Marte verde [Green Mars - es]
- Автор: Робинсон Ким Стэнли
- Серия: Marte (es) #2
- Год: 1998
- Язык: испанский
- Год: Minotauro
- ISBN: 84-450-7225-0
- Переводчик: Ana Quijada
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «Marte verde [Green Mars - es]». Краткое содержание книги:
Tengo la impresión que Kim Stanley Robinson fue uno de los primeros colonos en Marte, y que ha regresado para contarnos la historia en esta brillante nueva novela.
—Hemos descubierto que incluso cuando no empezamos con poliploides, como hacemos normalmente, las especies cambian en el espacio de pocas generaciones.
—¿Han identificado el mecanismo desencadenante?
—No.
Otro misterio. Sax miró por el microscopio, vejado por ese sorprendente desgarrón en el tejido extraño de la biología. Pero no se podía hacer nada; él mismo se había ocupado de la cuestión en sus laboratorios del Mirador de Echus en la década de 2050, y al parecer una radiación ultravioleta superior a la que el organismo estaba habituado estimulaba la respuesta poliploide. Pero ¿cómo captaban las células esa diferencia, para responder doblando, triplicando o cuadruplicando el número de cromosomas?
—Tengo que confesar que me sorprende ver lo bien que está prosperando todo.
Claire sonrió, feliz.
—Temía que después de la Tierra pensaras que esto era un yermo desolado.
—Bien, no. —Sax carraspeó.— Supongo que no esperaba nada. O sólo algas y líquenes. Pero esos fellfields parecen llenos de vida. Pensé que llevaría más tiempo.
—En la Tierra, sí. Pero recuerda que no nos limitamos a tirar las semillas y a esperar. Todas las especies han sido manipuladas para incrementar su resistencia y su velocidad de crecimiento.
—Y cada primavera sembramos de nuevo —añadió Berkina—, y fertilizamos con bacterias fijadoras del nitrógeno.
—Pensé que eran las bacterias desnitrificadoras las que estaban en boga.
—Esas las distribuimos específicamente en los depósitos abundantes en nitrato de sodio para transpirar el nitrógeno hacia la atmósfera. Pero en los lugares en los que cultivamos necesitamos más nitrógeno en el suelo, así que utilizamos fijadores de nitrógeno.
—Sigue pareciéndome que van demasiado deprisa. Y todo esto tiene que haber ocurrido después de la soletta.
—La cuestión es que no hay competencia —dijo Jessica desde su mesa al otro lado de la habitación—. Las condiciones son hostiles, pero éstas son plantas muy resistentes, y cuando las dejamos ahí fuera no tienen competidores que entorpezcan su crecimiento.
—Es un nicho vacío —dijo Claire.
—Y las condiciones aquí son mejores que en otros lugares de Marte — añadió Berkina—. En el sur tienen el invierno del afelio y la altura. Las estaciones de allí informan que el efecto del invierno es devastador. Pero aquí, el invierno del perihelio es mucho más benigno, y estamos sólo a mil metros de altitud. Las condiciones son mucho mejores que las de la Antártida en muchos sentidos. Sobre todo el nivel de CO2. Me pregunto si ésa no será la causa de la velocidad que tanto te sorprende. Es como si las plantas estuviesen sobrealimentadas.
—Aja —dijo Sax, asintiendo.
Así pues, los fellfields eran jardines. Crecimiento asistido más que crecimiento natural. En realidad lo había sospechado —era algo común en Marte—, pero los fellfields, rocosos y extensos, tenían un aspecto tan espontáneo y salvaje que por un momento lo habían confundido. Y aun sin olvidar que eran jardines, todavía lo sorprendía que fuesen tan vigorosos.
—¡Y ahora tenemos la soletta derramando luz solar sobre la superficie! —exclamó Jessica. Sacudió la cabeza, como si lo desaprobara—. La insolación natural es una media del cuarenta y cinco por ciento de la terrana, y con la soletta sube al cincuenta y cuatro por ciento.
—Contadme algo más de la soletta —dijo Sax cautelosamente.
Le explicaron el asunto por turnos. Un grupo de transnacionales, encabezadas por Subarashii, había construido una formación circular de láminas de espejo solar, situada entre el sol y Marte, y alineadas para captar y enfocar hacia el interior las ondas de luz solar que pasaban cerca del planeta. Un espejo anular que rotaba en órbita polar reflejaba la luz de vuelta a la soletta para contrarrestar la presión de la luz solar, y esa luz rebotaba de nuevo hacia Marte. Los dos sistemas de espejos eran enormes comparados con las primeras velas solares de los cargueros que Sax había alineado de manera que reflejasen la luz sobre la superficie, y la luz reflejada que estaban añadiendo al sistema era muy significativa.
—Debe de haber costado una fortuna construirlos —murmuró Sax.
—Oh, desde luego. Las grandes transnac están invirtiendo lo que no te imaginas.
—Y eso no es todo —dijo Berkina—. Planean deslizar una lente aérea a sólo unos cientos de kilómetros por encima de la superficie, y esta lente concentrará parte de la luz que incida en la soletta para elevar la temperatura de la superficie a niveles fantásticos, algo así como cinco mil grados…
—¡Cinco mil grados!
—Sí, creo que eso fue lo que oí. Planean derretir la arena y el regolito subterráneo, y así liberar los elementos volátiles en la atmósfera.
—Pero ¿y la superficie?
—Tienen intención de hacerlo en zonas remotas.
—En líneas —dijo Claire—. ¿Acaso pretenden cavar zanjas?
—Canales —dijo Sax.
—¡Pues claro! —Todos rieron.
—Canales de paredes vitrificadas —dijo Sax, preocupado al pensar en todos esos gases. El dióxido de carbono sería el que predominaría.
Pero no quería mostrar un interés excesivo en los proyectos de terraformación más ambiciosos. No insistió en el tema y pronto la conversación volvió al trabajo que ellos hacían.
—Bien —dijo Sax—, imagino que algunos de los fellfields muy pronto se transformarán en praderas alpinas.
—Oh, ya existen praderas alpinas —dijo Claire.
—¡No me digas!
—Sí. Bueno, son pequeñas todavía. Pero si caminas unos tres kilómetros por el borde occidental las verás. ¿No has ido aún? Hay praderas alpinas y también krummholz. No ha sido tan difícil después de todo. Plantamos los árboles sin apenas alterarlos, porque resultó que muchas especies de pinos y piceas resistían temperaturas mucho más bajas que las habituales en sus habitats terranos.
—Qué curioso.
—Un vestigio de las edades de hielo, supongo. Pero ahora les resulta muy útil.
—Interesante —dijo Sax.
Y pasó el resto del día mirando por el microscopio sin ver nada, ensimismado. La vida es sobre todo espíritu, solía decir Hiroko. Era un asunto extraño, el vigor de las cosas vivas, su tendencia a proliferar, lo que Hiroko llamaba la fuerza verde, la viriditas. La lucha de la vida para cobrar forma. Le parecía muy enigmático.
Cuando llegó el alba del siguiente día, se despertó en la cama de Phyllis, con Phyllis junto a él, enredada en las sábanas. Después de la cena todo el grupo había subido a la sala de observación, algo que se estaba haciendo habitual, y Sax había continuado la conversación con Claire, Jessica y Berkina. Jessica se había mostrado muy afectuosa con él, como siempre, y Phyllis, que lo había advertido, lo siguió cuando fue a los aseos junto al ascensor. Allí se había abalanzado sobre él con ese abrazo seductor que tanto lo sorprendía. Habían acabado por subir a la habitación de ella, y aunque Sax se había sentido incómodo por desaparecer sin despedirse de los otros, había hecho el amor con bastante pasión.
Ahora, mirándola, recordó la marcha precipitada con disgusto. La sociobiología más simple explicaba perfectamente ese comportamiento: competencia por el macho, una actividad animal muy básica. Sax nunca había sido objeto de ese tipo de rivalidad, pero no podía atribuirse el mérito de esa súbita persecución. Era evidente que se debía a la cirugía estética de Vlad, que había reorganizado su cara y resultaba atractiva para las mujeres. Pero seguía siendo un misterio para él que una determinada combinación de rasgos faciales fuera más atractiva que otra. Había escuchado explicaciones sociobiológicas de la atracción sexual que tenían cierta validez: un hombre buscaba una compañera con caderas anchas para alumbrar a los hijos sin problemas, con pechos grandes para alimentarlos, etcétera; una mujer buscaba un hombre fuerte que engendrase hijos sanos y los mantuviese… Todo eso tenía cierta lógica, pero ninguna relación con los rasgos faciales. Para éstos, las explicaciones sociobiológicas se volvían bastante imprecisas: ojos separados para ver bien, buenos dientes para ayudar a mantener la salud, una nariz prominente para evitar los resfriados… No, nada de aquello tenia sentido. Sólo eran combinaciones casuales que de algún modo resultaban atractivas a la vista. Un juicio estético en el que rasgos no funcionales casi imperceptibles podían influir, lo cual indicaba que los aspectos prácticos no eran relevantes.