Estrella brillante [Star Light - es]
- Автор: Клемент Хол
- Серия: Mesklin (es) #2
- Год: 1977
- Язык: испанский
- Год: Edaf
- ISBN: 84-7166-218-3
- Переводчик: Inmaculada de Dios
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Estrella brillante [Star Light - es]». Краткое содержание книги:
Los seres vivientes que mejor se ajustaban a esas exigencias eran los pequeños mesklinitas, dotados de una constitución resistente. Aunque se encontraban en un estadio cultural inferior, los humanos pensaban que no convenía suministrarles una elevada ayuda tecnológica para su cometido. En cambio, deberían controlar la exploración desde su seguro satélite en órbita a seis millones de millas de Dhrawn.
Hasta el momento de descender allí, los tenaces, valientes e inteligentes mesklinitas estaban decididos a no ser contratados y deseosos por sí mismos de aceptar el fantástico desafío que las fuerzas de Dhrawn les presentaban.
Nominado por el premio Hugo en 1971.
»En resumen, todo esto quiere decir que un ser humano ha reconocido a un miembro de la tripulación del Esket, no sólo vivo mucho después de que se le diese por muerto, sino también a cinco o seis millones de cables del lugar donde supuestamente había muerto. No sabemos lo seguro que dicho ser humano estaba de su identificación, lo bastante seguro como para pronunciar el nombre de Kabremm en alta voz, aunque no como para pasar la noticia a otros humanos sin investigar más. Supongo que, como a nosotros, no les gusta quedar como tontos. Nosotros no sabemos si Barlennan conoce el error; peor aún, no podemos decir que va a contestar cuando comiencen a llegar las preguntas. Su conducta más probable y más segura sería alegar una completa ignorancia, condimentada con asombro y estupefacción, y supongo que lo comprenderá así; pero me gustaría poder hablar con él sin tener seres humanos escuchando.
—¿No sería ignorancia también lo mejor aquí? —preguntó el marinero.
—Quizá —contestó el capitán—, pero no puedo hacerlo. Ya he dicho a los humanos que vuestro grupo había vuelto, y no pude convencerles de que no sucedió nada en absoluto en vuestro viaje. Me gustaría hacer creer a la señora Hoffman que se equivocó de identidad y que vosotros habíais encontrado a Reffel o a Kervenser; pero hasta que encontremos por lo menos a uno de ellos, incluso eso sería difícil de organizar. ¿Cómo reconoció a Kabremm? ¿Cómo nos reconoce a nosotros? ¿Por la distribución del color y la posición habitual de las patas, como sería de esperar? ¿Cómo?
»Y además, ¿qué se ha hecho de esa pareja? Supongo que Reffel halló inesperadamente al Gwelf y tuvo que cerrar su aparato para evitar que los humanos lo vieran; en ese caso, no debería tardar mucho. Me gustaría que se pareciese más a Kabremm. Podría correr el riesgo de afirmar que era Ref el que había visto. Después de todo, la luz se mostraba bastante oscura hasta para esas máquinas, según me imagino la situación; sólo que no sé qué hará Barl. Ni siquiera sé si la oyó o no. Este es el asunto que me ha estado preocupando desde que comenzó lo del Esket; la coordinación tendría que ser difícil por fuerza con toda nuestra comunicación a larga distancia pasando por la estación humana. Si algo así sucediese, como siempre es probable, antes de que desarrollásemos y pusiéramos en funcionamiento nuestros propios sistemas de comunicación, terminaríamos sobre una balsa sin orzas de deriva y con rompientes a sotavento. —Se detuvo y pensó brevemente—. ¿Hizo Kabremm algún arreglo con vuestro grupo en cuanto a futuras comunicaciones cuando quitamos de en medio el aparato?
—No que yo sepa, señor. Vuestras órdenes de separarnos y marchar en direcciones opuestas llegaron antes de decir mucho.
—Muy bien. Tú sigue adelante y yo pensaré en algo.
—Lo que siempre me preocupó —replicó el marinero, mientras reanudaba el ataque al hielo— fue qué pasaría cuando se enterasen de lo que estábamos haciendo. Me digo a mí mismo que no nos abandonarían aquí; no parecen tan firmes, ni siquiera en asunto de negocios; pero podrían hacerlo mientras no tengamos nuestras propias naves espaciales.
—Fue justamente un temor parecido lo que impulsó al comandante a emprender todo el proyecto, como sabes —replicó Dondragmer—. Parecen seres bien intencionados, tan dignos de confianza como lo permite la corta duración de su vida. Yo personalmente confío en ellos tanto como en cualquier otro. Sin embargo son diferentes, y nunca se está completamente seguro de lo que considerarán motivo o excusa adecuados para tomar alguna acción extraña. Esa es la razón por la que Barlennan quería que fuésemos capaces de arreglárnoslas solos en este mundo en cuanto fuese posible y sin que lo supieran. Algunos podrían haber preferido que siguiésemos dependiendo de ellos.
—Lo sé.
—Las minas fueron un gran paso y los dirigibles un triunfo, pero nos falta mucho, mucho aún para poder pasar sin los generadores humanos; y a veces me pregunto si el comandante comprende lo muy por detrás de esas cosas que en realidad estamos.
«Pero charlar no resuelve los problemas. Tengo que hablar otra vez con los seres humanos. Espero que no mencionar a Kabremm no provocará sospechas; por lo menos serán consistentes con el plan de la identidad equivocada, si tenemos que usarlo. Adelante. Hazme una señal cuando la escotilla principal esté libre.
El marinero hizo un gesto de comprensión y complicidad, y al fin Dondragmer llegó al puente.
Había mucho que contar a los seres humanos sin mencionar a Kabremm, y el capitán comenzó en cuanto hubo doblado su traje.
—Por lo menos uno de los timoneles estuvo algún tiempo bajo el casco; probablemente los dos lo estuvieron, pero no pude encontrar rastro de ninguno, excepto lo que habían hecho intentando escapar; no puedo pensar en otra razón para aquel trabajo; ciertamente, no era el trabajo asignado. Rompieron dos de las ruedas en el proceso. Gran parte del espacio está todavía helado, y me temo que estén entre el hielo. Buscaremos más cuidadosamente con luces cuando vuelva la tripulación y tenga hombres disponibles. El agua, o lo que fuese, hervida por nuestro calentador, formó una capa de hielo sobre el casco que ha cerrado la compuerta principal; debemos conseguir su puesta en servicio tan rápidamente como sea posible. Hay mucho equipo que ahora no puede ser llevado al exterior si tuviésemos que abandonar el Kwembly y mucho que no puede ser trasladado dentro porque no pasará por ninguna otra compuerta.
«Además, el uso de ese calentador provocó la fusión de cerca de un cuerpo del cable del radiador. No veo cómo vamos a reparar el refrigerador si conseguimos liberar al Kwembly. Esto quizá no sea de importancia inmediata, pero si conseguimos ponerlo de nuevo en funcionamiento, tendríamos que pensarlo dos veces antes de penetrar profundamente en Low Alfa sin refrigeración. Una de las pocas cosas de las que parecéis estar realmente seguros es de que el área de baja presión es producida por una temperatura alta, seguramente provocada por calor interno, y sé que averiguarlo tiene una gran importancia para vosotros. Prácticamente no hay metal en el vehículo, y una de las pocas cosas que comprendo sobre ese refrigerador es que el radiador exterior tiene que ser un conductor eléctrico. ¿No es así?
El capitán esperó la contestación con algún interés. Confiaba en que los problemas técnicos desviarían el interés de los humanos del asunto del Esket y Kabremm, pero sabía que esto no habría servido si él mismo se hallase al otro extremo de la conversación. Por supuesto, Benj Hoffman era joven; pero seguramente no sería la única persona allí.
Benj contestó; no parecía muy interesado en la tecnología.
—Si crees que están entre el hielo, ¿por qué no baja gente ahora mismo a buscarlos? Podrían estar vivos todavía dentro de esos trajes, ¿no es verdad? Hace un poco dijiste que nadie lo sabía con certeza, pero que por lo menos no se sofocarían. Me parece que cuanto más retrases encontrarlos, menos probabilidades de vivir. ¿No es ése el problema más importante ahora mismo?
La voz de Easy irrumpió antes de que Dondragmer pudiese componer una respuesta; parecía estar hablando a su hijo tanto como al capitán.
—No es lo más importante. El Kwembly es sinónimo de las vidas de todos sus tripulantes, Benj. El capitán no está siendo cruel con sus hombres. Sé lo que sientes por tu amigo, y está muy bien; pero una persona con responsabilidades tiene que pensar, además de sentir.
—Creí que estabas de mi parte.
—Comparto fuertemente tus sentimientos; pero eso no me impide saber que el capitán tiene razón.
—Supongo que Barlennan reaccionaría de la misma forma. ¿Le has preguntado qué tendría que hacer Dondragmer?
—No se lo he preguntado, pero conoce la situación; si no lo crees, ahí está el micrófono. Hazle tu visión del asunto. Personalmente, no creo que piense en corregir a Dondragmer o a cualquier otro capitán de un vehículo en un asunto así, estando él ausente del escenario.