Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]
- Автор: Шеффилд Чарльз
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-406-6480-8
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]». Краткое содержание книги:
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.
Le parecía tener la respuesta. Mary había venido en busca de confirmación personal. Sabía que él había recorrido una gran distancia tras Sylvia Fernald. Mary odiaba renunciar a ningún hombre. La idea de que hubiera sido suplantada por Sylvia, de no poder manejar más a Bey a su capricho, le resultaba intolerable. Quería demostrar que aún era su dueña, que aún podía controlarlo.
Bey contempló la figura que dormía junto a él. De momento, la demostración la había satisfecho. Ahora le tocaba sacar partido de aquel hecho.
Lo más difícil era sacar el tema sin que pareciera que lo hacía intencionadamente. Mary no mentía, pero tenía un sexto sentido para detectar si los demás lo hacían. Lo mejor era hacerle creer que cualquier decisión partía de ella.
Bey dejó caer la primera frase mientras Mary le mostraba los elaborados jardines que las máquinas habían construido bajo su dirección en un solo día. Fue en respuesta a la queja de que estaba ahora demasiado delgado para acostarse cómodamente junto a ella y tomó la forma de un vago comentario por su parte de que los cánones femeninos de belleza eran muy distintos en los Sistemas Extenor e Interior.
—Para los nubáqueos, las curvas están pasadas de moda —añadió—. Y sin embargo eso no significa que un nubáqueo no resulte atractivo para alguien del Sistema Interior… o que los abrázaseles disgusten a alguien de la Nube.
Mary no había reaccionado al comentario, pero Bey sabía que lo había registrado. Esperó. Era difícil mantener bajo control sus propios procesos mentales. La emoción y el verdadero afecto por Mary competían con su plan lógico a largo plazo, y Bey sabía por experiencia que la lógica podía perder.
Más tarde, Mary se puso a estudiar una de las grabaciones de sus antiguas actuaciones en el papel de Polly Peachum, en La ópera de los mendigos. Recalcó lo guapa que estaba con el pelo rojo. Bey coincidió con entusiasmo.
—Mi color de pelo favorito. De hecho, el pelo rojo natural… —Hizo una pausa y guardó silencio. Mary tampoco dijo nada. Sylvia era pelirroja.
Contemplaron juntos la actuación. Cuando Macheath miraba a Polly y a Lucy Lockit y cantaba Qué feliz podría ser con cualquiera, si la otra no existiera, Bey supo que Mary lo observaba por el rabillo del ojo.
Ella estuvo preocupada durante el resto del día. Esa noche, le preguntó de repente si Sylvia Fernald y él habían sido amantes.
—¡Por supuesto que no! —Bey se enderezó en su asiento—. Ya la has visto y sabes lo alta y flaca y extraña que es. Y tiene un compañero, allá en la Nube, así que no miraría a nadie más. ¿Y sabes que cuando llegué a la Cosechadora Opik dijo que yo parecía un mono velludo? Me encuentra completamente horrible…
Bey tal vez se pasó un poquito con sus protestas. No necesitaba recalcarle a Mary que su propio aspecto había cambiado considerablemente desde su llegada a la Cosechadora, hasta adquirir una forma mucho más acorde con los gustos de Sylvia Fernald. En asuntos como aquél, Mary llegaba a una conclusión diez veces más rápido por instinto que por lógica.
A la mañana siguiente, Mary estuvo muy silenciosa. A medio día, anunció como si tal cosa que regresaba al Anillo de Núcleos. Si Bey quería correr el riesgo, podía acompañarla. ¿Quería ir? Si era así, debía prepararse.
Bey aceptó, igualmente indiferente. Sin embargo, no se sentía satisfecho por la forma en que se había desarrollado la conversación. Había conseguido su objetivo, pero su vocecita interior no se estaba callada. «Demasiado fácil —decía—, demasiado fácil. Cuando un objetivo difícil se consigue sin esfuerzo, es hora de recelar. ¿Quieres ir al Anillo de Núcleos? Muy bien… tal vez alguien más quiere que vayas.»
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