Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Misión De Honor
Misión De Honor - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Misión De Honor

Электронная книга - «Misión De Honor». Краткое содержание книги:

En su última película, James Bond renuncia a la categoría de 007, abandona el servicio y parte hacia Montecarlo, al volante de su Bentley Mulsanne Turbo, para cumplir una misión distinta a todo lo que había hecho hasta aquel momento. ¿Cómo explicar el súbito cambio de vida del hombre que venía siendo la más elogiada arma defensiva de cuantas ha tenido el Estado británico? ¿Y qué imprevisibles consecuencias tendrá esta decisión para el juego internacional de fuerzas cuyo equilibrio nos permite a los ciudadanos corrientes dormir tranquilos? Bond ha sido nombrado heredero de su tío Bruce, de Australia, con una condición de obligado cumplimiento: tiene que gastar las primeras cien mil libras del legado frívolamente, en actividades censurables cuya elección deja a su albedrío, dentro de un plazo determinado. Y Bond decide conciliar parte de ese mandato con su renovada pasión por ese príncipe de los coches que es el Bentley. Pero su abandono del Servicio exige explicaciones más consistentes. En el Parlamento, la oposición interpela al Ministerio a propósito de fallos en el sistema de seguridad británico encubiertos por el Gobierno. El que se sospeche de él no preocupa tanto a Bond como la posibilidad de que en el esclarecimiento de los hechos su honorabilidad se ponga en tela de juicio. Esta nueva y diabólica trama de John Gardner conduce a James Bond hasta un genio de los ordenadores que traiciona al Pentágono. También le enfrenta a un siniestro ejército mercenario que está fraguando una audaz operación terrorista, y le lleva a un alocado vuelo en zeppelín sobre Ginebra coincidiendo con la celebración de una conferencia en la cumbre de defensa de la paz. Y para salvar su honor, James Bond tendrá que vencer todos esos obstáculos…
1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53
Перейти на страницу:

Perdido el equilibrio, Simon cayó a un lado. Su mano, buscando afianzarse, desplazó el mecanismo de cierre de la escotilla, que giró sobre sus goznes, dando paso a una brusca ráfaga de aire. Al caer Simon exánime, el asistente árabe disparó hacia Bond, pero con tan mala fortuna, que la bala le acertó a su camarada en el pecho. Como vigorizado por una extraordinaria fuerza en el momento de la muerte, Simon se deshizo de la tenaza de Bond y, girando sobre sí mismo según se desplomaba, apretó el gatillo de la Uzi. Una larga ráfaga surgida de la metralleta cercenó casi la cintura del muchacho árabe.

Todavía aferrado al arma, Simon cayó de espaldas. Ni aflojó las manos ni salió de su garganta sonido alguno. Se precipitó, sin más, por la escotilla y surcó los trescientos metros de clara atmósfera en el largo y postrer viaje, que habría de llevarle a las aguas del Léman.

Bond, que se había agachado para recoger del suelo la Walther del árabe, sintió de pronto el aguijonazo de una bala que le rasgaba la carne de la cadera, mientras un segundo proyectil le pasaba silbando junto a la oreja.

Consiguió hacerse con la pistola, pero cuando se volvía, por puro reflejo, con el dedo posado en el gatillo, hacia donde hubiera debido estar Rahani, se dio cuenta de que el instigador de todo aquel drama no se encontraba allí.

– Ha saltado en paracaídas -dijo Nick en tono reposado-. El cerdo de él llevaba un paracaídas.

Bond se acercó a la escotilla y, aferrado a la barra de sujeción, se asomó.

Abajo, sobre la superficie azul-gris del lago, flotaba la blanca cúpula del paracaídas de Rahani, que una suave brisa alejaba de Ginebra, hacia el lado francés del Léman.

– Seguro que le están esperando -dijo Bond en voz alta.

– ¿Quieres cerrar la puerta, por favor? -la voz de Nick tenía toda la calma que sólo un piloto experimentado puede conseguir en un momento de apuro-. He de encontrar algún sitio donde posar el dirigible.

Conectó la radio, hizo girar el selector entre pulgar e índice y se caló los auriculares que hasta ese momento le habían impedido utilizar. Unos segundos más tarde, y ladeando la cabeza hacia Bond, que se habla desplomado en el asiento vecino, anunció:

– Podemos volver al campo de aterrizaje. Por lo visto, la milicia suiza lo tomó poco después de nuestro despegue. Se diría que teníamos ángeles guardianes velando por nosotros.

Se habían reunido los cinco «M», Bill Tanner, Cindy Chalmer, Percy y Bond- en la terraza de una habitación de hotel con vistas al lago. A é1, aunque le habían vendado la zona afectada, seguía causándole molestias el largo arañazo abierto en la cadera por la bala.

– ¿Trata de decirme -interpeló a «M» con fría Cólera- que estaban al tanto de la ocupación del aeródromo? ¿Que lo sabían ya cuando nos entrevistamos en Londres?

Su superior asintió. Acababa de revelarle que, como resultado de las medidas de seguridad adoptadas en relación con la conferencia en la cumbre, se habían asignado números de identificación a todo el personal autorizado.

A Bill Tanner no le habían contestado, la noche que telefoneó desde Londres al equipo de la Goodyear, con la secuencia de cifras correcta.

– Sabíamos que estaba sucediendo algo anómalo -dijo «M» reposadamente-. Lo comunicamos a quien correspondía, y convinimos con norteamericanos y soviéticos que se aceptaría, pero sin darle curso, cualquier mensaje transmitido por las ondas de emergencia de sus satélites. Una simple precaución. Ni que decir tiene, cero cero siete, que seguimos confiando en usted.

– Muchas gracias -repuso Bond con gélida flema.

– Pero eso, cero cero siete -continuó «M» en tono incisivo-, no significa que deba usted ir por ahí con la idea de que es insustituible.

– Y decidieron dejarme a merced de los lobos -replicó Bond, casi gritando-. No era necesario arrojarme a las tinieblas exteriores, como tan acertadamente lo expresó usted en cierta ocasión, pero aun así me dejaron marchar, a sabiendas de que…

– Vamos, vamos, ¿cómo se le ocurre hacer semejantes reproches a sus superiores? -le reprendió «M» vivamente. Y adelantándose de improviso en su asiento, posó una mano en el brazo de Bond y dijo, en tono de paternal inquietud nada propio de él-: Lo hicimos en su interés tanto como en el nuestro, James. Según se mire, podía usted encontrar la manera de entregarnos a Holy… o a Rahani. Pero lo que nos preocupaba prioritariamente no era eso, sino dar con el medio de devolverle su buen nombre. Considérelo una especie de… rehabilitación.

– ¿Rehabilitación? -Bond escupió la palabra, lleno de desdén.

– Verá usted -continuó en tono sosegado su superior jerárquico-, había que encontrarle una misión que pudiese desempeñar en beneficio de su imagen pública. A la prensa no podía pasarle por alto un jolgorio en el que iba a intervenir un dirigible situado sobre la misma vertical de la sede de la coherencia en la cumbre. Ultimamente Ginebra ha sido un hervidero de periodistas. De modo que pedimos a las autoridades suizas que dejasen trascender algunas noticias. Cosa que en cierto modo nos ahorra una serie de embarazosos desmentidos. Creo que se sentirá satisfecho con lo que van a decir mañana los periódicos. Y quizá no fuese mala idea suscitar otra interpelación en la Cámara.

Sin decir palabra, Bond miró a «M», el cual le dio dos tranquilizadoras palmadas en el brazo antes de retirar la mano.

– Supongo que, en vista de ese arañazo, querrá una baja por enfermedad -dijo en tono ausente.

Bond y Percy cruzaron una mirada.

– Si no ha de causarle trastornos al Servicio, señor…

– ¿Qué tal un mes? Dejemos que se acalle este alboroto. No podemos permitir que todo el departamento salga a la luz pública en aras de su honor, cero cero siete.

Cindy intervino entonces por primera vez:

– ¿Qué ha sido de Dazzle? ¿De la señora St. John-Finnes?

Tanner respondió que habían perdido el rastro de la dama en cuestión. Se habla esfumado, al igual que Rahani, del cual no quedaba más huella que el paracaídas recogido por una lancha en el lado francés del Léman.

– Lástima. Con lo que me hubiese gustado verme a solas con ese malnacido… -se lamentó la deliciosa Cindy Chalmer, que podía resultar mortífera cuando se excitaba.

Percy le dirigió una sonrisa maligna.

– Tú, Cindy, tienes que volver directamente a Langley. Ordenes recibidas esta mañana.

La mulata hizo un mohín. Bond trató de evitar su mirada.

– ¿Y qué hay del profesor Amadeus? -quiso saber.

– Oh, nos estamos ocupando de él -repuso Bill Tanner con cierta vehemencia-. En el Servicio no falta sitio para buenos técnicos en ordenadores. De todas formas, el profesor Amadeus dio prueba de ser un joven valeroso.

– Olvidaba una cosa -masculló «M»-. Aunque el jefe de personal no estaba al tanto de esto, al revisar los archivos después de habernos alertado James a propósito de Rahani, descubrimos cierta interesante información. ¿Recuerda usted, cero cero siete, que veníamos vigilando a ese sujeto desde hace algún tiempo?

Bond asintió, y «M» extrajo de la carpeta que tenía en las rodillas una foto en blanco y negro, mate.

– ¿Es o no es interesante?

La instantánea mostraba a Tamil Rahani abrazado a Dazzle St. John-Finnes.

– Por lo visto tenían planes para el porvenir.

Al interesarse Bond por Erewhon, le respondieron que los israelíes habían localizado su emplazamiento.

– No había nadie. Ni un alma. De todas formas, lo tienen vigilado. Yo dudo que Rahani se deje ver por allí. Pero es probable que reaparezca en alguna otra parte.

– Sí -dijo Bond con voz átona-. Así es, señor. Yo también creo que todavía recibiremos noticias de él. Bien mirado, se ufanaba de ser el heredero de los Blofeld.

– Lo cual me hace pensar -replicó «M» meditativo- que quizá debería usted aplazar lo de esa baja, cero cero siete. Podría ser importante seguir de cerca…

1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)