Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El cromosoma Calcuta - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El cromosoma Calcuta

Электронная книга - «El cromosoma Calcuta». Краткое содержание книги:

En la ciudad de Nueva York, en un futuro próximo, Antar, un egipico que trabaja como ingeniero informático, recupera por casualidad la ficha de Murugan, un viejo colega que se marchó a Calcuta, donde se le perdió la pista.
Murugan seguía el rastro del científico, escritor y premio Nobel del siglo xix Ronald Ross, que llevó a cabo importantes investigaciones sobre la malaria en la India. Pero el trabajo de Ross no se limitaba a esta enfermedad, ya que alguien lo manipulaba desde la sombra para que profundizase en la relación entre la malaria inducida y la curación de la sífilis y con algo cuyo alcance él jamás llegará a comprender: el denominado cromosoma Calcuta, a partir del cual… tal vez se pueda conseguir la inmortalidad.
Amitav Ghosh nos introduce en una India misteriosa, poblada por turbios personajes y enigmáticas presencias fantasmales, un universo en el que conviven y se confrontan culturas diferentes, distintas maneras de concebir el mundo. Alternando dos tiempos históricos -el pasado y el futuro- en los que dos personajes luchan denodadamente por acceder al conocimiento, esta espléndida novela combina un trepidante ritmo de thriller con profundas reflexiones sobre la identidad, la manipulación de los científicos y la búsqueda de la sabiduría y la inmortalidad.
«Una novela de lectura apasionante» (Alex Clark).
«Extremadamente ingeniosa… Combina el suspense de un melodrama Victoriano con la fascinación de un thriller científico» (John Ryle, The Guardian).
«Una seductora meditación sobre la identidad personal, que consigue aunar amenidad y seriedad» (Stephen Amidon, The Sunday Times).
«Planteada como una novela policíaca muy sofisticada y repleta de momentos memorables» (D.J. Taylor, Literary Review).
«Sin duda, al menos en lo que a la literatura en lengua inglesa se refiere, Amitav Ghosh es en estos momentos nuestro único novelista de ideas y el único que no teme ponerse continuamente retos» (Tarun J. Tejpal, Outlook).
1 ... 47 48 49 50 51 52 53 54 55 ... 68
Перейти на страницу:

-¿Hay alguien? -preguntó, alzando la voz.

-¿Quién es?

La silueta desapareció tan bruscamente como había aparecido, tras un Ganesh de un metro ochenta que practicaba su danza.

-Sólo queríamos hablar con usted -anunció Urmila.

Un anciano se materializó de pronto ante ella, apartándose de un panteón montado en un pedestal. Llevaba un dhoti y una camiseta de hilo, y sus malhumoradas facciones estaban contraídas en un rictus amenazador. Urmila retrocedió y a punto estuvo de clavarse la espada que blandía una serena Ma Durga.

-Cuidado -advirtió el anciano en tono brusco. La observó detenidamente mientras ella se alisaba el húmedo y manchado sari, y añadió-: ¿Qué quieren? Ahora estamos muy ocupados; no tenemos tiempo para charlas.

Urmila se irguió, adoptando inmediatamente su acitud profesional.

-Soy reportera de la revista Calcutta -anunció con voz firme y tajante-. Y me gustaría hacerle una pregunta.

-¿Qué pregunta? -inquirió el anciano, frunciendo aún más el ceño-. ¿Por qué? Yo no sé nada. Nosotros no nos metemos en política.

-No se trata de política. -Urmila le entregó el dibujo de Murugan-. ¿Puede decirme qué clase de figura es ésta?

El hombre entornó los ojos, dirigiendo una mirada penetrante a Murugan.

-Nunca en la vida he visto nada parecido -dijo, devolviendo el dibujo-. Conozco todas las imágenes religiosas que existen y jamás he visto ésta.

Urmila se volvió a Murugan para traducirle, pero él la interrumpió.

-Lo he entendido -musitó-. Pero algo me dice que está dispuesto a negar cualquier cosa.

-Entonces, ¿no sabe nada de esta figura? -preguntó Urmila al hombre del dhoti-. ¿Está seguro?

-¿Qué acabo de decirle? -replicó el artesano, alzando la voz-. ¿Es que no le dicho ya que «no»? ¿Cuántas veces tengo que repetírselo?

Unos cuantos jóvenes se habían congregado a su alrededor. Urmila les mostró el dibujo, pero el anciano la interrumpió bruscamente.

-¿Qué pueden decirle ellos? -dijo-. No son más que unos crios.

Los condujo bruscamente a la salida, sin dejar de murmurar. Una vez en la puerta, les echó sin contemplaciones.

-Venga, márchense, aquí no tienen nada que hacer.

Los vio marchar y luego desapareció en el interior del taller.

-Bueno -dijo Murugan, quitándose el polvo de las manos-. Me parece que eso es lo único que vamos a sacar de él.

Urmila ya estaba alejándose cuando Murugan hizo que se detuviese bruscamente.

-¡Mira! -exclamó, con un súbito jadeo-. ¡Allí!

Con el dedo señalaba a una niña de seis o siete años que estaba sentada en la acera jugando con una muñeca.

-¿El qué? -preguntó Urmila

-Mira lo que está poniendo en las manos de la muñeca -le musitó Murugan al oído.

Y ahora, mirando con atención, Urmila observó que la niña intentaba meter un diminuto objeto semicircular en la rígida mano de la ciega muñeca de plástico.

-¿Qué es? No lo sé.

-¿No lo ves? Es un pequeño microscopio, como el que yo vi -dijo Muruga, dándole un codazo y añadiendo-: Ve a hablar con ella, pregúntale de dónde lo ha sacado.

Urmila echó a andar y, al ver su sombra, la niña alzó la cabeza abriendo mucho los ojos con expresión de cautela. Urmila la tranquilizó con una sonrisa y se arrodilló despacio junto a ella.

-Vaya, qué bonito -comentó con voz suave en un bengalí infantil, señalando el pequeño microscopio, ya firmemente alojado en las manos de la muñeca.

-Es mío -dijo la niña en tono defensivo, cerrando el puño sobre la mano de la muñeca.

-Sí, claro que es tuyo -dijo Urmila-. Te lo ha regalado tu padre, ¿verdad?

La niña asintió, moviendo la cabeza despacio de arriba abajo.

-Mi padre está ahí dentro -dijo, dirigiendo la mirada hacia el taller-. Ha hecho muchos.

-¿Ah, sí? -dijo Urmila, asintiendo para animarla.

-Los ha hecho para la gran puja de esta noche -explicó la niña.

-¿De veras? -sonrió Urmila-. No sabía que hubiera una puja esta noche.

-Pues la hay -aseguró la niña, moviendo vigorosamente la cabeza-. Hoy es el último día de la puja de Mangala-bibi. Baba dice que esta noche Mangala-bibi va a entrar en otro cuerpo.

-¿En el de quién?

-Pues en el que ella ha escogido, naturalmente. Nadie sabe de quién.

-Pregúntale sobre Lutchman -susurró Murugan al oído de Urmila.

Pero antes de que Urmila pudiera decir una palabra más, un hombre salió repentinamente del taller. Cogiendo en brazos a la niña, se la llevó dentro. Luego volvió a aparecer el anciano del dhoti, blandiendo un palo.

-¿Por qué siguen aquí? -gritó a Urmila-. ¿Por qué hablaban con la niña? ¿Es que la quieren secuestrar? Ahora mismo llamo a la policía.

-No se moleste -replicó Urmila, poniéndose en pie-. Ya nos vamos.

Le dio unos golpecitos en el brazo a Murugan y echó a andar a paso vivo por el callejón.

36

El sueño se iba apoderando de Antar cuando Ava empezó a emitir llamadas urgentes. No eran muy fuertes y, antes de oírlas, Antar las sintió en el vientre, vibrando a través del suelo.

Antar se dirigió con cautela al cuarto de estar y distinguió el dibujo de un paquete en las profundidades de la ventana donde Ava despachaba el correo. Era una carpeta del terminal particular del vicesecretario general de Recursos Humanos del Consejo. Empezaba agradeciéndole el tiempo y el esfuerzo que ya había dedicado al asunto L. Murugan. A continuación, en un lenguaje cortés pero tajante, le informaba de que como ya era «conocedor de los detalles», se había decidido que iniciara una nueva investigación en la materia. Se le autorizaba así para establecer línea directa con el representante del Consejo en Calcuta, a fin de llevar a cabo las consultas necesarias (seguía una larga serie de códigos y habilitaciones de seguridad).

Antar pasó unos minutos preparando una serie de órdenes para conectar a Ava con Calcuta. Cuando terminó, fue a la cocina y se echó agua en la cara.

El apartamento de Tara seguía a oscuras, salvo por la luz en el cuarto de estar que ella siempre dejaba encendida, día y noche. Se estaba secando la cara cuando algo que surgió por el patio empezó a golpetear furiosamente en la ventana. Antar retrocedió, llevándose los brazos a la cara: era una paloma que aleteaba contra el cristal. Por un instante, fijó en él sus ojillos redondos y brillantes y luego se marchó.

1 ... 47 48 49 50 51 52 53 54 55 ... 68
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)