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Электронная книга - «Pescar Una Heredera». Краткое содержание книги:

Cuando la atractiva Caroline Trent es secuestrada por Blake Ravenscroft no lucha para eludir al peligrosamente atractivo agente de la corona. Después de todo, ha pasado la mayoría de sus días huyendo de las indeseadas proposiciones del inútil hijo de su tutor. Sí, Blake cree que ella es la famosa espía Carlotta de Leon, pero ocultarse durante seis semanas -hasta que cumpla 21 años y pueda obtener el control de su fortuna-, junto a su misterioso conveniente, es conveniente y romántico. La misión de Blake Ravenscroft es entregar a `Carlota` a la justicia, no enamorarse de ella. Su corazón se ha endurecido por los años de intrigas y por la perdida de su querida prometida. Pero esta pequeña tentadora demuestra ser extrañamente encantadora y completamente besable, y de repente, lo inconcebible se convierte en posible: que esta desigual pareja esté destinada al amor
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– Oh, Blake – dijo ella tristemente – con el tiempo, tendrás que dejar de hacerte daño. Marabelle se ha ido, tú todavía estás aquí, y hay gente que te ama.

Fue lo más cercano a una declaración que ella quería hacer. Contuvo la respiración esperando su respuesta, pero él solo le pasó la otra zapatilla.

– Gracias – murmuró ella – ahora iré dentro.

– Si – pero cuando ella se levantó él le dijo – ¿piensas dormir en el cuarto de baño?

– En realidad, no he pensado en ello.

– Te dejaría mi cama pero no confío en que Penélope no vaya a comprobar como estoy en mitad de la noche. A veces olvida que su hermano pequeño ha crecido.

– Debe ser estupendo tener una hermana.

Él desvió la mirada.

– Coge la almohada y los cobertores de mi cama. Estoy seguro de que puedes acomodarlos para que te resulten confortables.

Ella hizo un gesto afirmativo y comenzó a alejarse.

– ¿Caroline?

Ella giró vertiginosamente, con la esperanza resplandeciendo en sus ojos.

– Cierra la puerta cuando entres.

CAPITULO 17

es-cu-lent (adjetivo). Conveniente como comida. Comestible.

A menudo, he escuchado que incluso la comida mas repugnante parece más buena y apetecible (esculent) cuando se tiene hambre, pero no estoy de acuerdo. Las gachas son gachas, por mucho que el estómago cruja.

Del diccionario personal de Caroline Trent.

Caroline se despertó a la mañana siguiente con un golpe en la puerta del cuarto de baño. Por orden de Blake, había cerrado la puerta con llave la noche anterior; no porque ella creyera que él intentaría forzarla por la noche, sino porque si no lo hacía, él pasaría a revisar la puerta para ver si ella había seguido sus indicaciones, y evidentemente no quería darle la satisfacción de regañarla.

Había dormido con la camisa, y se envolvió en el cobertor antes de abrir la puerta sólo un poco y asomarse fuera. Uno de los ojos grises de Blake la estaba mirando.

– ¿Puedo entrar?

– Eso depende.

– ¿De qué?

– ¿Has traído el desayuno?

– Señora, no tengo acceso a una comida decente desde hace casi veinticuatro horas. Estaba esperando por si Perriwick te había traído algo de comer.

Ella abrió la puerta.

– No es justo que los sirvientes castiguen a tu hermana, ella debe estar hambrienta.

– Imagino que ella comerá estupendamente bien a la hora del té. Estás invitada a visitarla, ¿recuerdas?

– Oh, sí. ¿Cómo haremos eso?

Él se apoyó contra un lavamanos de mármol.

– Penélope ya me ha encargado que envíe para recogerte mi mejor carruaje.

– Creí que sólo tenías un carruaje.

– Ya. Eso no viene al caso. Voy a enviarte un carruaje a tu… ah… casa para recogerte.

Caroline puso los ojos en blanco.

– Me gustaría ver el enredo, un carruaje llegando al cuarto de baño. Dime, ¿pasará de camino por tu habitación ó por la escalera de los sirvientes?

Él le lanzó una mirada que decía que eso no era divertido.

– Tengo que traerte a tiempo para una visita a las cuatro en punto.

– ¿Qué se supone que debo hacer hasta entonces?

– ¿Asearte?

– Eso no tiene gracia, Blake.

Hubo un momento de silencio, y luego él dijo tranquilamente.

– Siento lo que sucedió anoche.

– No pidas disculpas.

– Pero yo debo hacerlo, me aproveché de ti, me aproveché de una situación que no podía llegar a ninguna parte.

Caroline hizo rechinar sus dientes; su experiencia de la noche anterior había sido lo más cercano que había sentido de ser amada en años. Que él le dijera que sentía lo sucedido, era insoportable.

– Si te vuelves a disculpar, gritaré.

– Caroline, no seas…

– ¡Te lo digo en serio!

Él afirmó con la cabeza.

– Muy bien, te dejaré sola, entonces.

– Ah, sí – dijo con un movimiento ondulante de su brazo – Mi fascinante vida. Hay tanto que hacer aquí. En realidad, no sé por donde empezar, creo que podría lavar mis manos, y después las puntas de mis pies, y si realmente me empeño, podría intentarlo con mi espalda.

Él frunció el ceño.

– ¿Te gustaría que te trajera un libro?

El comportamiento de ella cambió al instante.

– Oh, ¿me harías el favor? No sé dónde dejé ese montón que pensaba subirme ayer.

– Los encontraré.

– Gracias. ¿Cuándo debería… ah… aguardar tu carruaje?

– Supongo que debo pedir el carruaje un poco antes de las tres y media, así que ¿porque no estás lista a esa hora exacta para que yo te haga aparecer en los establos?

– Puedo aparecer en los establos por mi cuenta. Mejor, tú asegurate de que Penélope está ocupada en otra parte de la casa.

Él hizo un gesto afirmativo.

– Estate segura que le diré al mozo de cuadras que te espere a esa hora.

– Entonces ¿todo el mundo es consciente de nuestra farsa?

– Creo que sería posible dejarlo en los tres sirvientes de la casa, pero ahora parece como si el personal del establo tuviera que saberlo también – dio un paso para alejarse, luego se giró y le dijo – recuerda, sé puntual.

Ella echó una ojeada a su alrededor con una expresión indecisa.

– Se supone que no tengo ningún reloj aquí.

Él se buscó con la mano su reloj de bolsillo.

– Usa éste, aunque tendrás que darle cuerda dentro de unas horas.

– ¿Traerás esos libros?

Él afirmó con un gesto.

– Que no se diga que no soy el más amable de los anfitriones.

– ¿Incluso aunque confines a un invitado ocasional a tu cuarto de baño?

– Incluso entonces.

Exactamente a las cuatro en punto de esa tarde, Caroline llamaba a la puerta principal de Seacrest Manor; su excursión hasta ese lugar había sido bastante extravagante, por decirlo así. Se había escabullido del cuarto de baño, bajado por las escaleras del servicio, lanzándose a la carrera hasta el otro lado del césped exactamente a las tres en punto, saltando dentro del carruaje para a continuación pasear sin rumbo fijo hasta que el mozo de cuadras la trajo de vuelta a la casa a las cuatro en punto.

Seguramente, habría sido más directo, haber salido a través de la habitación de Blake y bajar la escalera principal, pero después de pasar todo el día sin compañía salvo por un lavabo y una tina, a Caroline no le importó disfrutar un poco de excitación y paisaje.

Perriwick salió a responder a la puerta tan rápido como nunca lo había hecho, guiñándole un ojo y diciendo

– Es un placer verla de nuevo, señorita Trent.

– Señorita Dent – siseó ella.

– Cierto – dijo, saludándola.

– ¡Perriwick! Alguien podría estar mirando.

Él miró furtivamente alrededor.

– ¡Cierto!

Caroline gimió. Perriwick le había cogido el gusto al engaño. El mayordomo aclaró su garganta y dijo en voz muy alta

– Permítame mostrarle el salón, señorita Dent.

– Gracias… er… ¿Cuál dijo que era su nombre?

Él le sonrió enormemente con aprobación.

– Es Perristick, señorita Dent.

Esta vez Caroline no pudo evitarlo, le dio un manotazo en el hombro

– Esto no es un juego – susurró.

– Por supuesto que no – abrió la puerta del salón, el mismo donde él le había ofrecido un banquete mientras su tobillo se estaba arreglando

– Le diré a la señorita Fairwich que está usted aquí.

Ella movió su cabeza negativamente ante su entusiasmo y fue andando hasta la ventana; parecía como si fuese a llover más tarde esa noche, lo que era mejor para Caroline, que se vería probablemente encerrada en el cuarto de baño de Blake toda la noche.

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