar y ponerse a salvo en su Escocia natal. Pero incluso con un mundo de por medio, continúa sin estar a salvo del jeque que la reclamó como su propiedad robada, y que ahora les obliga a ella y a Kadar a regresar con una oportunidad de recuperar su libertad. Lo cual, naturalmente, es una trampa. Primero deben encontrar la legendaria reliquia que los hombres de poder llevan buscando desde los tiempos del rey Arturo.
Para Selene y el ex asesino, es una peligrosa odisea que comienza en una erótica cautividad y que les lleva a encontrarse con el misterioso y solitario Tarik, que ahora posee el tesoro. Pero la verdad es mucho más explosiva, el riesgo mucho más letal, y cuanto más cerca están de descubrir el secreto, mayor es la posibilidad de perderse el uno al otro… así como las vidas de ambos. Pues aunque Selene tiene la llave de este antiguo enigma, Kadar puede traspasar la fina línea que separa el camino del mal del de la luz para salvarla.
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Ella estaba sufriendo y él no podía ayudarla.

Por Dios, no podía soportarlo.

Ella se había encerrado en sí misma y lo había apartado de su lado. Ya había ocurrido antes, pero sabía que con paciencia y tiempo siempre llegaba a ella. Pero esta vez no era lo mismo. Nunca la había visto igual. Aparentaba varios años más, y los muros que había levantado a su alrededor eran duros como el acero.

Deja de sentir y empieza a pensar. Siempre se puede hacer algo. Tenía que haber algún modo de acercarse y que ella aceptara.

Se conocían demasiado bien. Ella estaría a la defensiva contra cualquier treta conocida. Cualquier camino que tomara debería ser uno por el que no hubiera andado con anterioridad.

Esa noche Selene estaba a punto de abandonar su aposento cuando Kadar llamó a la puerta.

– Confío en que no tendrás objeción en que te acompañe, ¿verdad? -preguntó Kadar con toda la suavidad que fe fue posible-. Puede que ya no te importe, pero tengo mis costumbres.

Pasó por su lado y empezó a bajar hacia el salón.

– No es necesario.

– Pero no conoces la villa -dijo poniéndose a su lado-. Podrías perderte.

– Lo dudo. Ni siquiera es tan grande como Sienbara.

– Entonces dame ese placer. Ese vestido te sienta muy bien. Siempre me ha gustado el blanco para ti. ¿De dónde lo has sacado?

– Tarik. Supongo que será de alguna de las sirvientas. Todas van de blanco.

– Muy considerado. Debería habérseme ocurrido a mí, pero estaba un poco preocupado.

Ella lo miró con cautela. No quedaba nada de la difícilmente reprimida frustración y desesperación que tenía antes. Su tono era tranquilo, su comportamiento un tanto burlón, pero le notaba otra emoción que no podía definir, y eso la preocupaba.

El sonrió.

– He sugerido a Tarik y a Layla que nos esperen en la terraza. Hace una noche espléndida como para estar dentro. ¿Has visto el atardecer?

– No.

– Siempre se debe prestar atención a la belleza. Nunca se sabe cuándo nos va a abandonar. -La acompañó hasta una puerta con columnas a su izquierda-. Deberías considerarlo.

Se adelantó y salió a la terraza.

Layla y Tarik estaban de pie junto a la balaustrada y se dieron la vuelta cuando vieron llegar a Selene.

– Ah, pareces más descansada. Espero que te hayas acomodado bien. -Tarik miró a Kadar y sonrió con complicidad-. No quiero ni pensar qué sería de mí si algo te desagradara. Al parecer Kadar está un poco molesto con nosotros.

– A decir verdad ya he recuperado mi buen humor. No te preocupes. -Kadar se dejó caer en una silla junto a la mesa de madera bajo la pérgola emparrada-. Siempre que prestes atención a nuestra importante discusión. -Miró a Selene-. Ya estamos aquí. Reunidos según tus órdenes, esperando dócilmente tus palabras. ¿Qué deseas de nosotros?

Ignora esta burla. Di lo que tengas que decir.

– Quiero a Nasim muerto.

La expresión de Kadar no se inmutó.

– Pensaba que sería eso.

– Necesitaré ayuda. Lo haría yo misma, pero tiene demasiado poder, demasiados hombres.

– Considero tu afirmación correcta. No se me ocurre nadie que pueda enfrentarse a él sin ayuda. Algunos dirían que es imposible. Rara vez está solo. Puede contar con sus sicarios en todo momento.

– ¿Me estás diciendo que no vas a ayudarme?

– No, lo que digo es que será difícil y posiblemente mortal -afirmó con tono indiferente-. Además, no estás entrenada para acometer semejante hazaña con éxito.

– Pero vosotros sí. Podríais enseñarme.

– ¿Deseas invertir tantos años como yo en aprender el camino oscuro? -Negó con la cabeza-. No lo creo. No va con tu temperamento, Selene.

– Lo que quiero es verlo muerto. Haré lo que sea necesario para conseguirlo.

– Eso te crees, pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Requiere un buen grado de ferocidad que tú no posees.

– Entonces la adquiriré. He aprendido muchas lecciones últimamente. No tengo más que recordar a Haroun -dijo con voz repentinamente violenta-. ¿Te ha contado Layla cómo Nasim lo cortó en pedazos? Intentó salvarnos, y ese monstruo…

– Me lo ha contado -interrumpió-. Pero las emociones van y vienen, y suelen interponerse en el camino para conseguir objetivos. Ese recuerdo no te ayudará, sino que te lo pondrá más difícil.

Él se mostraba frío y objetivo, totalmente distinto al Kadar que ella conocía. No sabía qué se esperaba, pero seguro que no era esa lejanía. Kadar nunca se había distanciado de ella.

– No puedo evitarlo. Las emociones están ahí. Y siempre lo estarán. -Luego añadió deliberadamente-: Supongo que no puedo esperar que sientas nada por el hijo que murió a causa de Nasim. Para ti no fue real.

Asomó una ligera emoción en su expresión, pero se desvaneció al instante. Arqueó las cejas y dijo:

– ¿Esa puñalada pretendía sacar sangre? Más te vale disparar tus flechas hacia el verdadero enemigo. Una de las primeras cosas que aprendí es que hay que concentrarse en lo importante e ignorar el resto.

– Lo único importante es matar a Nasim, no permitiré que salga impune. No sería justo. Nada de lo ocurrido está bien. No podemos permitir que destruya y salga corriendo. No le permitiré que… -Se le quebró la voz, pero procuró atemperar la pasión en ella contenida-. Ya no saldré corriendo a esconderme. Esto tiene que acabar.

– Ten paciencia. El tiempo a su manera vence a los peores enemigos -dijo Tarik con suavidad-. El riesgo es demasiado grande, Selene.

Se volvió hacia él.

– No me hables de paciencia. Tú eres casi tan pérfido como Nasim. Desde el principio habéis estado jugando entre vosotros y nos habéis manejado a Kadar y a mí a vuestro antojo, como si fuéramos peones en vuestro tablero.

Tarik suspiró.

– Precisamente porque sois importantes habéis sido arrastrados hasta nuestras maquinaciones. Estaba muy cansado. Creía que tenía el derecho de… Nunca quise haceros daño a ninguno de los dos.

– Bien, pues lo has hecho. A Kadar casi lo matan Haroun ha sido asesinado. Yo he perdido un hijo.

– Deja de atacarlo -dijo Layla-, Tú no entiendes nada. Ha cometido errores, pero no pretendía hacer daño. Ha sido Nasim el que ha hecho todo esto.

– Es cierto. No entiendo nada. Los dos os habéis encargado de que no entendiéramos nada -afirmó mirando fijamente a Tarik-. Pero eso va a cambiar. No voy a seguir vagando por la oscuridad como antes. Nasim quiere el grial. Es el arma que utilizaremos para atraparlo. Necesito saber por qué lo quiere. Quiero saberlo todo sobre él.

– Lo siento, no puedo decírtelo.

– No digas eso. Me merezco saberlo.

– Díselo-intervino Layla de repente.

– Permanece en silencio, Layla.

– No callaré. Ella tiene razón y tú estás equivocado.

– Siempre has pensado que estaba equivocado cuando el problema es que soy demasiado responsable.

– No eres Dios; solo puedes intentar hacer las cosas lo mejor posible. ¿Te va a impedir eso tomar alguna iniciativa al respecto? ¿Y qué pasa con Kadar? ¿No le vas a decir nada de lo que ha pasado?

– Iba a decírselo. Pero poco a poco.

– ¿Por qué? No da la impresión de ser demasiado sensible. No tiene por qué responder como Chion.

– Esa afirmación me ofende. Tengo un corazón muy sensible. -Kadar hizo una pausa-. Pero debo admitir que mi curiosidad es más grande que la delicadeza de mis sentimientos. Me encantaría que dejaras ya esta discusión y le proporcionaras a Selene la información que desea.

– Díselo, Tarik -instó Layla-. O lo haré yo.

Tarik permaneció en silencio durante largos instantes.

– Es un error.

– Entonces comete un error. Te sentará bien.

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