Shanghai Baby
- Автор: Хой Вэй
- Язык: испанский
- Переводчик: Romer Cornejo
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Shanghai Baby». Краткое содержание книги:
En una fiesta, Cocó conoce a Mark, un alemán casado con quien iniciará una aventura basada en la mutua atracción sexual pero que, inevitablemente, se irá desplazando hacia el centro mismo de sus ser. En medio del caos emocional, la voz de Cocó nos muestra cómo el amor y el deseo tienen a menudo caminos separados y nos transmite una inesperada y conmovedora sensación de verdad.
Shangai Baby es también el retrato de la fascinante ciudad de Shangai en la actualidad. Después de varios libros de éxito que nos han transportado al Oriente de las geishas y sus tradiciones, esta novela nos habla de la vida en la China de hoy.
El siguiente fue Johnson. Le regaló la rosa a la mujer más hermosa según él, a mi prima Zhusha; el poema era para Madonna, la mujer más inteligente, era un poema muy corto: "Joven hermosa, vámonos lejos juntos, los pingüinos nos invitan a beber el agua del Polo Norte, ¿acaso no es eso la felicidad?". En cuanto a la ofrenda número tres, él también dijo que decidiría luego. Madonna le preguntó:
– ¿Acaso te gustó la señorita Zhu? Los chinos decimos: "El amor entra por los ojos", si te parece la más hermosa, seguro que te enamoraste de ella. -Johnson enrojeció.
Todo ese tiempo Zhusha y Dick estuvieron tranquilamente abrazados sentados en una esquina del sillón. Zhusha, elegante y encantadora con una copa en la mano, miraba cómo los demás enloquecían y gritaban desaforados. Su temperamento y porte eran tan distintos a los de Madonna, las dos eran como el agua y el fuego. Madonna con un tono extraño dijo:
– Don't worry, tú eres un ciudadano norteamericano libre, tienes derecho a querer a cualquier mujer. -Dick los oía hablar y, sin atreverse a abrir la boca, abrazaba fuertemente a Zhusha. -Querida, es bonito que te quieran, además, tú eres verdaderamente encantadora.
– En esta fiesta no se permiten envidias ni provocaciones, al jugar hay que hacerlo con gusto -dije.
– Por supuesto -dijo Fei Pingguo desde mi espalda, abrazó mi cintura y se apoyó en mi hombro. Tiantian miraba sin querer ver mientras concentrado cortaba la punta de un puro. Golpeé el pecho de Fei Pingguo:
– Te toca querido.
– La rosa es para el más bello y ese soy yo, el poema es para la más inteligente, Cocó, y ofrezco mi cuerpo a quien pueda despertar mis deseos, sea hombre o mujer, no importa. -Mientras hablaba, acomodaba su falda frente el espejo del armario:
– De veras soy muy hermoso.
– Sí, lo eres -lo secundaron las modelos mientras lo abrazaban, como hermosas mujeres convertidas en serpientes que abrazan una enorme manzana.
– Si nadie me regala una rosa, me sentiré muy apenado, así que es mejor que yo me regale una a mí mismo. -Insertó la rosa en su boca y al ritmo de la música, estiró los brazos como si fuera a volar, se veía coqueto y gracioso, su mentón le daba un toque diabólico.
– Te regalo mi rosa porque yo también pienso que eres el más hermoso -dijo de pronto el serbio con un chino impecable-, el poema es para mi amigo la Araña, es un experto en computadoras, es el hombre más inteligente que conozco. En cuanto a mi cuerpo, claro que se lo ofrezco al hombre más hermoso. -Todos voltearon la mirada hacia Yisha como si vieran a un extraterrestre.
Alguien se rió, era el norteamericano Johnson. Yisha de pronto se levantó y se sacudió las cenizas:
– Te parece muy chistoso, ¿verdad? -Miraba penetrante a Johnson.
– Perdón -Johnson seguía riendo-, perdón, es que no me pude aguantar.
– ¡Igual que sus aviones, que no se pueden aguantar y bombardean a mi país! ¡Igual que su ejército, que no se puede aguantar y mata a gente inocente! What a lie! ¡Yanquis! De sólo pensar en ustedes me dan ganas de vomitar. En todo se quieren meter, desvergonzados, inmorales, gente primitiva, vulgar e inculta, sólo son unos arrogantes y megalómanos. You motherfucker!
Johnson también saltó.
– What the hell are you talking about? ¿Qué tengo yo que ver con esos jodidos aviones que lanzan bombas? ¿Por qué me insultas?
– Porque eres un yanqui motherfucker.
– Ya, ya, ya, está bien, tomaron mucho, no se exalten -saltó la Araña y se puso a separarlos. El Padrino estaba sentado en medio de varias modelos, y sin meterse en lo que no le importaba seguía acaparando la atención de las damas con sus trucos de cartas muy bien aprendidos. Pero ellas de pronto levantaron la mirada y se pusieron a ver al par de extranjeros enrojecidos que peleaban rechinando los dientes. Moralmente ellas estaban con el serbio, pero desde el punto de vista estético estaban con Johnson que se parecía a Leonardo Di Caprio.
– Peleen para arreglar el asunto -los incitaba Madonna riendo, la aterrorizaba la falta de desorden. Fei Pingguo también se acercó y agarró a Yisha, todo empezó porque él había dicho que lo quería, así que Fei Pingguo estaba conmovido.
– ¿Quieren un baño de agua fría? -les preguntó Tiantian, en sus palabras no había ni una brizna de burla, salieron de su noble y bondadosa alma. Según él, el baño era la solución a todos los problemas, la bañera era como el útero materno, tierra de felicidad, calidez y seguridad. Purificar el cuerpo y el alma con un baño, te aleja del polvo, del ruidoso rock amp; roll, de las bandas y vagabundos, de los problemas que te agobian, del sufrimiento amargo.
Los conflictos internacionales se calmaron, la fiesta siguió. Tiantian me regaló a mí su rosa, su poema y su cuerpo. Yo también le ofrecí todo a él. Madonna riendo se burlaba:
– ¡Ay sí! en público son una pareja muy devota, ¿no son asquerosos?
– Disculpa, no quisimos provocar tus celos -Tiantian esbozó una sonrisa, yo sin embargo me enojé.
Madonna y Zhusha sabían lo mío con Mark, ¿pero cómo podía confesarle eso a Tiantian? Y más cuando él me da algo que Mark no puede, a ellos dos no se los puede comparar. Tiantian con su amor y su cercanía penetra partes de mi cuerpo a las que Mark jamás podrá alcanzar. No reconozco ser voraz y egoísta en ese aspecto, reconozco sin embargo que no me puedo controlar y siempre busco excusas para justificarme a mí misma.
– No puedo perdonármelo -le dije alguna vez a Zhusha.
– En realidad tú siempre te lo perdonas -fue su respuesta.
– Sí. Así es.
Zhusha y Dick también se regalaron mutuamente las tres ofrendas. La Araña, el Padrino y sus dos amigos me regalaron sus poemas a mí (afortunadamente, me convertí en la persona más inteligente de la noche, recibí poemas olorosos y apestosos, como: "Tu sonrisa resucita muertos, es de excelente calidad". Otros eran elogiosos, como: "Ella parece acero rizado, no parece un ser vivo…" Algunos parecían reales: "Ella ríe, ella llora, es verdadera, es una ilusión…" (este sí coincidía, me describía bien). De los cuatro hombres que les ofrecieron las rosas y los cuerpos, con gran placer y regocijo, a las modelos que trajo Fei Pingguo, tres y medio eran discípulos de Fudan. El medio claro que era la Araña, a él lo echaron de la escuela en la mitad.
Los cuatro discípulos de Fudan flirtearon con las hermosas modelos, en el departamento había sillón, cama y alfombra. Seguro que podían acomodarse.
Dick observaba los cuadros de Tiantian colgados en la pared, Zhusha y yo conversábamos sentadas frente a un plato lleno de frutillas:
– ¿Has visto a Mark últimamente? -me preguntó en voz baja sin mirarme.
– Sí. -Suavemente mecía mis piernas, Tiantian acababa de poner un disco de acid jazz, la habitación estaba en desorden total, los ojos de todos empezaban a parecer huevos fritos, nadie estaba sin hacer nada, cada uno se divertía a su modo.
– ¿Por qué me lo preguntas? -Me di vuelta y la miré.
– En la empresa hay rumores, se dice que Mark regresará pronto a las oficinas centrales de Berlín.
– ¿De verdad? -Traté de aparentar que no pasaba nada, el líquido de una frutilla demasiado agria se esparció por mi lengua provocándome náuseas.
– Tal vez debido a su excelente desempeño en China fue promovido y regresa a las oficinas centrales de Berlín para ocupar un puesto importante.
– … Quién sabe, tal vez sea cierto. -Me levanté y pateé una revista que estaba en el piso y un almohadón de satén rojo con flores bordadas. Salí al balcón. Zhusha me siguió: